Daniel Ramirez Garcia-Mina

Pies descalzos

Un grito desgarrador de miseria, desde el mismo suelo hasta el firmamento, porque los pies descalzos duelen a sus dueños e intentan romper con fuerza la piedra de los corazones que los observan.

Opinión

Pies descalzos

Un grito desgarrador de miseria, desde el mismo suelo hasta el firmamento, porque los pies descalzos duelen a sus dueños e intentan romper con fuerza la piedra de los corazones que los observan.

Tan feliz como un niño con sus zapatos nuevos. La suela y el envoltorio del pie son una prolongación de la persona, un reflejo de sus pasos, una base de datos de su vida, de su historia. Porque los zapatos encasillan y dicen mucho de unos y de otros; de procedencias y destinos. Parece que un calzado digno viste a una persona digna, pero… ¿y aquel que no tiene zapatos?

Unos pies desnudos caminando por el Paseo de la Castellana, unas plantas que tocan el suelo sin fronteras enfrente de la Giralda sevillana, unos dedos que lamen las baldosas de la Diagonal de Barcelona… Un grito desgarrador de miseria, desde el mismo suelo hasta el firmamento, porque los pies descalzos duelen a sus dueños e intentan romper con fuerza la piedra de los corazones que los observan.

Recuerdo un chico de tez morena, de manos rápidas y piernas ágiles, que hace malabarismos en un semáforo, cerca de la Plaza de las Ventas, en el Madrid más añejo. Una sonrisa se dibujaba en su cara, sus brazos se movían de arriba abajo, a una velocidad malabar, evitando los errores. Cada vez le quedaba menos al rojo para convertirse en verde. Terminaba la enésima actuación del día, cuando el sol llevaba pocas horas despierto, y los coches arrancaban mientra el malabarista acercaba el sombrero a las ventanillas. Una sonrisa, un cuerpo fuerte, una camiseta de rayas, unos pantalones cortos… y unos pies descalzos, un grito al cielo.

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