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Un día en la 'brigada antisuicidios' de la Policía Nacional: así salva cientos de vidas por teléfono

Un equipo de siete psicólogos atiende una línea telefónica durante 24 horas para cuidar de la salud mental de los 64.000 agentes que integran el Cuerpo

Hace unos meses, el teléfono de la centralita sonó. Era tarde. Al otro lado de la línea, un policía nacional alertaba de que un compañero suyo se había despedido de una forma algo extraña por un grupo de WhatsApp. Lo habían destinado a una comisaría de otra provincia, pero su despedida parecía definitiva, como si se fuera para siempre. En ese instante, el receptor de la llamada hizo una pregunta fundamental: «¿Quién sabe dónde está?» Su hermano, le contestó. «Que intente dar con él», le dijo. Y así lo hizo.

Cuando el familiar llegó a casa del agente, tenía colocada el arma reglamentaria en el centro de la mesa. A un lado, una foto de su mujer, que le había dejado hacía escasos días. Al otro, el de su hija de 10 años. El funcionario se debatía entre quitarse la vida por «el dolor que le había causado la ruptura» o no hacerlo «porque su hija lo necesitaba». En cualquier caso, su hermano evitó que se suicidase aquella noche. Y el que cogió el teléfono aquel día, lo evitaría definitivamente. Era Javier Jiménez Pietropaolo, jefe del Equipo de Intervención Psicosocial de la Policía Nacional. En un primer momento, el agente no pidió ayuda, pero después fue este grupo el que se encargó de llamarle y ayudarle poco a poco, semana a semana, a solucionar sus problemas y evitar que volviesen a florecer sus ideas suicidas. Ahora, ha rehecho su vida, es feliz.

Pietropaolo es uno de los siete agentes —y psicólogos— que componen la brigada antisuicidios de este Cuerpo, encargada de cuidar la salud mental de 64.000 policías e intervenir en situaciones de inminente riesgo como la que se describe al comienzo de este artículo. Lo hacen a través de un teléfono [91.582.10.43], habilitado las 24 horas, los siete días de la semana, todo el año. Este call center se estrenó el pasado 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, y se enmarca dentro de un plan aprobado hace año y medio por la Dirección General de la Policía.

Hasta hace cuestión de un mes, este grupo de expertos tenía su sede en la Comisaría del Barrio de las Letras, en Madrid. Ahora se encuentran en el Complejo Policial de Canillas, hasta donde se ha desplazado THE OBJECTIVE para conocer cómo es una jornada de trabajo en la que sin lugar a dudas es una de las unidades más importantes para quienes integran la Policía Nacional. «Aunque llevamos pocos meses, podemos decir que hemos salvado muchas vidas. Nos lo cuentan los propios agentes», cuenta el responsable de este gabinete, que ha atendido entre llamadas y mensajes a unos 400 agentes y familiares.

Las llamadas de la Policía

«Cuando llaman policías para contarnos sus problemas y están barajando quitarse la vida, siempre decimos lo mismo: ‘oportunidades para suicidarse tienes todas las que quieras, pero déjanos ayudarte. Hay muchas maneras de acabar con el dolor’. El primer objetivo es desbaratar la idea del suicidio», explica el responsable del equipo en una entrevista con este periódico. No obstante, esa llamada solo es la punta del iceberg. Tras ella, quedan muchas más y el trabajo de una brigada que se deja la piel en la asistencia. No es para menos, el pasado año se quitaron la vida 15 agentes, la cifra más alta en la última década, según datos del Ministerio del Interior. «En los últimos cuatro años, hemos conseguido que ningún agente muera en acto de servicio, pero de media cada año ocho se quitan la vida. No nos matan, pero nosotros sí nos matamos. Queda mucho trabajo por hacer», confiesa Pietropaolo.

Después de trabajar durante años en la Unidad de análisis de la conducta delictiva, Raquel aterrizó en este departamento hace cinco meses. Los siete psicólogos han trabajado durante años en distintas unidades policiales y antes de incorporarse al Equipo de Intervención Psicosocial, han recibido formación específica en comportamiento suicida. Los agentes están colocados en distintas mesas que conforman un rectángulo, desde donde cogen llamadas con una diadema. Raquel acaba de colgar una y nos atiende.

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Dos psicólogas trabajan en la sala del Equipo de Intervención Psicosocial de la Policía | Carmen Suárez

P. ¿Cómo es esa primera llamada en la que el agente te dice que piensa en suicidarse? ¿Cómo tratas de calmarlo?

— R. Suelen estar alterados, algunos lloran. Empiezan a contarte el motivo por el que tienen esas ideas y tú tienes que dejarles hablar y escucharles, que lo suelten todo. No decirles ‘no llores, no llores’. Una vez que se calman, empezamos a hablar. Les haces preguntas y como tienen que pensar, se van calmando.

Las llamadas telefónicas que atiende este equipo suelen durar de media una hora y media, sobre todo cuando se trata de la primera. Después, cuenta esta agente, al conocer su caso, pueden ir haciendo preguntas más concretas sin que el paciente tenga que recordar todos sus problemas. Esta brigada de psicólogos hace un seguimiento activo de todos sus casos y siempre que puede trata de personalizar la asistencia. Se identifican para que el paciente pueda hablar siempre con el mismo profesional.

— P. ¿Con cuántas llamadas notáis que la terapia está funcionando?

— R. No quiero sonar presuntuosa, pero diría que desde la primera. En ese momento, ven que alguien les está apoyando y les está ayudando. Muchos te manifiestan las gracias desde el primer momento.

Ruptura sentimental

Entre los que piden ayuda porque están pensando en quitarse la vida, suele haber un patrón que se repite: una ruptura sentimental reciente. «Siempre hay una gota que colma el caso y es la de una ruptura sentimental traumática. Casos de agentes que llevaban 30 años casados, con hijos y, de repente, rompen con su pareja y eso le desestructura la vida». La categoría policial que más recurre al teléfono de ayuda es Escala Básica, pero por una cuestión lógica. Como lo es que llamen más hombres que mujeres, sostiene Javier Jiménez. «Todo se debe a pura estadística. De 60.000 agentes, 42.000 trabajan como radiopatrullas, conocidos como zetas. Y las mujeres en el Cuerpo solo representan el 15%. Es todavía pronto para sacar conclusiones», sostiene.

No obstante, las llamadas por riesgo inminente de suicidio ocupan un porcentaje bajo del total que reciben. La mayoría de casos responden a casos de atención de agentes o familiares por muertes traumáticas. Este grupo de expertos no solo responde al teléfono desde el call center de Canillas. Cada vez que se produce un suicidio, distintos miembros de este equipo se desplazan hasta el lugar donde se ha producido para brindar apoyo psicológico a la familia y realizar lo que ellos denominan autopsia psicológica.

Autopsia psicológica

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Javier Jiménez, en su despacho en el Complejo Policial de Canillas (Madrid)| Carmen Suárez

«Intentamos aprender de las causas que han llevado al agente a quitarse la vida. Si llevamos un cúmulo de casos, tratamos de ver qué es lo que más se repite: si había estado de baja, si tenía retirada el arma de fuego —el 80% de los agentes utiliza el arma reglamentaria para suicidarse—, si se lo había contado a alguien de la familia…». Responder a todas esas incógnitas les ayuda posteriormente para mejorar el plan de prevención.

La parte más dura de su trabajo está en hablar con los familiares o compañeros del agente que ha decidido quitarse la vida. Tanto si han sido testigos de ellos, como si desconocen la causa de la muerte. Pietropaolo recuerda el último caso, cuando fue un hijo de 12 años quien encontró sin vida a su padre. O cuando tuvo que contar a un niño de cuatro años que su padre, agente, se había quitado la vida después de que su madre, también miembro del Cuerpo, falleciese a causa del cáncer.

Un día que tampoco olvidan en esta brigada es el pasado 2 de octubre, día del Patrón de la Policía Nacional. Mientras miles de agentes celebran esta festividad, dos compañeros se quitaban la vida en Madrid. «El agente estaba soltero y tuvimos que ir a notificárselo a los padres, que no sabían nada. Estuvimos con ellos varias horas, terminamos a las cuatro de la mañana. De allí, nos fuimos a la comisaría a hablar con otro agente que estaba delante en el momento en el que su compañero se suicidó. La gran mayoría suele hacerlo en dependencias policiales», sostiene.

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Un agente trabaja en el gabinete psicosocial de la Policía Nacional | Carmen Suárez

Otros casos que también se repiten son los de agentes que han disparado el arma en un acto de servicio. Basta que pasen un par de horas para que este equipo llame a los afectados para saber cómo están. Hace unas semanas, una patrulla fue a atender de madrugada una llamada por violencia de género en Puente de Vallecas (Madrid). Según entraron al pasillo, una persona les atacó con un cuchillo. A uno se lo clavó en el esternón y por suerte el hueso lo paró. Y al otro se lo metió en la boca y le rajó toda la cara. Fue entonces, cuando el primero que cayó herido le disparó y le mató.

«La gente piensa que es como en las películas, que en este caso estaba justificado el uso del arma. Pero los agentes no están acostumbrados a emplearla. Por eso siempre les llamamos y les ofrecemos apoyo. Muchos se sorprenden cuando somos nosotros los que levantamos el teléfono, pero es nuestro trabajo, estamos aquí para ayudar a todos y todas», concluye Javier Jiménez.

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