Paco, superviviente de Adamuz y postrado en la cama: «Todavía no me ha llamado nadie»
Este onubense critica la falta de información sobre el accidente y califica de «mejorable» el trato del Gobierno

Las magulladuras de Paco tras el siniestro ferroviario. | Cedidas
Paco de la Corte (54 años, Huelva) apenas puede levantarse de la cama o del sofá. Tiene la espalda llena de magulladuras y contracturas «de arriba a abajo», cuenta. Para él, moverse es todavía algo muy complicado. Tampoco le ayuda el latigazo cervical que le provoca dolor de cabeza, mareos e incluso vómitos, ni la molestia que tiene en el sóleo de la pierna derecha o la fractura de la muñeca izquierda. Todo es consecuencia de lo que le ocurrió hace dos semanas, cuando volvía a Huelva de hacer unas oposiciones para el cuerpo de Instituciones Penitenciarias en Madrid. Iba en el vagón tres del Alvia siniestrado en Adamuz. Durante un instante toda su vida se paró.
«Noté el impacto de repente. En dos segundos, pasamos de ir a 200 a cero. Se apagó todo y yo salí disparado de un extremo del vagón al otro. Sentí un montón de sacudidas en una milésima de segundo», relata el onubense en una entrevista con THE OBJECTIVE. Nadie se imaginaba, sin embargo, la magnitud de la tragedia que acababa de ocurrir. Un Iryo en la vía contigua había descarrilado y el tren en el que iba Paco y otros 190 pasajeros había impactado con él. Los dos primeros vagones descarrilaron y quedaron atrapados en un talud. Nadie sobrevivió. El vagón de Paco se quedó en el camino, pero a salvo.
Cuando transcurrieron esos dos segundos, prosigue este afectado, se empezaron a escuchar las primeras voces. Todas pedían ayuda, entre ellas, la de Paco, que apenas podía moverse por la brutalidad del impacto. Después, la gente empezó a utilizar las linternas de los móviles. «Todos pensamos, en un primer momento, que había sido un descarrilamiento. La gente se empezó a poner de pie, comprobó que no había heridos graves y a mí y a otra persona, que no podíamos movernos, nos dijeron que nos quedásemos tumbados en el suelo», recuerda. Estaba tan oscuro que en todo momento pensaron que el resto de vagones estaría igual que ellos. De hecho, incluso tardaron en salir al exterior.
Perdió la noción del tiempo
Sin embargo, cuando la primera persona salió fuera y vio la magnitud de la tragedia, empezó a pedir ayuda desesperada. «Vio que todo estaba fatal y pidió a los que estaban bien que fuesen con él. Al rato vino otra persona, no recuerdo quién era, y nos dijo que nos levantásemos como pudiésemos, porque no iba a venir ninguna ambulancia. Había gente muy mal y no daban abasto», recuerda este afectado. Paco perdió la noción de tiempo. No recuerda cuándo fue el choque, ni cuánto tiempo pudo estar esperando dentro de su vagón. Sí recuerda que nadie pudo ayudarlo hasta que llegó al apeadero de Adamuz.
«Fui como pude, arrastrándome, por el margen de tierra de las vías, en medio del campo. Por el camino, que iba iluminando con el móvil, encontré trozos de hormigón que habían salido volando, trozos de vagón…», recuerda. De pronto, vio las luces de las ambulancias y fue hasta allí. Le llevaron en una de ellas, en un principio a un hospital, pero por el camino le dijeron que estaban completamente desbordados y finalmente lo trasladaron al hospital de campaña que habían instalado en la localidad cordobesa. «Yo estaba muy preocupado, no podía moverme. Pensaba que tenía la columna afectada o las costillas rotas», rememora Paco.
No quiso ir a la cafetería
Aquella noche los habitantes de Adamuz se volcaron con las víctimas. «Se preocuparon mucho por nosotros. Nos preguntaban en todo momento, pero yo no me quitaba de la cabeza que podía tener algo grave en la espalda. Se habló de poder ir en un taxi a Huelva y no lo pensé, me fui», cuenta este opositor. Ya en la carretera, cuando apenas habían pasado unas horas del siniestro ferroviario, Paco empezó a ser más consciente de la tragedia que había vivido. Y recordó a un joven, a un chico que había compartido asiento con él, al final del vagón tres del Alvia. Había ido a Madrid a hacer los mismos exámenes que él y habían estado hablando durante el viaje.
Encajaron bastante. Tanto que cuando quiso ir a tomar un café con un amigo, invitó a Paco a ir con ellos. «Le dije que no, que estaba cansado. Me contó sobre su vida, que había ido solo a Madrid… Después me enteré de que los dos habían fallecido. El vagón cafetería se llevó la peor parte, estaba pegado justo a nuestro vagón», relata este andaluz. Esa decisión le salvó la vida. Poco después, notaron el fuerte impacto y todo se apagó. En el hospital, pese a sus temores, los médicos le han dicho que no tiene nada roto. Aun así, los dolores son constantes, pero Paco mantiene viva la esperanza. «Peor sería estar muerto, estoy aquí y es lo importante».
Opositores de prisiones en el Alvia
Algunos supervivientes afrontan graves secuelas psicológicas. Paco cuenta el caso de una pareja que iba también en su vagón, pero en la parte delantera, muy próximos a la cafetería. «Coincidí con ellos en el hospital, también habían ido a las oposiciones de prisiones. Estaban bastante peor que yo. Están más heridos y no han podido recuperar todavía su documentación, tampoco la de los exámenes, que tenían dentro del equipaje. No saben todavía si han superado el examen. Apenas pueden dormir», cuenta a THE OBJECTIVE este afectado.
En el Alvia viajaba un gran número de opositores que habían ido ese día a hacer las pruebas para el cuerpo de ayudantes de instituciones penitenciarias a la Universidad Complutense de Madrid. También preparadores, familiares que les acompañaban… En total, según han informado diversos medios, fallecieron cinco de ellos. «La mayoría habíamos reservado los trenes con meses. Porque al final se presentan miles de personas. Y es más cómodo porque puedes ir todo el camino con tu ordenador, repasando…».
El papel del Gobierno
Dos semanas después de la tragedia que acabó con la vida de 46 personas, Paco se queja de la falta de información y del poco interés que ha mostrado el Gobierno, y en concreto el Ministerio de Transportes, en los supervivientes. «El trato es bastante mejorable. Todavía no me ha llamado nadie. Es más, tuve que llamar yo al seguro de Renfe, porque no estaba tranquilo y quería que me hiciesen un TAC para asegurar que no tenía vértebras rotas». Algo que contrasta con las palabras del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que garantizó este viernes a las víctimas de Adamuz y Gélida (Barcelona) que las instituciones no las van a dejar solas y que el Estado «no va a mirar a otro lado».
Este onubense y otros supervivientes han creado un grupo de WhatsApp para estar al día de todas las novedades. Denuncian que ni para el funeral del Estado ni para la misa que finalmente se celebró el pasado jueves «se les consultó». En el responso, las víctimas apelaron a saber la «verdad» del accidente y a luchar desde la «serenidad». Paco, que no pudo desplazarse al sepelio por su situación, apunta en la misma línea: «Llegaremos hasta el final y exigiremos que se diriman responsabilidades».
