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Álvaro del Castaño

El impuesto a los pobres

«Un país con tan poca seguridad legal y fiscal, en el que se inventan nuevos impuestos a última hora del año, ahuyenta a la inversión de los grandes patrimonios»

Opinión
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El impuesto a los pobres

Pedro Sánchez. | Europa Press

Escondido como una enmienda, enmascarado detrás del escándalo de la reducción de la pena por sedición (para que pase el atropello más desapercibido), el desgobierno de la nación acaba de calzar a los españoles un nuevo impuesto. El llamado «Impuesto de Solidaridad de las Grandes Fortunas» (menudo apelativo más bochornoso, pues la solidaridad es voluntaria, nunca impuesta), es una desgracia para España, es inconstitucional, injusto, y abre una herida a largo plazo por dónde se va a derramar la recaudación del estado.

Esta opinión no es ideológica, es matemática, basada en hechos y en el buen juicio. Empecemos por partes. 

España es un paraíso terrenal por su cultura, su clima y su gente. Atraemos riqueza y gente acaudalada del exterior a nuestras tierras, lo que representa uno de nuestros principales activos económicos. Nuestra misión debería de ser la de convertirnos en un imán de atracción del turismo de lujo, actividad que genera tanta inversión y consumo, y por supuesto, engatusar a los ricos del mundo para que se instalen en nuestro maravilloso país. Porque si este grupo de gente se establece aquí (incluso con incentivos fiscales para atraerles),  gastarán a raudales localmente disfrutando de nuestra calidad de vida, lo que aumentará la recaudación por IVA y otros impuestos indirectos, pagarán IRPF (aunque fuera temporalmente reducido, vía una ley como la «Beckham»), ayudarán a los empresarios locales a vender más e incrementar la inversión para hacer frente a una mayor demanda, contratarán servicios profesionales españoles (abogados, médicos, contables, entrenadores personales, fisios…), y establecerán actividades económicas que crean trabajo. Es decir, generarán riqueza por todas partes.

«Si uno implanta un impuesto a los ricos, estos ricos internacionales se irán, o reducirán su estancia en España al mínimo legal para evitar la fiscalidad»

Además, atraer ricos a España es una manera de importar riqueza para todos sin coste (todo son beneficios) y españolizar o nacionalizar esa riqueza, porque los ricos traen también a sus hijos, que se convierten en españoles y que heredan en España. Eso se estaba logrando en Madrid y Andalucía, y circunstancialmente en Baleares y Barcelona. Estas dos últimas, pese a ser muy atractivas turísticamente, lo hacían en menor medida porque los acaudalados extranjeros no se establecían como residentes por culpa del existente impuesto del patrimonio, que además, estaba provocando un éxodo masivo a Madrid y Andalucía. Por lo tanto, y esto lo entiende hasta Pedro Sánchez, si uno implanta un impuesto a los ricos, estos ricos internacionales se irán, o reducirán su estancia en España al mínimo legal para evitar la fiscalidad. 

Además un país con tan poca seguridad legal y fiscal, en el que se inventan nuevos impuestos a última hora del año para impedir al sujeto del impuesto organizarse legalmente y prever sus consecuencias (porque lo hacen retroactivo al 2022) ahuyenta a la inversión de los grandes patrimonios y grandes empresas en España. ¿Quién va a invertir en un país donde el gobierno está en manos de comunistas financiados por Venezuela e Irán, independentistas radicales, y ex-terroristas marxista-leninistas?

Por otro lado, este impuesto no es más que una medida puramente política impuesta desde el «politburó podemita», a sabiendas de que es ilegal e inconstitucional, porque invade las competencias de las comunidades autónomas, pues es una copia del impuesto del patrimonio legalmente cedido a estas. Esta ley será recurrida, y el recurso lo ganarán los denunciantes (probablemente las comunidades autónomas de Madrid y Andalucía), lo que provocará que todo lo recaudado tenga que ser devuelto a los pagadores del impuesto, con enormes costes adicionales (intereses de demora) para las arcas del estado (si, ustedes y yo). Pero esto se producirá solamente dentro de unos años cuando se haga pública la resolución judicial, y Pedro Sánchez no tendrá que asumirlo porque ya no será presidente del gobierno. Le tocará a otro partido político lidiar con el mostrenco, cuando le toque limpiar el desaguisado económico nacional, herencia del socialcomunismo sanchista. Por lo tanto, aparte de ser una ilegalidad, es un atentado contra el estado del bienestar, es una barbaridad hecha a conciencia. Es una medida exclusivamente de marketing político de cara a sus socios comunistas, con un coste económico, financiero y reputacional de enorme envergadura.

Desde el punto de vista de la recaudación real, el impuesto recaudará solamente el primer año, y a continuación, los ricos reorganizarán sus estructuras fiscales y muchos emigrarán a cualquier país vecino atraídos por todos las naciones de nuestro entorno que tienen mecanismos para atraer a los ricos con incentivos.

Es también un impuesto injusto moralmente, porque grava lo que ya se ha gravado varias veces en el pasado. Ataca el esfuerzo de toda una vida. Desincentiva el ahorro y el esfuerzo de los españoles. ¿Para qué ahorrar si se lo va a llevar el estado? Incita a la emigración de los empresarios, que son los que realmente mantienen al país y descapitaliza la nación.

Y finalmente, como ocurre siempre que los impuestos son demasiado elevados, la recaudación se reducirá (las sociedades se trasladan o dejan de invertir, los ricos se van del país y otros dejan de venir) ¿Y quién pagará el pato? Como siempre, la clase media y la humilde, que son las que no se pueden ir organizar fiscalmente ni abandonar el país, y que son las víctimas del elefantiásico estado del bienestar, con unos gastos públicos descontrolados que nunca se reducen, y que los tendremos que pagar entre menos españoles y más pobres. Esto es matemáticas sencillas: mismo gasto / (menos sujetos impositivos y más pobres) = mayor coste fiscal por persona. 

Como conclusión, esta tropelía es un impuesto a los pobres y una fábrica de parados.

Como colofón, sabemos que de este atropello se hablará menos en los medios, porque el Gobierno lo ha hecho coincidir con la traición de Sánchez a su país vía la reducción de penas del delito de sedición, tema pactado con los independentistas con el único objetivo de su supervivencia personal, para mantenerse en el poder.  

Por lo tanto queridos amigos del PSOE, os ruego que os tapéis la nariz en las próximas elecciones generales y que cambiéis de voto, una sola vez, con el objetivo de expulsar a este sujeto de la Moncloa. Votad a alguien que no se cargue el futuro del país y de su partido en beneficio personal propio.

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