Jon Navascues

Que dejen de soñar

Ya no me creo nada. Siguen limitándose a velar la realidad; cargar más la rabia. No lo entienden. El disfraz de las primarias y el desfile circense televisivo de unos, y los perdones y la recuperación manipulada de los otros me hacen reír.

Opinión

Que dejen de soñar

Ya no me creo nada. Siguen limitándose a velar la realidad; cargar más la rabia. No lo entienden. El disfraz de las primarias y el desfile circense televisivo de unos, y los perdones y la recuperación manipulada de los otros me hacen reír.

Pertenezco a una generación que ha madurado en medio del caos económico, la corrupción y el egoísmo político. Mezcla de impotencia y asco. Hoy, ya no me creo nada. Pero hasta hace relativamente poco, mi ambición se limitaba a escoger entre lo que, para mí, eran buenos y malos. Me sentía importante. No era más que un pelele. Flora o fauna, hierbajos o pajarracos.

Antes de que nada estallara, la elección en mi cabeza era simple. Unos tan carcas y tan bravucones, tan homófobos; otros tan bonachones, tan implicados, tan paritarios. Sí, veía demasiado La Sexta. De repente, llegó el desplome económico y, con él, la pleitesía a una señora que se hace llamar canciller. La decepción y el vacío. El inmovilismo. Como el que ve llover, igual. Sin embargo, también llegó la inquietud que provocaba la indignación. La bofetada que me espabiló. 

Ya no me creo nada. Siguen limitándose a velar la realidad; cargar más la rabia. No lo entienden. El disfraz de las primarias y el desfile circense televisivo de unos, y los perdones y la recuperación manipulada de los otros me hacen reír. ¿Creen de verdad que les bastará, que volveremos a creerles, después de décadas de viciosa avaricia, de tejemanejes? Pobres. 

Queda poco donde rascar. La altanería y el discurso romántico de Pablo Iglesias no me convence, pero sí ofrece una posibilidad. Un arma arrojadiza. Se agarra de la coleta, se zarandea, que coja inercia, y se lanza. Directa a la cabeza de los dos ‘grandes’, a su inoperancia; que la hostia les tire de la silla de una vez. La brecha de las europeas ahí la llevan y que preparen más tiritas. Que dejen de soñar. Se les ha hecho de noche y ya hemos despertado.

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