Óscar Monsalvo

Uno de los nuestros

El 13 de octubre de 1997, tres etarras asesinaron en Bilbao al agente de la Ertzaintza José María Aguirre Larraona. El museo Guggenheim se iba a inaugurar a los pocos días, y los tres etarras –Kepa Arronategi, Ibon Gogeaskoetxea y Eneko Gogeaskoetxea- estaban colocando unas jardineras con granadas y minas que pretendían hacer explotar el día de la inauguración. José María Aguirre se acercó a los etarras tras comprobar que la matrícula de la furgoneta en la que habían transportado los explosivos era falsa, y uno de ellos disparó al agente.

Opinión Actualizado:

Uno de los nuestros
Óscar Monsalvo

Óscar Monsalvo

Profesor de Filosofía en Bachillerato, valga el oxímoron.

El 13 de octubre de 1997, tres etarras asesinaron en Bilbao al agente de la Ertzaintza José María Aguirre Larraona. El museo Guggenheim se iba a inaugurar a los pocos días, y los tres etarras –Kepa Arronategi, Ibon Gogeaskoetxea y Eneko Gogeaskoetxea- estaban colocando unas jardineras con granadas y minas que pretendían hacer explotar el día de la inauguración. José María Aguirre se acercó a los etarras tras comprobar que la matrícula de la furgoneta en la que habían transportado los explosivos era falsa, y uno de ellos disparó al agente.

Hoy la plaza que da acceso a la entrada del Guggenheim lleva el nombre del policía asesinado. Y hace unos días la asociación de familiares de presos de ETA Etxerat decidió celebrar en esa misma plaza un acto para pedir la vuelta a casa de los miembros de la banda terrorista que aún se encuentran en la cárcel.

Uno de los sindicatos de la policía autonómica del País Vasco, Euspel, convocó el lunes 16 una concentración para mostrar su repulsa ante el acto de Etxerat. En el manifiesto que leyeron se pudo escuchar lo siguiente:

Autorizar una concentración a favor de un terrorista condenado, en el mismo lugar en el que asesinó a uno de los nuestros, no es el camino. Esa no es la normalización que nosotros aceptamos. Sencillamente porque no es normal. Es una aberración que sólo se puede dar en un país como éste y que nosotros no podemos digerir.

En un primer momento me llamó la atención ese “uno de los nuestros”. Lo que había sacado de casa a esos ertzainas era el hecho de que los familiares de etarras decidieran celebrar su acto en el mismo lugar en el que años antes había sido asesinado un miembro de su cuerpo. Daba la impresión de que si se hubiera celebrado en cualquier otro lugar no habrían puesto pegas.
 
Pero la cuestión es que el lunes se reunieron en Bilbao 200 personas para denunciar la normalidad con la que se reciben estos actos. Y en cierto sentido es precisamente ese “uno de los nuestros” lo que echo en falta cuando en el País Vasco se celebran actos de homenaje a miembros de ETA, y cuando se pide la excarcelación de los terroristas. Ese “uno de los nuestros” debería incluir a todos los agentes de la Ertzaintza, de la Policía Nacional y de la Guardia Civil; a todos los militares; a todos los jueces; a todos los periodistas; a todos los políticos; a todos los que fueron víctimas de la banda terrorista. Y debería sacarnos de casa a todos nosotros. La defensa de los lugares públicos ante la ocupación de los asesinos y sus satélites es lo normal en cualquier sociedad sana. Y si no lo es, la normalización debería consistir precisamente en expulsar de las plazas a quienes celebran el mal. Porque la ciudad pertenece a los ciudadanos, no a las bestias.

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