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Jacobo Bergareche

La legalización del cannabis

«¿Por qué Jagermeister sí y aceite de marihuana no?»

Opinión

La legalización del cannabis
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Poco más se puede añadir ya a los muchos y sólidos argumentos a favor de la legalización de las drogas, y del cannabis en particular y para empezar. Llega un punto en que para acabar con políticas irracionales y antiliberales, no hace falta un nuevo y definitivo argumento que haga caerse a Saulo del caballo, sino insistir en los que existen, que son ya tan nítidos, escuetos y sencillos que no necesitan muchas explicaciones. 

Yo me centraría en tres argumentos fundamentales. El primero es una cuestión de eficacia: la prohibición jamás ha logrado que alguien que quisiera drogarse dejara de hacerlo, yo al menos no he conocido todavía un caso de alguien que quisiera drogas y no fuera capaz de conseguirlas, el día que fuese a la hora que fuese. De hecho, España está ya a la cabeza de los países consumidores de cannabis

El segundo es una cuestión de interés social: ¿a quién beneficia y a quién perjudica la prohibición? La respuesta es sencilla, perjudica al consumidor (carece de control de calidad) y perjudica a las arcas del Estado (pierde enormes ingresos que podrían usarse para prevenir y tratar drogadicciones, entre otras cosas) y solamente beneficia a mafias y a grupos terroristas. Conviene no olvidar jamás que los explosivos del 11-M se compraron con hachís. 

El tercero es una cuestión política: por qué he de permitir al Estado que me tutele en cuanto a las sustancias psicoactivas que puedo consumir y las que no, más aún si los criterios que emplean no tienen siquiera un soporte médico o científico ¿Jaggermeister sí y aceite de marihuana, no?, ¿orfidal sí, y té de hongos psilocíbicos, no? En este punto creo que nadie lo ha dicho mejor que Antonio Escohotado: «De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción. Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel me resultan mucho más sagradas que los confines políticos de cualquier país». 

Errejón acaba de presentar una propuesta para legalizar el uso recreativo y medicinal de la marihuana y PSOE, Vox y PP se han opuesto a estudiarla. Sería revelador hacerles un test de drogas a los diputados de estos tres partidos: yo estoy dispuesto a apostarme un chuletón con quien quiera a que algunos de los que se niegan en público a abrir el melón de la legalización son consumidores de cannabis y de otras sustancias con peor fama

El PSOE rechazó la propuesta de legalización del cannabis de Errejón alegando que ya existe una comisión que estudia legalizar su uso medicinal. Esta calculada tibieza del PSOE es exasperante: empecemos por lo medicinal y luego ya veremos, pasito a pasito. Recuerda a la manera torpe en que se legalizó en 1981 el divorcio: primero una separación de un año, y luego ya, si no se puede arreglar la cosa ni con una cena romántica, les dejamos que se divorcien de verdad de la buena. Así será el hipócrita uso medicinal con el que el PSOE quiere legalizarlo de la mano de los médicos, no sea que les acusen de hippies: pruébelo primero por recomendación de un médico y ya si le gusta y le sienta bien, invéntese usted que le duele cualquier cosa del alma o del cuerpo, y conseguirá la receta para fumar cuando le dé la gana, tan fácilmente como se consigue hoy una caja de lexatines. Ya se sabe que en todos los estados de EEUU donde el cannabis se legalizó primero para uso medicinal se generó una farsa tan indisimulable que tuvieron que pasar al uso legal en muy poco tiempo.  

El PP y Vox rechazaron la propuesta primero porque la hizo Errejón, y segundo porque eso de fumar porros les parece un vicio inconfesable, y ya se conoce que en esta cosa de los vicios inconfesables, la tradición conservadora española es la más permisiva del planeta, dróguese, váyase de putas, sea mariquita y haga usted lo que le dé la gana en sus fiestas, que yo también lo hago, pero por favor en privado, no hay ninguna necesidad de hacer ostentación de estas cosas y sacarlas a la luz, menos en el Congreso, que los niños no tienen por qué oír hablar de ello. Pero si el PP quiere ser realmente el partido de la libertad, en un momento en que a las izquierdas les ha dejado de interesar la libertad, no debería ceder el liderazgo en una iniciativa así.

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