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Víctimas entre las víctimas

Se dice que llegamos a este mundo con un pan debajo del brazo. Yo no sé a qué viene el dicho, lo que sí sé es que al nacer ya cargamos con una mochila tan llena de condicionantes que nuestra vida quizás no esté escrita, pero sí tiene las vías tan marcadas que es prácticamente imposible salirse del carril. Solo los fueradeserie son capaces de descolgarse esa mochila y tirar palante ligeros, raudos y veloces ignorando un peso que a los demás nos deja absolutamente inmóviles.

Resulta que las mujeres refugiadas que están cruzando mares y tierras a pie, además de ser víctimas por huir de la guerra, de la indiferencia, de la pobreza y de un dolor que les persigue allá a dónde van, son más víctimas si cabe por el hecho de ser mujeres. Samira fue violada al llegar a Lesbos tras ser abandonada por su marido y viajar sola desde Siria. Dejas tu casa y te juegas la vida para llegar a Europa y resulta que al llegar alguien te usa como si fueras un trapo porque sabe que nadie va a venir a ayudarte. Plas, plas, plas. Welcome refugees.

Ya sabemos que nacer mujer es una desgracia en más de medio mundo. Lo bueno sería que esa mitad en todo caso disminuyera, aunque basta con abrir un revista o encender la tele para ver que las mujeres seguimos cargando con ese algo que nos cosifica y despersonifica día sí y noche también. Seamos de donde seamos, vengamos de donde vengamos, las mujeres aún somos un cuerpo primero, y una persona, si acaso, después.

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