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José M. de Areilza Carvajal

Fernando García de Cortázar: nos queda la palabra

«Nadie como Fernando sabía hablar a los más jóvenes y entusiasmarlos con la idea de seguir construyendo un país moderno y libre»

Opinión
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Fernando García de Cortázar: nos queda la palabra

Hace unas semanas Fernando envió un mensaje a sus amigos en el que contaba la aparición de una edición actualizada de su libro más vendido, Breve Historia de España. Terminaba el whatsapp diciendo: «En esta hora grave, nos queda la palabra». Sin saberlo, era una despedida acertada y lúcida. Había escrito el desenlace de su obra, un final lleno de pedagogía, como su ejemplo de vida. 

Tras la noticia de su repentino fallecimiento, García de Cortázar ha sido calificado de historiador total por sus pares, que le reconocen un talento inigualable para acercar la historia al gran público. En los últimos cincuenta años, nadie ha combinado como este cultísimo jesuita bilbaíno el máximo prestigio académico con la voluntad de divulgar el ser de España, más allá de las cátedras, los departamentos y las aulas. 

Fernando sabía ser espiritual y de este mundo, apasionado e inteligente, quijote y estratega. Durante los largos años de terrorismo etarra, dio la cara y se enfrentó a la intolerancia y sinrazón de los verdugos y de sus cómplices. Estuvo en la primera línea de la resistencia cívica en el País Vasco, junto a las víctimas y a los que peleaban por la democracia y la libertad. Unas pocas horas después de su fallecimiento ya se han escrito ríos de tinta y de elogios a García de Cortazar. 

«Fernando García de Cortázar se negaba a aceptar el pesimismo y el fatalismo con el que tantas veces se aborda la historia de España»

Quisiera solo subrayar dos aspectos de su personalidad y de su ingente labor: era un optimista y conectaba mejor que nadie con las generaciones más jóvenes. Se negaba a aceptar el pesimismo y el fatalismo con el que tantas veces se aborda la historia de España, la matraca del excepcionalismo y el sentimiento de inferioridad que nos paraliza a la hora de ser dueños de nuestro destino. 

No negaba la acumulación de problemas en la España de hoy, entre otros la pulsión autoritaria que lleva a enseñar una historia oficial y sesgada del pasado en común. Y nadie como Fernando sabía hablar a los más jóvenes y entusiasmarlos con la idea de seguir construyendo un país moderno y libre, sobre la base de una cultura riquísima y original. 

En el paisaje, la literatura, la poesía y el arte encontraba los trazos más emocionantes del ser español. Gracias Fernando por tu obra y por terminarla con esta invitación a servir al bien común: nos queda la palabra.

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