The Objective
Santi González

¿Guernica Gernikara?

«Ha sido este un asunto muy revelador desde que el lehendakari Imanol Pradales reclamó la cesión temporal del cuadro para exponerlo en el museo Guggenheim»

Opinión
¿Guernica Gernikara?

Ilustración generada mediante IA.

La última mordida del PNV a Pedro Sánchez es, como a menudo viene a suceder aunque no siempre, de carácter simbólico: ellos se mueven por pasta o por el autogobierno o por algún detallito que lo represente. En dinero o en especie. Un suponer, el Guernica de Picasso.

Ha sido este un asunto muy revelador desde que el lehendakari Imanol Pradales reclamó la cesión temporal del cuadro para exponerlo en el museo Guggenheim de Bilbao. Bastó la objeción que en un ejercicio de la razón pura formuló la presidenta de la Comunidad de Madrid para que se disparasen todas las alarmas. Ayuso se hacía eco de los reparos que oponía el Museo Reina Sofía a su traslado, por el precario estado del cuadro. Andrés Trapiello publicaba el sábado en El Mundo una tribuna interesante sobre las vicisitudes del Guernica, que fue encargado al pintor por el famoso cartelista republicano Josep Renau en nombre del Gobierno de la República, que le pagó por el mismo 200.000 francos. O sea, que el propietario del cuadro no era el pintor, sino el Gobierno de la República, pese a lo cual Picasso siempre ejerció una tutela moral sobre el cuadro, una especie de propiedad virtual, que le permitía poner condiciones para su venida a España: no sería posible mientras durase la dictadura franquista y tendría que colocarse en el Museo del Prado.

La única virtud para los nacionalistas que ahora lo reclaman es el inconfundible tufo guerracivilista que desprende. Ha sido muy notable la reacción de Arnaldo Otegi a las objeciones de Ayuso: «El palacio Euskalduna es mitad obra de un madrileño, el puente Zubizuri, de un valenciano; el Kursaal, de un navarro; el santuario de Aranzazu, de un navarro y un madrileño; en el Museo de Bellas Artes de Bilbao hay obras de Antonio López, Goya y Sorolla».

Arnaldo Otegi la respondió con desparpajo un tanto cínico: «Isabel, la aportación de los tuyos en Gernika fue la Legión Cóndor». Hombre, Ayuso nació en octubre de 1978, cuando el pueblo español se preparaba para votar la Constitución en referéndum. Entonces, Arnaldo Otegi militaba en ETA (pm) y mantuvo secuestrado a Luis Abaitua, con quien jugaba a la ruleta rusa. Se pasó a ETA militar en 1984 en busca de experiencias más fuertes. La banda terrorista a la que él sirvió políticamente causó a lo largo de su historia el triple de víctimas mortales que la Legión Cóndor.

Imanol Pradales se sorprendía de que Sánchez fuese tan poderoso para unas cosas y tan impotente para otras: «¿Sacaron a Franco de su tumba y no pueden traer un cuadro a Euskadi?», en palmaria demostración de lo mal que se le dan a este hombre las equiparaciones, aunque si a Sánchez le quedara algún resabio, podría decirle: «Mira, Imanol, el cuadro no os lo puedo prestar, pero a cambio podría enviaros los restos de Franco, si queréis en calidad de préstamo o con carácter permanente si os gusta más el trato». A mí también me parecería mal, soy partidario irrestricto del principio formulado por el genio de Rafael Azcona en el título de una novela suya: Los muertos no se tocan, nene.

«El Guernica, Gernikara» era una reivindicación de los artistas vascos en los tiempos en que el cuadro aún permanecía en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, hasta que en 1981 fue trasladado a Madrid en un vuelo especial, casi clandestinamente, para ser colgado, primero en el Casón del Buen Retiro y en 1992 en el Reina Sofía. Tras ellos reivindicábamos el cuadro para la villa foral todos los rojitos buenos. Ni los artistas ni sus seguidores creíamos entonces que los dominios del arte eran universales y no teníamos ni idea de que Picasso había hecho más méritos que Dalí para que André Breton motejara al de Figueras como ‘Avida Dollars’.

En mi humilde opinión, el Guernica es un cuadro sobrevalorado. Si Sánchez está dispuesto a satisfacer este caprichito al PNV para sustentar el primero y más intransferible de los suyos, que es la permanencia en la Moncloa, tal vez haya que esperar a que se produzca lo que vienen advirtiendo los expertos: que se produzca algún daño en la obra, acontecimiento que, siendo un mal, tendría carácter menor y posibilitaría a cambio un bien mayor: que el okupa de la Moncloa saliera a campo abierto y pagara por todas sus fechorías.

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