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PPP

Foto: Francisco Seco | AP

Con el nuevo Gobierno, rutilante, entusiasmante (adorable adjetivo que empleaban los socialistas en los fastos de 1992), ¡qué viejos se han quedado el PP y Podemos! Y qué nitidísimamente se ve ahora cómo se necesitaban el uno al otro. Ya se sabía, pero la novedad es esa: la nitidez con que se percibe.

Reconozco que lo que he llamado “dulce interregno socialdemócrata” se irá deshaciendo en la medida en que este Gobierno perfecto que aún no ha hecho nada (y perfecto porque aún no ha hecho nada) empiece a hacer cosas: la perfección no puede trasladarse del terreno de la ilusión al de la realidad. Pero lo incuestionable, de momento, es el nuevo régimen de percepción.

Hemos salido de la bronca entre el PP y Podemos. Una bronca en la que el PP tenía razón, pero dentro de la lógica de esa bronca: por eso la alimentaba. Y el PSOE se situaba en ella en la medida en que se inclinaba hacia Podemos e incurría en su retórica falaz. Por fortuna, las encuestas hicieron bajar a Podemos y subir a Ciudadanos. Y el PSOE tomó la sabia decisión de seguir la estela del que subía. El Gobierno que Sánchez ha hecho –permítanme que lo formule de un modo oracular– es el que hubiera hecho Rivera si Rivera fuese Sánchez. Podemos lo atacará también, pero para esos ataques el objetivo ideal era el PP. Dirigidos al PSOE, pierden ‘punch’.

Los militantes de Ciudadanos están fastidiados porque se han quedado sin el poder que acariciaban. Los meros simpatizantes, en cambio, estamos contentos: nunca vimos a Ciudadanos como un partido de poder, sino como un partido instrumental para que ‘mejorara’ el (descarriado) bipartidismo. Y es lo que ha propiciado. Por ahora.

Para las próximas elecciones, sean ya cuando sean, el PSOE depende de sí mismo. Ciudadanos, del fallo del PSOE. El PP, del fallo consecutivo del PSOE y de Ciudadanos (salvo que, como apuntan las primeras encuestas, los votantes de derecha acudan en auxilio del PP, en cuyo caso este solo dependería del fallo del PSOE). En cuanto a Podemos: descenso matemático.

Esta última es una mala noticia para el PP. O una buena: si eso le empuja a regenerarse, a falta del recurso tan fácil que tenía de apostarlo todo al miedo a Podemos mientras se mantenía degenerado. En cualquier caso, y pese a que persiste el atorrante problemón catalán, que sigue siendo el más grave que tenemos, algo hemos ganado: hemos salido del bucle PPP.

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