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Los antidisturbios que aún resisten: «Sin pelotas de goma, las calles arderán en seis meses»

Agentes de la UIP sostienen que la reforma de la Ley de Seguridad vaciará el departamento. En cinco años, 750 agentes han abandonado la unidad

Los antidisturbios que aún resisten: «Sin pelotas de goma, las calles arderán en seis meses»
La UIP contiene a los manifestantes en el colegio Ramón Llull de Barcelona, en 2018.|EFE

La reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana que pretende llevar a cabo el Gobierno ha encendido los ánimos de gran parte de los agentes de todo el país. Muestra de ello fue la marcha del pasado sábado en las calles de Madrid, en la que miles de policías clamaron contra la modificación de la ley, aprobada por el Ejecutivo de Mariano Rajoy en 2015, y pidieron la dimisión del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. Entre los artículos más polémicos, según denuncian sindicatos y asociaciones policiales, está el que prohíbe el uso del material antidisturbios más lesivo en las protestas callejeras.

Un cambio que afectará de lleno al trabajo de las Unidades de Intervención Policial (UIP) si finalmente, como sostienen los agentes, las enmiendas de PSOE y Unidas Podemos en la nueva norma les impiden usar las pelotas de goma como material antidisturbios y no tener constancia de las manifestaciones pacíficas que se producen en las ciudades. La modificación contempla que las protestas espontáneas no deberán solicitar permiso a la Delegación de Gobierno para ser convocadas.

El fin de la conocida ley mordaza pondría la puntilla al trabajo de los antidisturbios, quienes vienen denunciando desde hace un lustro la «falta de medios humanaos y materiales» y también de «respaldo político frente a sus intervenciones en la calle». Un escenario que, al mismo tiempo, ha provocado una sangría en este departamento. Fuentes de esta división policial consultadas por THE OBJECTIVE aseguran que al menos 750 agentes han dejado las UIP desde 2017 y han solicitado un cambio a otra unidad.

Frente a esto, los agentes que aún resisten en las UIP, lo dejan claro. «Si nos quitan las pelotas de goma, dudo que alguien se quede en este departamento. Seremos dianas, bolos que derribar. La ciudadanía está equivocada. Esta ley no solo perjudica nuestro trabajo, afectará a todos, no solo a los policías. A nosotros no nos quedará otra que huir y entonces será la sociedad quien tenga que enfrentarse al peligro de una protesta violenta y descontrolada», denuncian distintos agentes de esta división, en conversación con este periódico.

Cuerpo a cuerpo

«Sin las pelotas de goma no habrá solución, principalmente por el modelo policial que existe en España», sostienen estos agentes. La Policía Nacional no trabaja con el «cuerpo a cuerpo» como hacen los agentes en Francia o en Alemania. En los países vecinos, prosiguen, «si hay una protesta violenta de 1.000 personas, 1.500 agentes les hacen frente. Buscan el cuerpo a cuerpo porque son especialistas», explican.

La plantilla de las Unidades de Intervención Policial está compuesta por 2.700 agentes. «Nosotros no contamos con tantos policías. Harían falta diez veces más de efectivos. Por eso, nosotros trabajamos con las pelotas de goma. Al ser subgrupos más pequeños, las empleamos para mantener distancia, tienen un efecto disuasorio y son una garantía de seguridad que puede evitar muchos daños materiales y físicos».

Respecto a la lesividad que pueden suponer para el ciudadano, estos agentes, de dilatada experiencia en la UIP, sostienen que este elemento no es el más dañino. «En un uso progresivo, las pelotas no son lo más lesivo. La defensa es lo más lesivo. Las porras causan más lesiones tanto en los violentos como en los agentes. Las pelotas evitan que tú, que tienes un negocio, no lo veas quemado al día siguiente. Es para lo que trabajamos, para proteger a los ciudadanos».

«Las calles arderán»

El debate también se sitúa en torno a cómo de adecuado es que determinadas manifestaciones no necesiten autorización si son espontáneas o pacíficas. Los antidisturbios, en cualquier caso, lo tienen claro: «¿Y qué haremos si, de repente, esas manifestaciones se vuelven violentas? ¿Cómo podremos proteger a los ciudadanos si no tenemos constancia de su celebración?».

El mando de un subgrupo de antidisturbios lo ejemplifica con lo que puede ser un día de trabajo en la UIP. «Pongamos que entran cinco grupos a trabajar. Como no tienen que avisar, te montan cuatro manifestaciones y dos se vuelven violentas. Sin previsión, sin efectos y sin pelotas, será una lotería. Una lotería que acabará con agentes heridos. Si esto es así, en seis meses las calles arderán. Los delincuentes conocen perfectamente lo que pueden hacer y que no. El clima político es el que es. Va a ser la tormenta perfecta».

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