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El buzón secreto

Carrero Blanco y Aldo Moro: la sombra asesina

Henry Kissinger se comportó con los dos como un mafioso amenazante y matón

Carrero Blanco y Aldo Moro: la sombra asesina

Entrevista de Carrero Blanco con Henry Kissinger.

El 20 de diciembre de 1973, hace 50 años, se produjo el primero de los asesinatos. El 9 de mayo de 1978, hace 45 años, tuvo lugar el segundo. Los dos fueron ejecutados por bandas terroristas, uno en España y otro en Italia. Y detrás de los dos aparece en la sombra la figura de un personaje enigmático que en aquellos años era el ingrediente más difícil de identificar en todas las salsas conspirativas, en esos acontecimientos que cambiaron la vida en muchos lugares del planeta.

El presidente del Gobierno español, Luis Carrero Blanco, fue asesinado por un comando de ETA desplazado a Madrid, que en aquellos años carecía de infraestructura y, en general, de medios para actuar en la capital sin ser detectado.

El líder de la Democracia Cristiana italiana, Aldo Moro, que había sido presidente del Gobierno en dos etapas anteriores, fue secuestrado por las Brigadas Rojas cuando iba a una sesión parlamentaria para defender un sorprendente modelo político para esa época consistente en una alianza entre su partido de derechas y el de los comunistas. Un comando terrorista lo secuestró a tiros matando a sus cinco escoltas, supuestamente para intercambiarlo por un reconocimiento político y la liberación de algunos presos.

Henry Kissinger era en aquellos años el fontanero para temas internacionales de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford. Primero como consejero de Seguridad Nacional y más tarde como secretario de Estado. Ferviente anticomunista, convertido en el todopoderoso representante del lado azul de la Guerra Fría, no se andaba con chiquitas a la hora de enfrentarse a los gobiernos que se mostraban cercanos a la ideología de Moscú.

Carrero Blanco le mostró su cabreo

El caso de España era bien distinto. Estados Unidos consideraba en 1973 que era una de sus repúblicas bananeras y, por lo tanto, podía hacer en su territorio lo que le diera la gana. Carrero Blanco era de otra opinión. Quería que Estados Unidos les abriera las puertas de la OTAN y que firmara un acuerdo bilateral como el de cualquier otro de sus aliados. Como no lo conseguía les demostró su cabreo y lo que podría pasar si no atendían sus demandas.

Del 6 al 25 de octubre de 1973 se desarrolló la guerra del Yom Kipur de Israel contra Siria y Egipto. Estados Unidos tomó partido abiertamente por los judíos y movilizó su aviación en su apoyo. Esos cazas y bombardeos pasaban por cielo español con la intención de repostar y descansar en sus bases. Carrero Blanco prohibió esas acciones oficialmente, aunque en la práctica les permitió realizarlas.

El 18 de diciembre de 1973, Kissinger llegó a Madrid, se entrevistó primero para echar unas risas con Franco y el príncipe Juan Carlos, y posteriormente se reunió a solas con Carrero Blanco. Se sabe que el dirigente estadounidense le echó en cara las limitaciones a sus aviones y que el almirante añadió un informe en el que demostraba que España podía fabricar una bomba atómica, amenaza que ejecutaría si no reconocía a España el estatus que merecía. Se tiene la certeza de que Kissinger utilizaba formas de mafioso matón y se sabe que adelantó su salida de España para irse a París, donde no tenía ningún compromiso. Lo que le permitió no estar en España cuando Carrero fue asesinado… por ETA.

Kissinger amenazó directamente a Aldo Moro

Aldo Moro estaba empeñado en solucionar los problemas políticos de Italia metiendo en la solución parlamentaria al Partido Comunista de Enrico Berlinguer, que se había subido al carro del eurocomunismo, supuestamente distante de la URSS. Muchos no querían esa alianza, entre ellos Estados Unidos.

Años después de su asesinato, su viuda, Eleonora Moro, declaró ante un juez que el secuestro se produjo después de unas amenazas directas que le lanzó a su marido Henry Kissinger: «O abandonas tu línea política o lo pagarás con tu vida».

Un nuevo dato que respalda la teoría de la presencia de una mano siniestra en estos asesinatos lo aportó el empresario Gianni Agnelli antes de morir: «¿El asesinato de Aldo Moro? Nada se sabrá mientras los asesinos vivan: ¿las Brigadas Rojas? No, no…Ellos fueron los ejecutores, sí, pero no los verdaderos protagonistas». 

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