THE OBJECTIVE
Teodoro León Gross

Sánchez miente, Feijóo pierde

«El presidente no dudará en incumplir su palabra o en negar lo obvio. El líder del PP no debe entrar en ese juego, sino construir un liderazgo con credibilidad»

Opinión
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Sánchez miente, Feijóo pierde

Sánchez y Feijóo, va de suyo, han operado con cálculos de riesgo/beneficio sobre el Poder Judicial. En el tablero cada vez más acelerado de la política, manda el tacticismo. Nada avala creer en la retórica altisonante del constitucionalismo de Sánchez o su fe cacareada en los valores europeos (¿los mismos de los que se chotea incumpliendo la sentencia del castellano en la escuela catalana?) y tampoco nada avala la dignidad de incumplir el pacto como ha hecho Feijóo campanudamente parapetándose en la secesión. Por supuesto sus fans, sus grupis, sus trolls en las redes y sus corifeos mediáticos van a aplicar el máximo tachintachán a sus versiones como si fuesen la verdad revelada del Monte Sinaí, pero es falso. Han actuado con cálculos en todo momento.

Y esta mano la ha ganado Sánchez. De farol, marca de la casa, pero la ha ganado con un win-win: si Feijóo pasaba por el aro, se anotaba un pacto a su medida; si Feijóo no lo hacía, tenía tralla para vender que es un tipo débil que antes se inclina ante Ayuso que ante la Constitución. Después sólo ha necesitado poner a sus portavoces a percutir este mensaje todo el fin de semana, con sus plataformas mediáticas entregadas a la causa. Todo indica que María Jesús Montero se equivocó calculadamente para provocar esto… después de que Bolaños y Sánchez hubiesen garantizado lo contrario. Pero ese farol no deja en mal lugar a Sánchez sino a Feijóo, porque es un pecado sonrojante de ingenuidad haber negociado creyendo en la palabra de Sánchez.

En los cálculos de Feijóo sin duda pesó, más que esa mentira, el análisis de riesgos: a su electorado le jode el ruido de vendidos al sanchismo pero le importa poco menos que una higa el pacto del poder judicial, y sí que agradecen, siendo muy sensibles al mercadeo ventajista de los indepes, poner pie en pared con la sedición. Pero el liderazgo, según la vieja máxima americana, no consiste en llevar a las personas a donde quieren ir sino a donde deben estar. Y siempre hay que estar en la Constitución, cuyo cumplimiento no es volitivo por más que el independentismo haya acreditado que eso puede resultar barato. Al final siempre es una mala idea empeñarse en explicar lo inexplicable. Las leyes se cambian, no se incumplen.

«Nunca fortalece plegarse para evitar el ruido interno o las campañas de la extrema derecha»

Feijóo es un político veterano y experimentado, aunque bisoño haciendo oposición como demuestra el haberse dejado atrapar en el lose-lose de esta negociación, de modo que tanto él como los suyos deberían aprender alguna lección aquí. Nunca fortalece plegarse para evitar el ruido interno o las campañas ultramontanas desde la extrema derecha; y es un error transmitir inseguridad después de un par de encuestas negativas, con cierta tendencia a la baja. Al PP, de hecho, se le ha visto reaccionar a la defensiva, que casi siempre es la posición perdedora.

Un viejo maestro del póker explicaba que la clave es saber ver en un momento determinado lo buena que es tu mano… pero en todo caso, solo hay que jugar cada mano. Esta vez se la ha llevado Sánchez, pero la partida es larga. Y el PP tiene margen para hacer una campaña implacable, necesariamente implacable, sobre la vergüenza para el sanchismo de la reforma de la sedición a demanda de quienes han cometido ese delito y van a volver a cometerlo según anuncian ellos mismos. Puigdemont ya pone suficientemente en evidencia al presidente del Gobierno. Y hay amplios territorios en España, no todos pero sí una parte nada desdeñable, en los que el entreguismo a Esquerra o Bildu pasará factura al PSOE incluso en las autonómicas y municipales de mayo.

Sánchez es un resultadista muy rocoso. Y esa también es una forma de liderazgo, como admitía Peter Drucker. Está sobradamente constatado que no dudará en incumplir su palabra, en negar lo obvio (como estos días al desmentir que haya organismos cuestionando las previsiones económicas de su Gobierno o negando que haya dos feminismos en el PSOE, por más que se den de hostias a diario a la vista de todos a cuenta de la ley Trans) y, en definitiva, no vacilará en hacer lo que sea para mantener su plan y «ganar, ganar, y ganar y volver a ganar», según la receta el viejo Sabio de Hortaleza. Ese es su rival, y se diría que Feijóo no debe entrar en ese juego sino construir un liderazgo con credibilidad. Por demás, en ese juego nunca va a ser mejor que Sánchez.

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