Jordi Bernal

Triunfo doloroso

«Guste o no, la ganadora de las elecciones sabe cómo darle a su público lo que quiere y habla para los que le compran el argumentario»

Opinión

Triunfo doloroso
Foto: | EFE/EPA
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

El triunfo de Ayuso es doblemente doloroso para la izquierda porque supone una derrota directa para Sánchez. La campaña, que derivó rápidamente en un triste sainete lleno de amenazas, insultos y una polarización peligrosísima, demostró que Ayuso tiene bien tomado el pulso al asfalto que pisa. Guste o no, la ganadora de las elecciones sabe cómo darle a su público lo que quiere y habla para los que le compran el argumentario. Su libertad, lo tenemos dicho, no se caracteriza precisamente por su solidaridad, pero es un producto de marketing político que vende bien. Arrasa. 

Queda para la izquierda una reflexión urgente: ¿por qué, ante una rival que con tanto desparpajo defiende el retroliberalismo más extremo, es incapaz de movilizar a su electorado? Tal vez la respuesta es que la izquierda debe replantearse y cargarse de unas razones que ha perdido entre los lloriqueos de Galapagar y bobadas inclusivas. 

Ahora vienen años duros para todos aquellos que no comulguen con ese nacional-populismo castizo. Algunos echarán de menos el contrapeso que de alguna manera representaba un partido como Ciudadanos. Bien es cierto que se ha labrado su (mala) suerte y que con esta desaparición del mapa electoral en la Comunidad de Madrid no ha hecho más que dar otro paso hacia el abismo de su extinción. Una mala noticia para la centralidad política española. Ya no queda centro. La polarización en Madrid y en el resto de España es total. 

Queda por ver cómo afectará a la convivencia ciudadana esta campaña a cara de perro en la que las acusaciones a diestra y siniestra han sustituido a cualquier intercambio de ideas y a la tranquila exposición de las distintas propuestas de gestión pública. Esperemos que la pirotecnia mediática se esfume con el fin de las elecciones y que cada cual vuelva a brindar a su taberna preferida.  

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