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Ricardo Calleja

Y Frankenstein «andó»

«Yo veo un Frankenstein hecho de centro, derecha, elementos de derecha extrema integrados en Vox, intereses locales, y sociologías marginadas por la izquierda patinete»

Opinión
Y Frankenstein «andó»

Santiago Abascal y Pablo Casado.|Europa Press

Un viejo chiste cuenta el sermón de un cura novato comentando la resurrección de Lázaro. El curilla concluía: «Y Lázaro andó». El párroco, hombre de letras, saltó en su sede agitando su casulla, y le gritó por lo bajini: «¡Anduvo, imbécil, anduvo!». El clérigo bisoño, azorado, se corrigió sobre la marcha: «Y Lázaro anduvo imbécil… pero andó».

Los resultados de Castilla y León son el retrato robot del Frankenstein de derechas que constituye la alternativa a Sánchez en este país para los próximos años. Un retrato robot de la criatura siempre es desagradable: porque se trata de miembros amputados de cuerpos distintos. A primera vista aquello huele a muerto. Nadie bienoliente querrá fotografiarse de primeras con semejante engendro.

Pero yo veo un Frankenstein que puede ponerse en marcha, hecho de centro, derecha, elementos de derecha extrema integrados en Vox, intereses locales, y sociologías marginadas por la izquierda patinete™ (el copyright es de Pedro Herrero y Jorge San Miguel).

Todos esos miembros aislados, puestos en la balanza, pesan más que ningún individuo sano de centro derecha. Y además, el todo es mayor que la suma de las partes: puesto en marcha, la apariencia de vida maquilla las costuras y los desajustes.

Si eso va a suceder, al PP le conviene hacerlo cuanto antes y dejarse de aspavientos destinados a un árbitro inexistente, que corre el riesgo de confundir con la grada del adversario. Le conviene, primero, para cerrar las hemorragias de la incertidumbre que dividen el partido. Segundo, para desdramatizar el pacto con Vox, haciendo así menos costosa la negociación presente y las que vendrán. Tercero, para cuanto antes cauterizar la sensibilidad antifascista. Cuarto, para poder absorber las causas de Vox que su propio electorado apoya, dejando al partido fosforescente la exclusiva sobre temas estridentes (para el electorado de derechas, no para la prensa de izquierdas).

A Vox le vendría bien que todo esto se retrasase de modo agónico. Pero no veo razones para forzarlo por su parte: una negociación limpia le blanquearía, le daría poder, y transmitiría fiabilidad a electorados y eventuales socios.

Y es que para ambos actores la estrategia debería ser: 1) maximizar el voto de la no izquierda (la cosa va justita); y 2) ser quien tenga más votos en la no izquierda. Castilla y León muestra que lo primero no está reñido con la variedad de candidaturas, frente al mantra de la unidad. Y para el PP, reconocerlo creo que es parte del secreto para acertar en la segunda parte de la estrategia. Porque (nótese) la segunda pauta no es maximizadora (el objetivo es posicionarse como actor principal, no exterminar al contrario). Y además, si es verdad que Vox y los localismos contribuyen a maximizar la no izquierda, entonces el punto 2 no se traduce necesariamente en una estrategia competitiva de suma cero: en la España vacía hay campo para todos.

Pero volvemos a la estética. Es verdad: un Frankenstein no tiene andares elegantes, ni da bien en la foto. Y no queda bien en Linkedin.

Pero un Frankenstein se mueve y –llegado el momento– puede hasta hacer gestos inesperados de ternura à la Yolanda. La alternativa además, es un cadáver ceñido por las vendas fúnebres de la opinión pública, que al poco tiempo, como Lázaro, «ya hiede».

No digo que Casado necesite resucitar como Lázaro, pero solo saldrá de la tumba presidente recosido, no enfundado en una túnica inconsútil a medida.

Lo mejor que puede pasarle al PP es que sus clerecías –tan amigas de Trudeau el cancelador y alérgicas a Orbán el repoblador– se limiten a corregir a quien declare que el Frankenstein de la derecha andó, señalando que se escribe «anduvo» (¡como si las reglas de la gramática y la ortografía fueran lo que diera vida al lenguaje político!).

Y que el electorado constate pronto que el Frankenstein de la derecha «anduvo imbécil, pero andó», y que no daba tanto miedo.

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