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Ricardo Dudda

Las virtudes de Montero

«Igual que es deshonesto enfrentarse a la peor versión de tu adversario, es ridículo sostener que el insulto de una imbécil es una confirmación de nuestra virtud»

Opinión
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Las virtudes de Montero

Irene Montero en el Congreso. | Europa Press.

Cada semana tiene su tormentita política. A veces tienen algo de profundidad, o al menos sus efectos son reales; otras el efecto es solo el bochorno de quienes observan. Si realmente no hubiera tantas cosas en juego, muchos de quienes seguimos la actualidad política desconectaríamos de ella. Pero, al final, detrás de las tormentitas se deciden cuestiones importantes, se usa nuestro dinero para dirigir nuestras vidas. También hay otra cuestión. A veces no puedo dejar de mirar. No porque el debate político sea adictivo; realmente es muy repetitivo y cargante y autorreferencial. En mi caso, me ocurre que su estupidez me moviliza e interpela de alguna manera. Como ha escrito Félix de Azúa: «El gran peligro que ahora está atacando y carcomiendo el espíritu de las naciones civilizadas es esa plaga de difícil diagnóstico que es la imbecilidad».

Por ejemplo, hay una polémica de esta semana que me parece especialmente deprimente. Una diputada de Vox, Carla Toscano, le ha dicho a Irene Montero: «Su único mérito es haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias». Es una barbaridad, claro. Y aún peor es lo que dijo el día después, tras las críticas: «Quisiera disculparme por mi intervención de ayer. Nadie debería poner en duda que la señora ministra tiene una excelente preparación. Se comprueba en su defensa de la pederastia, la excarcelación de violadores, el aumento de los ataques a mujeres y todos sus grandes éxitos». Es de una bajeza vomitiva. Y sin embargo la instrumentalización que ha hecho el Gobierno de esto casi consigue que me desaparezca la simpatía que me suscita Montero ante estas críticas. Está basada en el argumento adolescente de «si te jode es porque es verdad». El Gobierno intenta convencer a la ciudadanía de que la virulencia contra Montero es una prueba de su validez. 

«Llamar mediocre a Irene Montero es machismo»

Es cierto que hay un sector en la derecha que tiene una obsesión, a veces injusta, con Montero. Es precisamente esa obsesión la que instrumentaliza el Gobierno: la extrema derecha la ataca con virulencia, por lo tanto toda crítica que recibe es de la extrema derecha. Es un blindaje muy inteligente. Llamar mediocre a Irene Montero es machismo. El feminismo siempre ha dicho que la verdadera igualdad llegaría cuando una mujer mediocre llegara al poder. Ahora que lo ha hecho, señalar su mediocridad es una muestra de machismo. 

La política contemporánea es adversativa: uno se construye su identidad política contra algo. El principal activo de un político hoy son sus enemigos. Sin ellos, está acabado. El problema es que, igual que es deshonesto enfrentarse a la peor versión de tu adversario (algo que hacemos todos: escogemos al más tonto del otro bando para defender lo nuestro), es ridículo sostener que el insulto de una imbécil es una confirmación de nuestra virtud. 

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