The Objective
Francisco Sierra

No fue salseo, fue teatro

«Lo que de verdad le molestaba a Sánchez es que él, todopoderoso presidente, tuviera que explicar que tuvo que ceder a un nuevo chantaje en el último minuto»

Opinión
No fue salseo, fue teatro

Pedro Sánchez y Yolanda Díaz. - Archivo

De «salseo periodístico» calificó Pedro Sánchez en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros extraordinario, el plante y chantaje que los cinco ministros de Sumar habían protagonizado horas antes negándose a entrar en la sala de Consejo. Los cinco exigían que se incluyeran también sus demandas en materia de vivienda en el decreto que se iba a aprobar con medidas fiscales para paliar los rebotes de precios por la crisis de Irán.

Esa despreciativa calificación de salseo hacia los medios la acompañaba Sánchez con el bulo de que no sabía que los consejos de ministros tuvieran que empezar a una hora determinada, pese a que la propia web de la Moncloa anunciaba que la reunión era a las 9.30. Peccata minuta para un presidente que no ha tenido reparos nunca en saltarse las normas o lo prometido por él mismo. Un político que ha ignorado la Constitución sin presentar en toda la legislatura unos Presupuestos Generales o que no dudó en dinamitar el Código Penal fulminando el delito de sedición o reduciendo las penas del de malversación. Lo que de verdad le molestaba es que él, todopoderoso presidente del Gobierno, tuviera que explicar que tuvo que ceder a un nuevo chantaje en el último minuto. Algo que le duele porque cuestiona ese inmenso complejo de superioridad que cree tener sobre el resto de los mortales, ya sean españoles o extranjeros.

No fue salseo; lo que se vivió este viernes en la Moncloa fue teatro. Teatro del esperpento con actuaciones penosas y lamentables de los protagonistas. Para empezar, esos cinco ministros de Sumar que hicieron un plante de niñatos que no quieren entrar en clase, con el que querían supuestamente demostrar que, tras años tragando sapos y sapotes, ahora se hacían los dignos de cara a ese electorado que les ignora por completo. Les da igual; tenían que aparentar algo en esa lucha cainita para liderar un espacio de extrema izquierda que ya no tienen porque se lo ha comido su presidente Sánchez. Y dentro de la farsa general, las pequeñas o grandes miserias políticas de cada uno.

Yolanda Díaz, para demostrar una supuesta firmeza que, excepto para viajar a los Oscars, nunca ha demostrado, ni siquiera cuando descubrió, ¡oh sorpresa!, todos los escándalos de corrupción de socialistas como Ábalos, Cerdán, Koldo y compañía. Tras amagar con dimisiones si no había cambios en el Gobierno, decidió en minutos olvidar todo para que el cambio en el Gobierno no fuera justamente ella.

Qué decir del resto de los ministros de Sumar. El sobrevalorado Ernest Urtasun, que siempre sobrevuela, con su cara de buen chico progre, por encima de todos los charcos y que nunca se moja con nada que le suponga un peligro a su cartera de Cultura. Luego tenemos a la desconocida Sira Rigo, con su Dirección General inflada a la categoría de Ministerio de Infancia y Juventud, de la que se espera que algún día haga algo que no sea manifestarse por Gaza.

En esta guerra de ambiciones pequeñas a quedarse como están y seguir siendo ministros, hay otros personajes con más ambiciones personales, aunque estén dejando su Ministerio como una zona cero. Hablamos de Mónica García, la ministra de Sanidad que ha conseguido la proeza de poner por fin de acuerdo a todos los médicos de España, sea cual sea su ideología y su territorio. No es broma, están en huelga contra su ley de Sanidad la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya (MC), la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS), el Sindicato Médico de Euskadi (SME) y el Sindicato de Facultativos de Galicia Independientes (O’MEGA). Una gente que tiene la osadía de pedir a la ministra de Sanidad, que tanto presume de ser médico, que haya un Estatuto de los médicos y que sea negociado por los propios médicos. No lo entiende así y, en un ejercicio de sordera y soberbia pocas veces vistas, se niega a hablar con los propios interesados que son, como ella, médicos. No le importan esas huelgas de un día a la semana hasta junio, con lo que implican de cancelaciones de miles de consultas e intervenciones. No los escucha, son solo médicos. Ella ya está en otra liga. Lo niega, pero aspira a suceder a Yolanda Díaz en lo que sea que haya sido o sea Yolanda Díaz. Desde Más Madrid quiere marcar territorio en esa lucha en la extrema izquierda por parecer que quieren ir unidos con otros partidos ideológicamente afines como Podemos e independentistas, siempre que manden ella o los suyos.

Tras el esperpento del plantón de dos horas, fue patético ver, incluso a la gente más seria de Sumar —como el quinto ministro de la coalición, Pablo Bustinduy, sonriente como un niño— declarar que habían logrado, como los clubes de fútbol en periodos de fichaje, llevar al último minuto sus exigencias de sus propuestas de vivienda. Hasta la misma portería de la Sala del Consejo de Ministros y luego apuntarse una ingenua una victoria frente a Pedro Sánchez. También teatro.

Sánchez se los comió a los cinco en esa reunión previa y todos acabaron aceptando una nada envuelta en papel de regalo y con un gran lazo rojo. Lo único que consiguieron fue que se contemplaran sus demandas de frenazo a los precios de alquiler de viviendas en otro decreto separado, cuya esperanza de vida cuando llegue al Congreso de los Diputados es cero. Pero al presidente le da igual. Lleva años sin poder gobernar con mayorías para aprobar sus leyes y ahora es consciente de que la cercanía de las elecciones pone de manifiesto que tampoco va a poder gobernar ya pronto ni con su propio Gobierno.

La función de teatro del viernes terminaba con un Sánchez hablando de la guerra de Irán como si él fuera la única víctima de todo el conflicto. Ese mismo actor que presumía de su grandeza al conseguir cinco mil millones para ayudas en los precios de la energía y combustibles, no conseguía, hacernos olvidar que en estas tres semanas de retraso a la hora de tomar medidas de choque ha hecho una enorme recaudación fiscal.

Tampoco nos mostró Sánchez la escena en la que, una vez más, es capaz de generar y mover fondos de miles de millones en unos Presupuestos Generales bloqueados desde hace cuatro años. Entre el incremento espectacular de la deuda y lo recaudado por el pelotazo fiscal, nuestro presidente repetía su actuación de «superhéroe de todo» mientras callaba por el aluvión de dinero que ha recibido el Estado estas semanas en impuestos por las subidas de los precios de los combustibles. Una actuación que se suma a su hipócrita saga de «Todos con Ucrania» mientras se disparan las importaciones de petróleo y gas ruso.

Este viernes, un día más, todo fue teatro. De Sánchez y su falsa mayoría, de Sumar y su falsa victoria. Teatro, puro teatro. Un Consejo de Ministros que la Lupe en 1969 ya describió en su Puro Teatro cuando cantaba…

Igual que en un escenario /
Finges tu dolor barato /
Tu drama no es necesario /
Ya conozco ese teatro /
Fingiendo /
Que bien te queda el papel /
Después de todo parece /
Que es esa tu forma de ser /
Yo confiaba ciegamente /
En la fiebre de tus besos /
Mentiste serenamente /
Y el telón cayó por eso /
Teatro, /
Lo tuyo es puro teatro /
Falsedad bien ensayada /
Estudiado simulacro

Pues eso. Esta vez no hubo ensayo, ni estudio previo. No fue salseo. Fue teatro de Sánchez y teatro de Sumar. Teatro de todos.

Publicidad