The Objective
Victoria Carvajal

¿Diversificarse o morir?

«A pesar de alguna resistencia interna, Von der Leyen se ha apuntado un tanto con los acuerdos bilaterales. Es su estrategia para defenderse de los abusos de Trump»

Opinión
¿Diversificarse o morir?

Ilustración de Alejandra Svriz.

«La madre de todos los acuerdos». Con ese tono grandilocuente presentó Úrsula Von der Leyen el reciente acuerdo comercial firmado entre la Unión Europea y la India. Tal vez porque la presidenta de la Comisión Europea está bastante necesitada de presentar como un gran triunfo cualquier avance en la autonomía de la Unión Europea frente a Estados Unidos, su gran aliado y socio comercial hasta que llegó Donald Trump a la presidencia. La política chantajista e intimidatoria del líder estadounidense está obligando a Europa y a otras grandes y medianas potencias a buscar alternativas para reducir su dependencia económica de Washington. 

Tras las humillantes concesiones hechas por Von der Leyen a Trump en el pacto comercial alcanzado en julio del año pasado, que obliga a la UE a pagar un arancel del 15% en la mayoría de sus exportaciones a EEUU frente al arancel cero que pagan los productos estadounidenses que entran en la Unión, Bruselas se ha lanzado ahora a la carrera de cerrar acuerdos, ya sea el de la India esta semana o el de Mercosur el pasado día 17 de enero, cuya firma llevaba años pendiente. 

Las cifras en torno a la asociación de los 27 con la India son efectivamente muy potentes. Empezando porque se crearía un mercado de casi 2.000 millones de consumidores (el 25% de la población mundial). Para la UE, la India representa el 2,4% del comercio total de mercancías, muy por debajo del 16% que supone su principal socio, que es EEUU. Pero ese 2,4% sólo puede aumentar si, como pactado, se pretende la eliminación gradual de los aranceles de más del 90% de los productos que intercambian ambos bloques. Para la India, la UE es su tercer socio y equivale al 11,5% de su comercio de bienes. Los productos europeos que más se beneficiarían serían los automóviles, la maquinaria, el vino o el aceite. También sectores clave como los servicios financieros ganarían un acceso preferente al mercado indio. Es en principio un buen acuerdo para Europa, aunque las diferencias en las normas laborales, ambientales y otras regulaciones entre la UE y la India pueden derivar en una competencia desleal. 

En el caso del área de libre comercio entre la UE y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), el acuerdo afectaría a 780 millones de personas. Supone la eliminación progresiva de los aranceles sobre también el 90% de los bienes que comercian las dos regiones. Según varios cálculos, esa supresión podría ahorrar unos 4.000 millones de euros al año en costes arancelarios a las empresas europeas. De nuevo, industrias como el automóvil, la maquinaria, la química y productos de alto valor añadido europeos serían los más beneficiados. También se abriría el mercado de esos países suramericanos a la participación de las empresas europeas en la contratación pública. Entre las principales objeciones, el daño que puede hacer a sectores como la ganadería europea, con estándares sanitarios y de bienestar animal muy superiores.

No sólo Europa se mueve. El Reino Unido esta semana ha logrado un pacto con China. Hace poco más de un mes, Canadá cerró uno también con el gigante chino que ha sublevado a Trump. Pero las grandes y medianas potencias se han visto abocadas a diversificar sus relaciones comerciales para evitar convertirse en vasallos de un Estados Unidos que usa los aranceles no sólo como arma económica sino también geopolítica. No le salió bien la jugada en Groenlandia, cuando llegó a amenazar con imponer un arancel del 200% al champagne francés y otros productos procedentes de los países europeos que enviaron tropas a la isla para enfrentarse a la posible agresión con la que amenazaba el presidente americano. Y ahora corre el riesgo de que sus socios habituales estrechen lazos económicos con sus grandes competidores, especialmente China. 

«El presidente estadounidense ha desbaratado esa relación de confianza y la cooperación que son necesarias para mantener esos lazos comerciales»

Pero Trump se lo ha buscado. Los acuerdos son el resultado de su agresiva política arancelaria en este primer año de su segundo mandato. Los aranceles bilaterales de EEUU con otros países se situaban en el 19,5% a finales del año pasado, la tasa más alta desde 1933, según el informe más reciente de la OCDE. A Europa le ha impuesto ese 15% de arancel que en el caso del acero y aluminio sube al 50%. En el caso de su gran rival, China, Estados Unidos le ha impuesto una tasa del 30% que excluye algunos productos electrónicos, chips o semiconductores. A Canadá y a México, con quienes aparentemente sigue compartiendo un área de libre comercio, les ha impuesto un gravamen aduanero del 25% que se eleva al 50% también en el caso del aluminio y el acero. A India, por sus lazos con Rusia y Brasil, por el proceso judicial abierto contra su amigo Jair Bolsonaro, les ha castigado con un arancel del 50%. Y esta semana amenazó con imponer una tasa del 25% a Corea del Sur. 

Es cierto que estos impuestos a las importaciones han supuesto unos ingresos de casi 270.000 millones de dólares en 2025 a la Administración Trump. También que la inflación, gracias al impacto de las nuevas tecnologías, ha subido mucho menos de lo esperado. Pero a cambio, EEUU se ha convertido en un socio poco fiable. El presidente estadounidense ha desbaratado esa relación de confianza y la cooperación que son necesarias para mantener esos lazos comerciales, base, por otro lado, del progreso económico de las últimas décadas. Al resto del mundo les toca diversificarse.

A pesar de alguna resistencia interna, Von der Leyen se ha apuntado un tanto con los acuerdos bilaterales recientes. Es su estrategia para defenderse de los abusos de Trump. ¿Pero qué hay del potencial del mercado único? La presidenta de la Comisión Europea es responsable de no haber hecho apenas nada para desmantelar las barreras intracomunitarias identificadas por Enrico Letta hace dos años. Son aranceles ocultos del mercado único, en forma de regulaciones o de trámites burocráticos, que aumentan los costes de las mercancías. El Banco Central Europeo ha calculado que esas barreras pueden equipararse en algunos casos a unos aranceles del 60%. Tampoco ha sabido persuadir a los 27 de la necesidad de asumir las reformas necesarias para recuperar la competitividad recogidas en el informe encargado por ella misma a Mario Draghi, cuyas conclusiones se presentaron en septiembre de 2024. 

La estrategia de reducir la dependencia en Estados Unidos no puede pasar sólo por echarse en brazos de terceros países, algunos de los cuales, como la dictadura de Xi Jinping en China, que ya ha alcanzado acuerdos bilaterales con España, el Reino Unido o Francia, o el régimen autocrático de Narendra Modi en la India, distan mucho de ser unos idóneos compañeros de viaje. Europa debe mirarse también a sí misma y abordar de una vez la liberalización del mercado interior. Es ahí donde encontrará la verdadera autonomía, más necesaria que nunca en este mundo multipolar.

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