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Bombas nucleares sobre Palomares: las mentiras de Franco

España robó información a los estadounidenses para hacer su propia bomba, aunque el dictador finalmente frenó el proyecto

Bombas nucleares sobre Palomares: las mentiras de Franco

Icónica imagen de Fraga y Angier Biddle Duke bañándose en Palomares el 8 de marzo de 1966. | Europa Press

Secretos, engaños y manipulaciones. Tres palabras que resumen, 57 años después, la historia española del accidente con amas nucleares más grave del mundo. Sucedió en Palomares el 17 de enero de 1966, tras un accidente entre dos aviones de Estados Unidos, un bombardero B-52 y un avión nodriza. 

En ese momento de la Guerra Fría, España era un eslabón clave del plan de ataque nuclear de Estados Unidos contra la URSS y, por consiguiente, un objetivo prioritario de las bombas de Moscú. Los americanos y Franco habían llegado a un acuerdo de mutuo interés solo recogido parcialmente en los acuerdos bilaterales firmados y hechos públicos. 

Desde los años 50, España conseguía el respaldo político de la administración estadounidense y ellos «ocupaban» el territorio para instalar sus bases y convertir a España en el portaaviones de la retaguardia de Europa. En esos acuerdos no se planteaba siquiera la necesidad de pedir autorización cuando sus aviones transportaran bombas nucleares sobre el espacio aéreo español, ni siquiera debían informar si pretendían que esas bombas se posasen en el suelo. 

Estados Unidos nuclearizó España a partir de marzo de 1958 y realizaron innumerables sobrevuelos con ese tipo de armas. Los servicios secretos españoles conocían esas actividades cuando en enero de 1966 ocurrió un accidente en Palomares, una sorpresa total para todos, que el Gobierno del dictador intentó ocultar aunque, por suerte, sin conseguirlo.

Se conoció que ese lunes, a las 10.20 de la mañana, se había producido un accidente aéreo en Almería. La solidaridad de los habitantes de Palomares, una gran parte agricultores, quedó patente cuando acudieron sin dudarlo a rescatar a los pilotos que se habían lanzado en paracaídas e hicieron todo lo que estuvo en su mano por ayudar. 

Las autoridades de la dictadura ocultaron en un primer momento que los aviones llevaban carga nuclear, pero más tarde tuvieron que reconocerlo cuando se difundió la noticia en un diario de Londres y más tarde en la prensa internacional, que terminaron explicando que las bombas eran mucho más dañinas que las de Hiroshima y Nagasaki. De hecho, si hubieran explotado habría acabado totalmente con la vida en Almería. 

La primera bomba no llegó a explotar porque su paracaídas se abrió, solo sufrió un golpe en el morro y fue encontrada por los equipos de búsqueda y desarmada. En las otras dos se abrieron también los paracaídas, pero tuvieron un aterrizaje duro, no llegaron a explotar pero sí emitieron radiación. 

Espionaje español a las bombas

La gran preocupación inmediata del ejército estadounidense fue recuperar las bombas antes de que las encontraran sus enemigos o los militares de Franco. Los efectivos de la Guardia Civil controlaron con rapidez la zona e informaron a las autoridades de dónde estaban situadas las bombas, gracias a la información procedente de los vecinos. Estos datos se ocultaron a los estadounidenses que tardaron en enterarse. porque los guardias cumplieron a la perfección la orden de alejar de la zona a curiosos y, especialmente, a los periodistas.

Esta situación facilitó que pudieran acudir con celeridad los expertos militares en bombas nucleares españoles. Guillermo Velarde, el máximo investigador en este tipo de energía, fue alertado por el teniente general Agustín Muñoz Grandes y el presidente de la Junta de Energía Nuclear, José María Otero Navascués, para que se desplazara a los lugares donde habían caído las bombas y, sin que nadie se enterase, tomara las muestras que necesitara de sus componentes.

 El comandante del cuerpo de ingenieros aeronáuticos del Ejército del Aire comprobó los daños ocasionados y examinó los restos de plutonio de las bombas termonucleares para descubrir si era uranio o plutonio, y determinar la contaminación que podía producir. Con esta información, sumada a los estudios que había realizado en los años anteriores, Velarde ejecutó el proyecto Islero para la fabricación de la bomba atómica española. Un proyecto que estaba más avanzado de lo que nadie se imaginaba, teniendo en cuenta el atraso de España en muchos terrenos.

Pero Franco finalmente lo frenó, consciente de que los estadounidenses se cabrearían y seguramente les  pondrían sanciones.

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