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Enrique Calvet Chambon

La nueva Unión Europea tras la guerra

«El verdadero tema crucial, tras cuatro meses de cruel invasión y constatación de la abrupta reacción, es si la UE va a poder realizar su órdago»

Opinión
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La nueva Unión Europea tras la guerra

Macron, Scholz y Zelenski.|Reuters

Hace dos semanas quedé en reflexionar con ustedes sobre una cuarta característica de la reacción de la Unión Europea (UE) a la invasión de Ucrania que, por importancia histórica, me parecía merecer atención aparte. (La UE y las guerras, en este mismo medio).

Resumo esa actitud de la siguiente manera: la UE, con una contundencia, una rapidez y una determinación sorprendentes ha cambiado radicalmente su tendencia histórica contemporánea de relación geoestratégica con Rusia, considerando que Putin la ha dinamitado desde los cimientos y para mucho tiempo. Una reacción que no tuvo, antes al contrario, ante los hechos de Georgia, Transnitria o Crimea. En una visión histórica, grandes líderes europeos, independientemente de sus cualidades morales o democráticas (en algunos casos de sus «nulas» cualidades) han sido conscientes de la importancia esencial de contar con una gran Europa que englobara a Rusia para asegurar una mayor prosperidad e independencia de los ciudadanos, integrando riquezas, amplios territorios defensivos, grandes mercados, masas críticas de población a la altura de la continentalización de las relaciones de poder y demás factores. Lo que podríamos resumir en la frase del General De Gaulle «Una gran Europa, del Atlántico a los Urales». Una vez desterradas las imposibles, horriblemente sangrientas y  malhadadas intentonas de invadir militarmente Rusia, (Napoleón, por ejemplo), fue ganando terreno la idea, o el proyecto, de ir reforzando lazos y común visión europea a través de la cultura, la diplomacia y, sobre todo, el refuerzo de los intereses económicos y comerciales comunes. Aunque se podría buscar orígenes en algunas épocas zaristas, verbigracia, esta decidida estrategia se inicia sin dudad en tiempos contemporáneos con la «ost politik» de los vecinos alemanes, y se refuerza mucho con la caída del muro de Berlín y el debilitamiento de la barrera «ideológica», el rescate para la democracia de los países europeos del COMECON, ahora integrados en la UE, y la palmaria evidencia de que los intereses económicos (¿y políticos, tal vez?) comunes son cada vez más potentes. Por supuesto, los más llamativos, en este momento, son los energéticos, pero existen también en el campo de la alimentación, verbigracia, y todos son vectores torales para la prosperidad de los pueblos.

Pues bien, ese proyecto y las acciones estratégicas que de él nacían, se han acabado de golpe, «de golpe invasivo». Y ello no se observa sólo por actitudes y declaraciones altisonantes, sino por hechos concretos, prácticamente irreversibles. El cierre de un gasoducto clave, las faraónicas inversiones de Alemania en nuevas instalaciones energéticas decididas en pocas semanas, la apertura de la entrada de Ucrania en la UE, la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN, los grandísimos aumentos en gastos militares, una vez más encabezados por Alemania, el reforzamiento de la capacidad bélica de Ucrania, no son juegos florales ni palabras al viento, son el cambio radical, e irreversible por mucho tiempo, de toda una estrategia de vecindad, de desarrollo económico de los pueblos, de seguridad de los mismos y, posiblemente, de subconsciente colectivo y de estilo de vida. Rusia, para los europeos occidentales deja de ser para el futuro un socio económico privilegiado y un poderoso vecino «díscolo» para ser considerado una amenaza y un mero proveedor que mejor evitar.

Es un cambio histórico de aun inmesurables consecuencias para el futuro de los ciudadanos. No es ni mucho menos una buena noticia para los habitantes de la UE, y posiblemente sea muy duro a corto plazo y una lamentable pérdida histórica a largo. La convivencia pacífica y el camino de la paulatina integración económico-cultural, tal vez política,  era infinitamente más propicia para la prosperidad, libertad y soberanía de los pueblos europeos. Parece que por ahora no será posible. 

No es momento de dudar, entiendo, de qué lado se está, y el culpable de este maldito giro histórico son Putin y quienes lo apoyan en Rusia. Por cuarta vez traspasa la peor línea roja, lo hace a sangre y fuego, y se compara con Pedro el Grande. Deja pocas dudas.  Se ha dicho que la UE debe buscar la paz. Pero no se consigue la paz si un actor de la contienda no quiere, que se lo pregunten a Macron; y, sobre todo, la UE, antes que nada, debe buscar la paz estable a futuro para sus ciudadanos y su mejor calidad de vida. Se debate mucho si la contundencia y lo abrupto del cambio de estrategia es por convicción de los gobernantes que hemos elegido, o por imposición interesada de algún poderoso aliado indispensable. Es decir ¿debía esperar la UE la próxima andanada de Putin, sofocando la resistencia ucraniana y sin tomar medidas urgentes para evitar su debilidad energético militar ante Rusia? Creo que no, y en cualquier caso, fuese por una u otra razón, la reacción de la UE parece inevitable pues el que ha roto totalmente los puentes es Putin. 

El verdadero tema crucial, tras cuatro meses de cruel invasión y constatación de la abrupta reacción, es si la UE va a poder realizar su órdago. Descartada la suicida ingenuidad de que cada Nación europea se las va a poder arreglar por su cuenta hay que ser conscientes de que la nueva senda que habrán de seguir los ciudadanos, aun asumiendo sacrificios a corto, en política de defensa, energética , económica, comercial, industrial, etc…va a exigir muchísima más integración europea, muchísima más unidad de mando y visión estratégica europea, omnicomprensiva, y no nacional, todo lo contrario, y muchísima más unidad de acción.  Eso, si queremos que la nueva geoestrategia, en todas sus facetas, termine siendo un bien para todos los europeos. Mucho nos tememos que el riesgo sería, si fracasara en este hito histórico, la dilución o desaparición de facto de la UE. Si la vuelta de Rusia a los tiempos de Stalin o de Pedro el Grande es un drama, la vuelta atrás de la UE a antes del Tratado de Roma sería una tragedia.

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