¡Pobre Pedro!
«No cesa el acoso al líder que vino a limpiar el país de corrupción, víctima de una persecución que quiere boicotear su agenda progresista»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Son muchas las fuerzas que intentan opacar la luz del caudillo. Esa continuidad imprevista del franquismo que es Pedro Sánchez, como bien retrata aquí Manuel Arias Maldonado, columnista de esta casa. Perseguido por los bulos informativos, la fachosfera y el lawfare, el presidente del Gobierno no gana para disgustos. Su exministro José Luis Ábalos y el escudero de este, Koldo García, ingresaron el jueves pasado en prisión por orden del Tribunal Supremo. ¿Servirá la medida para que ese par de granujas colaboren con la Justicia? No está nada claro. Su estrategia por el momento es mandar avisos para presionar al Gobierno. Ya sea confirmando la reunión de Sánchez y Cerdán con Otegi en un caserío vasco para negociar su apoyo a la moción de censura o avisando de que hay que investigar a Air Europa para llegar a Begoña Gómez. ¡Qué deslealtad la de su íntimo colaborador! Poner en semejante aprieto a su mentor. Habrase visto.
No cesa el acoso al líder que vino a limpiar el país de corrupción, víctima de una persecución que quiere boicotear su agenda progresista basada en el avance económico, la justicia social y la regeneración democrática. ¡Pobre Pedro Sánchez! Es comprensible que la condena del Tribunal a su fiscal general del Estado —«¿De quién depende la Fiscalía?, pues eso»— no le haya dejado más opción que desacreditar la acción del poder judicial. Como han hecho antes líderes de acreditada autoridad moral e intachable trayectoria política como el mexicano López Obrador, el colombiano Gustavo Petro, el estadounidense Donald Trump o, en el pasado, el italiano Silvio Berlusconi. A todos les une ser víctimas de un poder judicial corrompido. No cesa el acoso al líder que vino a limpiar el país de corrupción, víctima de una persecución que quiere boicotear su agenda progresista basada en el avance económico, la justicia social y la regeneración democrática. ¡Pobre Pedro Sánchez!
¿Qué hacer para zafarse de estos poderes oscuros? La democracia española necesita que el presidente se perpetúe en el poder para culminar su importante obra de transformación social de España. Siempre solidaria, como demuestra la propuesta de financiación singular para Cataluña que les cede el 100% de la recaudación de impuestos a una de las regiones más ricas del país y diezma los recursos del sistema de solidaridad interterritorial; y también siempre a favor de la igualdad de los españoles ante la ley. Y, por favor, no se pongan demasiado estrictos a la hora de interpretar la Ley de Amnistía que ha servido para perdonar los delitos vinculados al proceso independentista. Los siete votos de Junts para asegurarse la investidura bien merecieron mirar para otro lado en esa cuestión.
De forma que si para mantenerse en el poder, y a ser posible perpetuarse en el mismo, porque Sánchez ya ha anunciado que se presentará como candidato a las próximas elecciones, es necesario colonizar las instituciones públicas que deben ser independientes y ejercer de contrapoder (CIS, RTVE, Tribunal Constitucional, Fiscalía del Estado, Consejo de Estado, Banco de España…), ¡Adelante! También, por qué no, conviene asegurarse de que los datos económicos respalden el llamado milagro económico español, del que el Gobierno ha obtenido tanto rédito dentro y, sobre todo, fuera de España. La independencia del INE, que ha sido fulminada esta semana con el anuncio de la creación de una nueva dirección con un alto cargo socialista al frente, no puede ser un impedimento. La irresponsabilidad de sembrar dudas sobre la credibilidad de nuestras estadísticas económicas es una cuestión menor.
Y, sobre todo, ni la corrupción que lo acorrala ni el agravamiento de la crisis institucional que ha supuesto la condena del FGE y su forzada dimisión puede justificar el adelanto de unas elecciones generales. Vamos a ver… Si el Gobierno ha conseguido sobrevivir tres años consecutivos sin presentar unos presupuestos generales del Estado por falta de suficientes apoyos parlamentario. Si ha logrado ir tirando con los aprobados por el anterior Parlamento, saltándose sistemáticamente el artículo 134 de la Constitución que le obliga a hacerlo. Y hasta ahora ha colado eso de hacer una gestión a ciegas de los recursos públicos. Una suerte, porque así ha evitado el engorro de tener que rendir cuentas ante el Parlamento y los ciudadanos sobre el destino de los ingresos fiscales, que registran una recaudación récord en los últimos tres años.
¿Va a sucumbir ahora a estas menudencias y convocar elecciones? ¿Que voten los ciudadanos? ¿Para qué? ¿Para que haya alternancia en el poder? ¿Para que ganen las derechas como indican todas las encuestas salvo la del CIS? Eso, ¡ni soñarlo! Los opositores democráticos no están legitimados para acceder al Gobierno. Sólo Sánchez saber lo que España necesita. Si el precio es desmantelar los cimientos de nuestra democracia y poner contra las cuerdas el Estado de derecho y la separación de poderes, seguro que sabe lo que hace. Al fin y al cabo, es sólo una pobre víctima de un sistema corrompido que él ha venido a regenerar. Ingrato el español que no lo aprecie.