THE OBJECTIVE
Javier Santacruz

El soporte básico de la doble transición energética y digital

«En un mundo cada vez más dependiente de la energía eléctrica, la importancia de invertir en redes se convierte en una necesidad imperante»

Opinión
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El soporte básico de la doble transición energética y digital

El soporte básico de la doble transición energética y digital. | Unsplash

Cuando se hacen estimaciones a largo plazo podemos correr el riesgo de sobreestimar o infraestimar la variable que estamos estudiando. De hecho, es lo que sucede casi con seguridad. En este sentido, el objetivo no debería ser acertar en las previsiones, sino tener una visión inteligible de cuál es la tendencia y, con ella, diseñar los planes económicos que sean necesarios con la flexibilidad que sea necesaria.

Hoy en día, las variables a largo plazo con más interés para detectar la tendencia y generar previsiones con márgenes de confianza razonables son tanto el consumo de energía como el consumo de datos, esa doble transición energética y digital convertida en el centro de la política europea. Las estimaciones varían según quién las haga, pero la tendencia es bastante clara. En el caso del consumo de energía, su crecimiento está muy ligado al crecimiento del PIB real, manteniéndose una regularidad empírica desde hace décadas. Y en el caso del consumo de datos, todas las estimaciones coinciden en que las tasas promedio anual superarán el 10%.

Centrándonos en la energía (para otro artículo próximo queda el análisis del consumo de datos), tanto la oferta como la demanda presionan hacia un cambio de modelo que requiere de inversiones a largo plazo en activos fijos. Es el caso de las redes tanto de alta como de media y baja tensión eléctrica, uno de los puntos del sistema que más presión va a soportar en los próximos años. 

En un mundo cada vez más dependiente de la energía eléctrica (proceso de electrificación de la economía), la importancia de invertir en redes se convierte en una necesidad imperante para garantizar un funcionamiento eficiente de las economías. La Agencia Internacional de la Energía estima que las inversiones en redes deberán ser de más del doble para 2030 con respecto a la media de 2017-2021. Con una tendencia bien diagnosticada, antes que se produzcan congestiones y problemas relevantes en el suministro, es necesario anticipar algunas de estas inversiones.

Las redes eléctricas, como sistemas interconectados que suministran electricidad desde la generación hasta el consumo, desempeñan un papel crucial en nuestra vida cotidiana y en el desarrollo económico. En primer lugar, invertir en las redes eléctricas es esencial para mejorar la confiabilidad y la estabilidad del suministro de energía. Las interrupciones en el suministro eléctrico pueden tener efectos devastadores en las operaciones comerciales, la atención médica, la comunicación y la seguridad pública. Hoy en día, un apagón es socialmente inaceptable. A través de la modernización de las redes eléctricas, con la incorporación de tecnologías avanzadas como la automatización y la monitorización en tiempo real, se puede minimizar el riesgo de apagones y mejorar la capacidad de respuesta ante desafíos como desastres naturales o ciberataques.

«La inversión en redes eléctricas también tiene un impacto significativo en la eficiencia energética»

Además de la confiabilidad, la inversión en redes eléctricas también tiene un impacto significativo en la eficiencia energética. Las redes antiguas y obsoletas tienden a ser ineficientes en términos de pérdida de energía tanto en transporte como en distribución. Al modernizar estas infraestructuras, podemos reducir estas pérdidas y, en última instancia, disminuir la cantidad de energía necesaria para satisfacer la demanda, lo que a su vez reduce las emisiones de gases de efecto invernadero y promueve la sostenibilidad ambiental. 

Otro aspecto crítico de la inversión en redes eléctricas es su capacidad para integrar fuentes de energía renovable. A medida que avanzamos hacia un futuro más sostenible, la generación de energía a partir de fuentes como la solar y la eólica desempeña un papel cada vez más importante. Sin embargo, estas fuentes son inherentemente intermitentes y a menudo están ubicadas lejos de los centros de consumo. Las redes eléctricas modernas, flexibles y adaptadas pueden facilitar la integración de estas fuentes renovables al permitir la transferencia eficiente de energía desde donde se genera hasta donde se necesita. De hecho, hoy en día es el principal cuello de botella en las principales economías desarrolladas. Según BloombergNEF, hay 600GW de potencia solar y eólica a la espera de conexión a la red en Reino Unido, España, Italia y Francia.

La cuestión de la expansión de renovables no sólo se ciñe a este cuello de botella. Concretamente, una dimensión de la red es la interconexión internacional. La última hoja de ruta publicada por el Consejo Europeo con motivo del Consejo de Ministros de Energía del 28 de marzo pasado atribuía a las interconexiones eléctricas norte-sur de Europa la capacidad de ser «baterías externas» para los países en los momentos en que se marcan máximos de generación fotovoltaica o eólica según las estaciones del año.

Obviamente, si bien es un enfoque keynesiano que debe matizarse, la inversión en redes eléctricas fomenta la creación de empleo y el crecimiento económico. La construcción y modernización de infraestructuras eléctricas requiere mano de obra calificada y la adquisición de equipos especializados, lo que genera oportunidades laborales en diversas comunidades. Además, una red eléctrica eficiente es fundamental para el funcionamiento de una amplia gama de industrias, desde la industria hasta la tecnología, lo que impulsa la productividad y la competitividad económica.

Por último, otra dimensión crucial es la digitalización. Las redes eléctricas inteligentes, o smart grids, permiten la comunicación bidireccional entre los proveedores de energía y los consumidores. Esto no solo habilita la gestión más eficiente de la demanda y la respuesta a eventos imprevistos, sino que también beneficia a los consumidores al brindarles información detallada sobre su consumo energético y permitirles tomar decisiones más informadas sobre cómo y cuándo utilizar la electricidad, lo que puede llevar a una reducción en las facturas de energía y un uso más consciente de los recursos.

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