The Objective
Publicidad
José Rosiñol

De batallas y guerras culturales

«Creer que lo que atacan los populistas son ‘valores’ es su principal fuerza y nuestra principal debilidad»

Opinión
Comentarios
De batallas y guerras culturales

Si el lenguaje es algo sustancial en cualquier aspecto de la vida, en la política se convierte en fundamental porque delimita (muchas veces inconscientemente) los escenarios de competencia y, por tanto, la ventaja para alguno de los actores. Esto es, quien domine el campo de batalla subyacente a los juegos del lenguaje tendrá una ventaja competitiva sobre los otros ya que están imponiendo las reglas del juego. Quiero recalcar la ingenuidad de algunos de ellos que confunden continente con contenido, el fenómeno con el noúmeno, la apariencia con la esencia y, en un momento del auge del populismo, la esencia para el populismo no es otra que destruir para alcanzar el poder.

Cabría empezar por una crítica al mero hecho de hablar de «guerras o batallas culturales», dicha crítica tendría algunas vertientes. Empezaré con lo que debería ser más evidente, el uso de términos belicistas o juegos de suma cero en democracia. En política se debería ser muy exquisito para evitar caer en este tipo de símiles que violentan el devenir dialógico de las democracias. 

Otra de las críticas es la simplificación de términos complejos como el de «cultura», un reduccionismo hacia unos «valores» que, en gran medida, solo deberían circunscribirse a la libre decisión de cada ciudadano. Naturalmente, al hablar de cultura deberían aclarar exactamente a qué se refieren con ello, porque resulta que hay casi tantas definiciones de cultura como antropólogos en el mundo, no podemos usar términos como cajón de sastre donde disimular ideologías esencialistas.

Pero fijémonos cómo actúa el populismo en la arena sociopolítica actual porque es la clave para entender el error estratégico que supone entrar en el juego de las «batallas culturales» porque estás jugando al juego y en el terreno de juego en el que ellos ganan. Los populistas como los demagogos solo buscan los resquicios y los eslabones débiles de las instituciones democráticas para tratar de acabar como los sistemas, es algo ya conocido desde los primeros movimientos comunistas del siglo pasado. 

Estos resquicios serían fundamentalmente aquellos territorios de comunicación estratégica donde deslegitimar al Estado, a sus instituciones y a la democracia en aquellas franjas de la población más sensible y expuesta a este tipo de manipulaciones por razones coyunturales (económicas, sociales, etc.). De lo que se trate en dicho resquicio es indiferente para el populismo, es solo una mera excusa. De hecho, con ello solo busca la desestabilización y, aquí el quid de la cuestión, lo que buscan es poner una trampa dialéctica para que los actores no populistas entren de lleno en una espiral de polarización extrema defendiendo el valor X frente a un supuesto valor Y, cerrando de facto una de las esencias de la democracia: el diálogo y la negociación no esencialista (y dentro del marco jurídico). 

Como ejemplo a lo que digo, existe un vídeo de Pablo Iglesias que ejemplifica perfectamente esta lógica estratégica y esta competencia por la supremacía del lenguaje y del relato, lo dice claro «…aprovechar un discurso que aprovecha de alguna manera esas grietas que aparecen en momentos de excepcionalidad…» o «…parar un desahucio es un acto de propaganda política como poner una bomba, es disputar el significado de las cosas…» o «…la PAH ha conseguido que a la mayor parte de la gente le parezca más importante el derecho al uso y disfrute de una vivienda que la propiedad sobre la misma…». 

La reacción ante este tipo de estrategias y relatos no pueden ser combatidos con un con un idealismo ingenuo, porque siguiendo el ejemplo del vídeo lo que está atacando el populismo no es el sistema jurídico que ampara los desahucios, lo que en verdad están haciendo es poner en cuestión la propiedad privada. Si frente a este tipo de ataques sistémicos solo oponemos esencias ideológicas o purismos academicistas solo debilitamos al sistema gracias a que contribuimos a la polarización política y, además, rehuimos la verdadera defensa de la democracia: la libertad y los fundamentos básicos de la misma (fundamentos que aceptan la discrepancia en infinidad de cuestiones como un signo inequívoco de salud democrática).

Ver a los partidos políticos como reductos de la defensa de unos supuestos valores (ideológicos) solo es una reacción emocional a la trampa del populismo, creer que lo que atacan los populistas son «valores» es su principal fuerza y nuestra principal debilidad. Creer que dedicándonos a contestar todos los señuelos con las que componen su relato es ser un inesperado e inconsciente cooperador necesario. 

La verdadera batalla -siguiendo el lenguaje belicista- sería defender y hacer pedagogía de la democracia y su sentido de la libertad. Sería mostrar que tras cada artimaña, hay una estafa que pretende robarnos la libertad. En definitiva, caer y parapetarnos en los propios esencialismos y obviar la lógica posibilista de la política en democracia, de los acuerdos y de los consensos solo sirve para retroalimentar a los que solo buscan el «cuanto peor, mejor», cuantos más divididos y polarizados mejor, aquellos que medran en la incertidumbre, la desesperación y la confrontación.

Por ello es necesaria una nueva política para un nuevo paradigma, una acción política centrada en la defensa de los valores democráticos y las libertades individuales, una visión estratégica que sea capaz de lograr resituar el relato y ser quien lidere los territorios de comunicación estratégica, esto es, quién controle la agenda y los debates, debates que expongan ante la ciudadanía las contradicciones del populismo y sus objetivos autoritarios y totalitarios. Los auténticos demócratas, aquellos que ven a la democracia como un fin en sí mismo, como un sistema perfectible para el bien común, deben responder inteligentemente, abriendo el prisma, ganando espacios sociales, haciendo pedagogía y luchando por la hegemonía del lenguaje. ¿Esta nueva política se llama «moderación»? la verdad es que no lo sé, pero podría ser su mejor definición.

Envía el primer comentario
Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D