THE OBJECTIVE
Ignacio Ruiz-Jarabo

El metaverso de la economía española

«Nos pretenden regalar los oídos con el anuncio de una reducción del desempleo, pero ninguna fuente oficial se ha atrevido a desmentir la estadística de Eurostat»

Opinión
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El metaverso de la economía española

Ilustración de Alejandra Svriz

Definitivamente, el Gobierno y los suyos llevan tiempo apostando por convencernos a todos de la veracidad de su economía virtual, una fantasía llena de efectos especiales en la que a cada truco de magia le sigue otro aún más fantasioso. Todo iluminado en tecnicolor, con una megafonía supersónica y, eso sí, con la correspondiente claque que, como toda claque que se precie, cobra adecuadamente por sus reiterados, repetidos y sonoros aplausos.

Este es el día de la marmota que sufrimos los españoles cada vez que se cae una nueva hoja del calendario. Nos pretenden regalar los oídos con el repetitivo anuncio de una progresiva reducción del desempleo, pero es hoy el día en el que ninguna fuente oficial se ha atrevido a desmentir la última estadística de Eurostat que cifra en 3.700.000 el número de parados en España, un millón más de los que reconocen nuestras fuentes oficiales. Nos enseñan alborozados sus datos de inflación alardeando de que es su política la causa de su reducción, pero nos ocultan que es su rápido juego de manos el que, cambiando la ponderación en el IPC de sus diversos componentes, distorsiona la medida de su auténtica evolución. Nos muestran orgullosos como ha crecido nuestro PIB en el último ejercicio afirmando que lideramos el crecimiento en la Unión Europea pero moviendo su varita mágica silencian que, medido desde el final del shock de la pandemia, en realidad ocupamos la cola de la lista. Nos afirman con regocijo que están consiguiendo reducir la deuda pública utilizando para ello el dato parcial de su porcentaje respecto al PIB callando mientras espolvorean sus polvos de mago que, en realidad, el importe de nuestro endeudamiento no ha dejado de crecer desde que gobiernan y, además, lo está haciendo a un ritmo que bate todos los récords -negativos- de nuestra historia.

Es así como está conformado el metaverso económico español, con la conjunción de varias mentiras y alguna media verdad que a fuerza de ser repetidas por los componentes del Gobierno y por sus pagados juglares consigue que sus trucos no sean descubiertos por el público. Es la destreza de los ilusionistas o magos, lograr que no se descubra dónde estaba la paloma, dónde el conejo o donde la baraja marcada con la que sustituyen a la inicialmente mostrada al espectador.

«Es la destreza de los ilusionistas o magos, lograr que no se descubra dónde estaba la paloma, dónde el conejo o dónde la baraja marcada con la que sustituyen a la inicialmente mostrada al espectador»

El drama consiste en que la economía es una cosa muy real. Y que cuando se acaba el dinero de verdad, con los billetes del palé no se puede comprar nada pues nadie te los acepta como medio de pago. Y que, en contra de lo afirmado en su día por Carmen Calvo, el dinero público si es de alguien. Es de todos los españoles pues nuestro es, individualmente, hasta que el ‘Fisco’ nos lo arrebata, y nuestro es colectivamente después de que nos sea arrebatado. Y que, frente a lo afirmado por Zapatero, la economía no son solo expectativas por mucho que éstas influyan en la evolución de los parámetros económicos.

En el fondo, la cuestión es que tenemos un Gobierno marcadamente izquierdista, sí, pero que además de serlo, es también marcadamente irresponsable. Si por lo primero está aplicando recetas económicas injustas, trasnochadas, ineficaces e históricamente fracasadas, por lo segundo está jugando de manera harto frívola con nuestro futuro, el inmediato y el mediato. Y no solo, que ya es mucho, por el estratosférico importe de deuda que ha alcanzado el Reino de España -1,6 billones de euros- que nos obliga a tirar al mar en forma de pago de intereses una parte ingente de los impuestos que se nos cobra, sino por otro conjunto de factores igual de relevantes.

España, como país, lleva varios años tirando por la borda auténticos borbotones de la seguridad jurídica que atesoraba hasta 2.018. España, como mercado, lleva un quinquenio reduciendo la libertad de empresa y acrecentando las restricciones regulatorias. España, como empleador, lleva un lustro sobredimensionando su plantilla y reduciendo la calidad y profesionalidad de sus empleados. España, como Estado, lleva desde 2.018 coqueteando con las fuerzas políticas que aspiran a su debilitamiento. España, como idea, viene debilitándose desde que Gobierna Sánchez por su utilización interesada de un demoníaco juego que la deconstruye.

Y en estas condiciones, ¿Quién invierte en España? Los agentes del exterior no, como demuestra la reducción en 2.023 de un 20% de la inversión extranjera en nuestro país. Los agentes privados nacionales tampoco, como se observa comprobando que el aumento de nuestro PIB obedece básicamente al consumo público. Y sin inversión ¿Qué economía es sostenible?

Para los ilusionistas de nuestro Gobierno, todo lo anterior da igual. Son falacias de los brujos y chamanes, que dice Sánchez, añorantes del franquismo. Esos que, por cierto, resucitan una y otra vez desde La Moncloa cada vez que necesitan tapar cualquiera de los múltiples agujeros que se abren en nuestra epidermis por los efectos de la política del Gobierno de Sánchez y de las poco recomendables y menos edificantes aficiones de los suyos.

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