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Opiniones libres de algoritmos

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Receta gourmet de la educación

Foto: JIM YOUNG | Reuters

Coja usted amor, libertad, coherencia, felicidad y mézclelas según la situación en un equilibro constante. Quiébrese la cabeza, dedíquele tiempo y desentiéndase. Esto, más o menos, será educar.

AMOR

Amor, para mí, es tener ratos y rutinas con ellos. Amor es conversar y contestar sus preguntas, interesarme por lo que les importa, querer escuchar sus invenciones, darles momentos de libertad, fomentar su libertad. “Si le quieres, déjalo libre”, no sé de quién es la frase, pero no puede ser más acertada. Amor es dejar al otro ser y crecer.

LIBERTAD

Yo tenía una profesora muy hueso que siempre nos decía: “no hay que confundir la libertad con el libertinaje”. Nosotras no entendíamos aquella frase, porque el libertinaje nos parecía una cosa que hacían algunos adultos, y lo que se nos quedaba de aquello es que los niños no pueden ser libres. Que su revolución libertaria ha de ser reprimida y que superar la dictadura de los adultos consiste en crecer. Ahora que soy madre, entiendo que educación es una forma de enseñar libertad, autonomía, pensamiento y reflexión y que uno puede ser muy niño y muy libre y ser capaz de tomar decisiones propias con la guía y el apoyo de los adultos.

¿Pero cómo se combina la libertad con los caprichos imposibles de un niño de tres años? ¿Cómo puedo darle libertad al hijo de 5 que se empeña en no querer ir al colegio? Siendo nosotros los “agentes de su libertad”. Dejándoles que decidan el modo de hacer algunas cosas, permitiéndoles cambiar ciertos elementos, abriéndoles la posibilidad de debatir. Permitiéndoles ser piezas importantes de un sistema.

SISTEMA

Le llamo sistema a la coherencia. Al ejemplo. A tomar decisiones en común, consultadas y explicadas. Ojo, cada hombre no es un voto, pero todos tienen voz. Un día el hijo de 6 años, en su hartazgo infantil, me gritó: ¡Soy una persona! ¿Por qué mandas siempre en mi? Le dije:

-Los planetas giran alrededor del Sol, pero no lo hacen porque lo diga el sol. El sol no manda, ni tampoco los otros planetas mandan. Están juntos enlazados por un sistema de fuerzas, lo mismo que esta familia. Yo, cariño, soy el Sol y tú, si te apetece, puedes ser Júpiter.

La comparación le hizo mucha gracia y a mí me sirvió para entender que niños y adultos somos iguales, tenemos los mismos derechos. Solo ocurre que yo soy más densa en ideas, experiencias, y capacidad de decisión. Como el Sol, debo ser regular, predecible, coherente. No quiero que hagan lo que digo “porque le tengo miedo a mamá”. Quiero que hagan lo que les corresponde porque “confío en ella, me quiere, la quiero, porque vivir así nos da felicidad”.

FELICIDAD

Dijo Gabriela Mistral: “el futuro de los niños es hoy”. Yo creo que es verdad, que la infancia es una mochila que cargamos los adultos. En ella hay cosas que pesan como losas, sentimientos densos y oscuros, y otras que nos elevan haciéndonos flotar. Equilibrar la balanza nos deja, simplemente, en la tierra. Yo trato de darles una mochila hoy que les permita volar hoy y también mañana.

CONSTANCIA

El orden de factores no altera este guiso y un hijo es como tener algo siempre al fuego. Debemos estar alerta, vigilantes, confiados, desenfadados, luchadores, defensores, pesados, livianos, en un equilibrio constante, en este chup-chup de ingredientes a ojo y proteína de corazón.

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