THE OBJECTIVE
Teodoro León Gross

Las costuras de Frankenstein

«Los socios del Gobierno necesitan empezar a hacer la guerra por su cuenta. Eso sí, siempre les quedará el franquismo y la demonización de la derecha»

Opinión
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Las costuras de Frankenstein

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Pedro Sánchez tiene claro que los próximos doce meses van a ser una larga carrera electoral, con una peligrosa meta volante en las elecciones municipales y autonómicas de mayo cuyo resultado marcará la recta final hasta los comicios generales del próximo otoño. Él ya lleva semanas en modo campaña. Los propios Presupuestos Generales están llenos de claves que delatan hasta qué punto se han diseñado como primera versión de su programa, financiado con el soporte de las arcas públicas.

Claro que Pedro Sánchez parece olvidar algo: gobierna con Frankenstein. Y sus aliados no van a dejar que Sánchez les haga la campaña como apéndices subsidiarios. Necesitan su propia hoja de ruta. La costuras de Frankenstein van a tensarse, forzados a competir entre ellos.

Hasta ahora ha prevalecido un interés común: mantener la cohesión como bloque para consolidarse, primero, y después perdurar como mayoría de la legislatura. Podemos logró excluir a Ciudadanos de cualquier pacto para alejar toda posibilidad de geometrías variables. Ahora en esa mayoría empieza a abrirse paso la consigna de «sálvese quien pueda». Cada parte de Frankenstein va a necesitar sobrevivir por sí misma. Y cada cual va a hacer la campaña por su cuenta sin dejarse atrapar por el abrazo del oso. Por eso Podemos, a la baja en los sondeos, presiona para una comisión de investigación sobre el asalto de Melilla en el que murieron decenas de inmigrantes que trataban de llegar a Europa. La BBC ha introducido hipótesis inquietantes. Hasta ahora los socios del PSOE han callado –de haber ocurrido esto con el PP en el poder, las calles habrían sido un infierno– pero Podemos sabe que ese es uno de los caladeros mas prometedores para ir a por votos.

A Podemos ya se le han sumado ERC, Bildu, Junts, Más País, BNG, Compromís y la CUP, en una versión extendida de Frankenstein.

«Rubalcaba fue más rápido que Víktor Frankenstein: no necesitó ver al monstruo para entender, como éste, el horror de lo que había hecho»

Esquerra también opera a la vez con el PSOE y frente al PSOE, para reforzarse en la Generalitat y disputarles las municipales. El propio Rufián ha empezado el pulso como candidato en Santa Coloma de Gramanet, donde gobiernan los socialistas desde siempre, ahora con Nuria Parlón en su cuarto mandato, los dos últimos por mayoría absoluta. Rufián, hijo y nieto de trabajadores jienenses que nació allí, quiere arrebatarles esa alcaldía icónica, entre las diez más pobladas, por delante de Girona, Figueras, Manresa, Vic…. Así, ayer mismo Rufián también atacó a Yolanda Díaz por evocar al Felipe de 1982: «Si anda como el PSOE, nada como el PSOE y grazna como el PSOE, seguramente sea como el PSOE». Este todos contra todos va a empezar a normalizarse. Incluso el PNV ha llevado esta semana a la sesión de control una carga contundente contra Sánchez. Cada parte de Frankenstein necesita empezar a hacer la guerra por su cuenta.

Eso sí, siempre les quedará el franquismo y la demonización de la derecha como nexos de unión, para destensar.

Rubalcaba fue más rápido que Víktor Frankenstein: no necesitó ver al monstruo para entender, como éste, el horror de lo que había hecho. Él intuyó que así sería. Advirtió a su partido del error fatal de unir su suerte a populistas y nacionalpopulistas, pero Pedro Sánchez impuso el sí es sí. Hasta entonces había sostenido que nunca pactaría con Podemos, pues comprendía que eso quitaría el sueño a los españoles; aseguró que en ningún caso se aliaría con los indepes, e incluso endurecería las cosas para ellos; y había garantizado, contundentemente, que jamás iría junto a Bildu en nada… todo eso antes de componer con ellos su Frankenstein más algunos otros retales. A su modo, Pedro Sánchez, como el propio personaje del monstruo de Frankenstein, debió de pensar aquello de «no tengo miedo; y por lo tanto, soy poderoso». Ha disfrutado de ese poder. Pero Frankenstein nunca podría acabar bien. 

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