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Rosa Cullell

'Good luck', Rufián

«Sean consecuentes, candidatos independentistas del Baix LLobregat o de la propia Ciudad Condal, y pidan el voto solo en catalán. A ver qué pasa»

Opinión
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‘Good luck’, Rufián

Erich Gordon

Tengo una pregunta para los próximos candidatos a las alcaldías de Barcelona y de su área metropolitana, antes llamado cinturón rojo: ¿en las próximas elecciones municipales se expresarán ustedes en catalán, en castellano o en las dos lenguas de Cataluña? La nueva ley trampa de la educación, llena de subterfugios, medias palabras y frases incompletas, fue aprobada por el Parlament con un objetivo: incumplir la sentencia del 25% del castellano. Los niños han vuelto al cole con el catalán como lengua única de su educación. El español se trata como lengua extranjera. Sean consecuentes, candidatos independentistas del Baix LLobregat, del Barcelonés o de la propia Ciudad Condal, y den ejemplo: pidan el voto solo en catalán y ondeen la bandera estelada.  A ver qué pasa. 

La izquierda, incluso la constitucionalista, apoyó -contra la opinión de buena parte de sus votantes o simpatizantes-  la poca concreción de esa ley aprobada con urgencia antes del verano. Olvidaron que la lengua materna del 53% de los habitantes de Cataluña es el castellano. Siempre me sorprende el silencio o la ambigüedad respecto a la inmersión, la tolerancia ante los mantras nacionalistas heredados del pujolismo. Cuando me doy una vuelta por algunos de mis lugares más queridos -las playas de la Barceloneta, la ribera del  Besós, la plaza de la Iglesia de Santa Coloma, los paseos marítimos de Castelldefels o Badalona-, siempre confirmo que los catalanes continúan siendo felizmente bilingües.

Las municipales de mayo de 2023 han encendido todas las alarmas. Antes de tiempo. Lo que hay es miedo, mucho miedo tras las divisiones en el independentismo y los extraños (obligados, si prefieren) pactos de las izquierdas. Hay que buscar en graneros ajenos, ir a sembrar en los del vecino. A ver si así crece algo.

«Colau y Rufián aspiran a ampliar su base social en donde reside la inmigración pasada y presente»

Ada Colau (En Comú Podem) y Gabriel Rufián (Esquerra Republicana de Catalunya) aspiran a ampliar su base social en los viejos feudos municipales del PSC, ahí donde reside la inmigración pasada y presente. Mientras, los socialistas siguen midiendo sus palabras, alejándose del conflicto sobre el idioma, por aquello de respetar a las dos almas del partido (la española y la catalanista). 

Ante el silencio, que casi siempre es cómplice, lo más probable es que los votantes enfadados con la socialdemocracia y la inmersión por decreto se pasen al PP o a Vox, que el PSC se quede donde está, Ciudadanos desaparezca y  la abstención sea, otra vez, la protagonista. Si no hay buenas razones ni líderes de relieve, el voto se irá a la playa. Las papeletas se perderán entre las olas del descontento. Lo vimos en Andalucía hace unos meses. 

Gabriel Rufián, número uno de ERC por Santa Coloma, ha estrenado candidatura municipalista con unos carteles electorales donde ondea la bandera roja, escondiendo la estelada en un rincón. Según el candidato republicano, ahora toca justicia social, hablar de los problemas de la gente y avanzar en la moderación. Esquerra, ante el caos de Junts, quiere convertirse en la nueva Convergència. La independencia, ahora, no toca. 

Rufián dice pertenecer a esa ciudad del Besós, pero no reside en ella desde hace 30 años. Salió de allí con 10 añitos. Hace unos días, el independentista más castizo, acompañado por Oriol Junqueras, habló en la población metropolitana de su pasado de niño del barrio de Fondo, uno que caminaba entre «jeringuillas llenas de heroína y sangre». Nadie lloró por el  humilde chaval con sueldo de diputado. En los bares comentan con sorna que «el nen» solo aparece «para las fiestas mayores». 

«Ser hijo y nieto de imigrantes y hablar castellano hizo a Rufián diputado»

Me juego las dos manos que, durante la campaña, el candidato hablará en castellano, que volverá a sacar pecho andaluz:  «Soy lo que ustedes llaman un charnego», explicó en el Congreso, chuleando de abuelos y padres de Jaén. El español es su lengua materna, hará bien en hablarlo. Dudo, sin embargo, que le voten sus propios parientes colomenses. Ser hijo y nieto de inmigrantes y hablar castellano hizo a Rufián diputado, también portavoz (es bueno) de ERC, de un partido que no ha conseguido pasar de tres ediles en esa poblada ciudad del Barcelonés. Tampoco en otras del cinturón.

Dicen los independentistas republicanos que es hora de pasar página, de olvidar a los alcaldes herederos del «desarrollismo». Se refieren a Manuela de Madre, la muy recordada almeriense, a su sucesor Bartolomeu Muñoz y a la actual alcaldesa Núria Parlón. Según todas las previsiones, Parlón, que gobierna con una merecida mayoría absoluta, repetirá alcaldía. Rufián se volverá a Madrid, al Congreso de España, de donde nunca ha tenido intención de salir. Ya ha avisado que, pase lo que pase (que no será mucho) compaginará empleos en la Alcaldía y en la Cámara Baja. A Rufián cambiar de disfraz le cuesta poco.

En Barcelona, Ada Colau quiere quitarle los votos a ERC, cuyo candidato, Ernest Maragall, fue el más votado en las anteriores elecciones. En consecuencia, para demostrar que los activistas también lo son de la autodeterminación de los pueblos y de los idiomas minoritarios, acaba de aprobar un Día de la Lengua Catalana. Nunca he oído reclamar esa  festividad en mi ciudad natal -la gente está harta de días de todo y más-, pero debe ser un pacto para futuros pactos.

El ayuntamiento de Colau ha hecho una encuesta -de las cientos que se están haciendo en este interminable período electoral que sufrimos- y ha descubierto que, en 2012, el castellano era la lengua habitual del 56,5% de la juventud barcelonesa, pero ahora ha subido hasta el 62,1%. La conclusión debería ser que a los jóvenes catalanes, como a muchos mayores, se nos está haciendo antipática la imposición del catalán. En tiktok, al parecer, hablan y cantan en otros idiomas. 

«La inmersión ha fracasado de tanto imponerla»

Al poco de anunciar el nuevo Día, un acuerdo conseguido dentro del llamado Pacto Nacional de la Lengua, ERC le pidió a la alcaldesa que hablara siempre en catalán en sus actos públicos. Ni un pregón más de la Mercè en español. La nueva izquierda de los Comunes tiene una facción claramente independentista; se vio en 2017 cuando varios de sus diputados votaron a favor del referéndum anticonstitucional. 

Noto el hartazgo ante la impostura y el silencio cómplice cada vez que paseo por mis lugares preferidos del área metropolitana, donde me quedan muchos amigos, familia y casi todos mis mejores recuerdos. El domingo, mientras comíamos una fideuá en Garraf, en el chiringuito al que iba con mi padre, los camareros, amabilísimos, nos hablaron en castellano y en catalán. Elige el cliente. También nosotros, charnegos con más o menos ancestros catalanes o del resto de España, nos sentamos frente al Mediterráneo y hablamos, en el batiburrillo lingüístico de siempre, sobre nuestros hijos y nietos, de la jubilación, de los tiempos que fueron y de los que vienen. 

Déjense de idas y venidas ideológicas. La clase media metropolitana es real. No quiere leyes ambiguas ni mentiras piadosas ni disfraces según el escenario. La inmersión ha fracasado de tanto imponerla. Asúmanlo y redacten una norma que proteja en serio las lenguas propias, las dos. No intenten engañarnos ni hagan ver que la culpa de todo, de las empresas que se van, de las leyes que se incumplen, es de España. Empiecen a hablar claro sobre qué piensan hacer para que Cataluña crezca y supere la recesión que viene. Buena suerte, candidatos. Good luck, Rufián.

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