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Antonio García Maldonado

Cuando escucho hablar de incertidumbre me llevo la mano a la cartera

«Si Vito Corleone pedía a Michael que sospechara de quien le pidiera parlamentar, hoy podemos hacer lo mismo con quienes nos aconsejen que abracemos la incertidumbre»

Opinión

Cuando escucho hablar de incertidumbre me llevo la mano a la cartera
Vichan Poti|Zuma Press

Uno de los conceptos que definen nuestra época es el de incertidumbre. Está por todos lados: su importancia es real, pues las dinámicas globales la incrementan, pero lo es también simbólica y discursivamente, porque está presente en casi todos los análisis de nuestro tiempo. Hemos asumido como sociedad que vivimos en una era marcada por una incertidumbre que se escapa a la capacidad de acción individual y colectiva y que, por tanto, hemos de aprender a vivir con ella en nuestras vidas. No es casualidad que una de las escuelas filosóficas más reivindicadas de nuestro tiempo sea el estoicismo, que en teoría nos puede ayudar a lidiar mejor con aquello que está fuera de nuestras preferencias y de nuestro poder. Ahí está el resurgir de las máximas de Marco Aurelio como uno de los libros clásicos más vendidos para demostrarlo.

Y cómo no estar de acuerdo y ver en ese análisis de la realidad y esa reivindicación literaria un buen consejo, vistos los cambios y retos con los que lidiamos y los que tenemos por delante: pandemia, cambio climático, desigualdad, crisis migratorias, tensiones geopolíticas… Quien no asuma que hay una incertidumbre grande en nuestras vidas, no ha salido de la infancia, o ha vuelto patológicamente a ella. Sobre todo en nuestra vida personal: todo es provisional, sobre todo lo bueno. No está de mal recordaro, sin que eso signifique nos volvamos incapaces de disfrutar de los momentos dichosos porque ya estamos anticipando los malos, como si la suerte respondiera a un juego de suma cero entre etapas buenas y malas.

En todo eso existe un consenso que, en cambio, se utiliza como coartada para lo de siempre, especialmente en lo relacionado con la innovación tecnológica y la calidad y la remuneración de los empleos. Precisamente porque hay mucha incertidumbre en todo aquello que no podemos controlar –o podemos hacerlo de forma limitada–, hay que reforzar la estabilidad en todo aquello que sí está en nuestras manos: esa es la mejor manera de ayudar a lidiar con la incertidumbre inevitable, y no pedir que se asuma como hecho incontestable lo que es una opción ideológica. Si no, quienes llegan a mínimas posiciones de poder, no pedirían contratos blindados, indemnizaciones y planes de pensiones.

Si Vito Corleone pedía a Michael que sospechara de quien le pidiera parlamentar, hoy podemos hacer lo mismo con quienes nos aconsejen que «abracemos» la incertidumbre.

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