Edad de Piedra
«La pugna es entre duros y moderados del mismo régimen, entre apocalípticos e integrados, entre enrocados y desenrocadores»

Ilustración generada con IA.
Es difícil, muy difícil, de entender, o simplemente de imaginar, lo que de verdad estará pasando estos días en Irán. Para ello habría que desprenderse de tanto tópico, de tanto mantra, de tanta ceguera voluntarista y voluntaria, que el vértigo es poco menos que inevitable.
Hasta donde yo sé, o creo saber, lo que hay en Irán ahora mismo es una guerra dentro de otra guerra. Una guerra civil oculta bajo la que el régimen libra oficialmente contra Estados Unidos e Israel, aunque el alcance real sea mayor.
Ciertamente, Washington se ha tirado otras veces a la piscina sin asegurarse previamente de si había agua. Le ocurrió en Vietnam, le ocurrió en Irak, etc. Pero esta vez es distinto. La inteligencia israelí, muy superior a la americana y a la de cualquier otro país del mundo, nunca vuela a ciegas.
Luego está esa teoría, tan cara a algunos, de que Israel puede haber «enredado» a Estados Unidos, supeditando la política de Donald Trump a sus propios intereses. Pues sería la primera vez, oiga. Washington nunca ha sido el granítico aliado del Estado judío que la leyenda progre y «antiimperialista» gusta de hacer suponer. Son más las veces que los americanos han dejado tirados a los israelíes, que al revés. Nunca les ha ido bien procediendo así, por cierto. ¿Hacemos balance de las famosas «primaveras árabes»?
Yo nunca he creído que esta guerra persiguiera hacer añicos el régimen iraní. Como nunca esperé que a la captura de Nicolás Maduro siguiera un mágico advenimiento de la democracia en Venezuela. Los españoles deberíamos saber por experiencia lo que ocurre cuando se sale de una dictadura de décadas: o lo viejo pacta con lo nuevo, transicionando muuuuy cautelosamente, o el baño de sangre está garantizado. En Venezuela están siguiendo casi al pie de la letra el guion de la Transición española. Atención, por cierto, al curioso movimiento de otorgarle la nacionalidad española al opositor venezolano Leopoldo López. ¿Será él, y no María Corina Machado, el elegido para pilotar el cambio en su país cuando este cambio sea al fin posible?
En Irán una cosa así no se puede hacer tan a la descarada, requiere mucha más finezza. Quizá el paralelismo más exacto sería con el Egipto de Sadat, que supo aprovechar su derrota final en la guerra del Yom Kipur (así como Israel supo aprovechar su derrota inicial en la misma guerra…) para romper una baraja que hasta entonces parecía irrompible. El histórico acuerdo de paz entre Sadat y Golda Meir, en virtud del cual El Cairo dejaba de hablar de «entidad sionista» para reconocer de una vez por todas que Israel existía y existirá, no solo fue un respiro para Oriente Medio. A Egipto también le sirvió para desmarcarse de su alineación con la férrea URSS de la época, acercarse al bando occidental y, en fin, devenir un Estado más viable. Con más y mejor futuro.
El mundo de los ayatollahs toca a su fin. Entonces, puede acabar como el rosario de la aurora o puede mutar en otra cosa que, sin ser ideal en un principio, tenga visos de credibilidad y de idoneidad internacional. Pero eso no lo van a desatascar ni el hijo del shah ni los mártires iraníes en las calles. La pugna es entre duros y moderados del mismo régimen, entre apocalípticos e integrados, entre enrocados y desenrocadores.
Que las cosas de palacio van despacio —aunque no tanto como se dice— se nota en el ir y venir de amenazas, económicas y militares, que algo tienen de bravatas porque, haciendo pupa, podrían hacer mucha más. Es un juego de resistencia que requiere psicología y hasta faroles. Como en una partida de póquer.
Por desgracia los europeos poco o nada pintamos en esa partida, a la que asistimos moviendo la cabecita de un lado a otro, como en una cancha de tenis. Pero no estaría mal aprovechar el tiempo muerto para sacar algunas conclusiones elementales. Por ejemplo: si tanto miedo nos da que nos aprieten las tuercas económicas con el petróleo, ¿no sería mejor acabar de una vez con los que tantos años llevan haciendo chantaje sobre el tema, y que si vuelven a salir esta vez con su turbante en triunfo, a saber cuándo nos volverán a chantajear? ¿No va siendo hora de mirar el problema a la cara y hacer una limpieza democrática profunda, o todo lo profunda que se pueda?
Trump ha amenazado a Teherán con devolverles a la Edad de Piedra si no cogen este último tren al futuro. No creo que sea una amenaza tan vacía como se le suele atribuir al histrionismo del personaje. Solo que la Edad de Piedra es posible en todas partes. También aquí, si no nos decidimos a madurar internacionalmente de una vez. A estar en el mundo con todos los derechos, deberes y consecuencias.