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Las empresas fichan al 20% de los militares que Defensa forma durante años en ciberespionaje

El Mando Conjunto de Ciberoperaciones inicia «una expansión sin precedentes» para llegar a los 1.500 efectivos

Las empresas fichan al 20% de los militares que Defensa forma durante años en ciberespionaje

Margarita Robles, en su última visita al Mando Conjunto de Ciberoperaciones (MCCE). | Flickr M.Defensa

España cuenta con el primer centro conjunto de formación en ciberoperaciones militares del mundo y con sueldos que pueden alcanzar los 200.000 euros anuales, pero no retiene a todos los uniformados que forma en la Escuela Militar de Ciberoperaciones (EMCO): un 20% de ellos acaba fichando por empresas del sector privado. Se les tienta con mejoras salariales que, en la gran mayoría de los casos, son difíciles de rechazar, según admite el jefe del Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE), el vicealmirante Javier Roca.

«Es imposible retener a todos. Ese 20% es como si fueran Messi», reconoce este alto mando de las Fuerzas Armadas en un encuentro con periodistas del sector tras ser preguntado por las ofertas que le llegan a algunos de sus boinas grises, el color que distingue dentro del ejército a los alumnos que salen del EMCO. En el 2025 recién concluido, un total de 450 alumnos han salido formados de esta escuela: 35 oficiales, 93 suboficiales y 322 efectivos de tropa y marinería. Todos ellos han seguido una decena de cursos de especialización que incluyen materias relacionadas con la defensa, la investigación digital, la inteligencia de amenazas y la denominada ciberdefensa activa.

El Mando Conjunto del Ciberespacio, adscrito al Estado Mayor de la Defensa y con sede en el cuartel de Retamares (Madrid), cuenta en la actualidad con 500 efectivos y es la unidad de las Fuerzas Armadas que más civiles tiene en su seno en porcentaje. El MCCE se encuentra inmerso «en un proceso de expansión sin precedentes» con el objetivo de triplicar su capacidad operativa para alcanzar los 1.500 miembros de aquí a 2030, con un total de 1.300 militares y 200 civiles.

Pese a la «inevitable» fuga de cerebros que se da, el vicealmirante Roca prefiere ver el vaso medio lleno al subrayar que el 80% del personal que trabaja a sus órdenes prefiere quedarse en el MCCE tras cuatro años de «servidumbre» en dicha unidad, el tiempo mínimo que se les exige para formarse. Además, considera «positivo» tener «aliados» en las empresas que acaban contratando a sus boinas grises.

Roca hace hincapié en que España se encuentra «en una paz caliente» ante los ataques cibernéticos que se dan, cada vez más «peligrosos, sofisticados y profesionales». Este lunes se conoció, por ejemplo, que un hacker aseguró haber entrado en la web del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que dirige Diana Morant, y haberse hecho con documentos de identidad y números de cuentas bancarias, entre otros datos.

Nuestro país no realiza «operaciones ofensivas» contra otro país de su entorno, aseguró el jefe del MCCE, pero sí tiene capacidades para ejecutarlas llegado el caso. En todo caso, Roca deja claro que su equipo no cuenta con «ningún plan» contra un vecino como puede ser Marruecos. Y preguntado por el reciente embargo tecnológico a Israel ordenado por el Gobierno a raíz de la invasión de Gaza, el vicealmirante incide en que no ha supuesto ninguna merma para la unidad que dirige, ya que «casi todas las herramientas» con las que trabajan son «nacionales», y las que no, ninguna de ellas es de origen israelí.

En cuanto a la cooperación internacional, la OTAN prevé anunciar en los próximos días que España albergará el programa el adiestramiento de militares de los países aliados en ciberoperaciones. Es el llamado NATO Cyber Range en Entorno Clasificado (NCCR, en sus siglas en inglés), en el que nuestro país competía con Estonia, que ya cuenta desde 2008 en Tallin con el Centro de Excelencia de Ciberdefensa Cooperativa de la Alianza Atlántica tras los ciberataques masivos sufridos un año antes por el país báltico.

Este NCCR analizará campos de maniobras cibernéticos para generar y emplear escenarios operativos en el adiestramiento de la fuerza. Dicho trabajo no requiere de presencia aliada en la base de Retamares, pero sí permitirá a España dirigir por remoto esta «capacidad única a toda la OTAN». Un paso «necesario», según explica el Centro Criptológico Nacional (CCN) en su página web, para garantizar la libertad de acción en el ámbito ciberespacial y «ejecutar operaciones cibernéticas y multidominio, nacionales y combinadas, garantizando la seguridad de la información relacionada con ellas» y en función del ámbito de clasificación nacional o aliado.

Esta nueva «plataforma de simulación a nivel operacional y estratégico» dirigida desde Retamares servirá «para operacionalizar el empleo del ciberespacio por parte de las Fuerzas Armadas». La OTAN ha descentralizado en los últimos años su red de aprendizaje y lucha contra el ciberespionaje: la academia de tecnologías de la información y comunicación se encuentra en Oeiras (Portugal), mientras que la escuela aliada de Oberammergau (Alemania) cuenta con cursos de formación y entrenamiento, y el colegio de defensa de la OTAN en Roma (Italia) aborda el aprendizaje estratégico «sobre las cuestiones político-militares, entre las que se encuentra las de ciberdefensa».

El actual MCCE se creó en 2013 con otro nombre —Mando Conjunto de Ciberdefensa— y tiene como cometido proteger los sistemas informáticos militares en España y permitir el libre acceso al ciberespacio por parte del Ministerio de Defensa. Para justificar la necesidad de esta escuela, Defensa señaló hace tres años que documentos como la Estrategia Nacional de Ciberseguridad de 2019 y la Directiva de Política de Defensa de 2020 subrayaron que «la vulnerabilidad del ciberespacio es uno de los principales riesgos para nuestro desarrollo como nación», y que «la disposición de las Fuerzas Armadas y de las autoridades de la Defensa debe orientarse a generar mayor resiliencia nacional e internacional ante los retos transversales generados en el ciberespacio».

Pulso entre los mandos de Tierra y Aire

Esta nueva Escuela Militar de Ciberoperaciones provocó un pulso entre Tierra y Aire, ya que cada uno de los ejércitos consideraba que debía estar bajo su paraguas, según desveló THE OBJECTIVE. Esta ‘rivalidad’ fue solventada por Robles con una decisión salomónica que no contentó a ninguno de los contendientes, pues el organismo pasó a estar bajo el control directo del Estado Mayor Conjunto dirigido por el almirante Teodoro López Calderón.

En el Ejército del Aire aún escocía en ese momento que Defensa autorizase en 2013, por orden de Pedro Morenés, la creación de una Academia de Aviación dentro del Ejército de Tierra, un centro docente que imparte «formación y perfeccionamiento del personal que se requiera con alguna titulación aeronáutica», según se admite en la propia web. Desde entonces, existía una cierta sensación de agravio en el Ejército del Aire, donde siempre consideraron que tendrían que tener más peso en la ciberseguridad, ya que han estado a la vanguardia en este área. Por ejemplo, la dirección de ciberdefensa del Ejército del Aire se creó antes que el MCCE.

Además, cuando el Consejo de Ministros modificó en septiembre de 2021 el Reglamento de Especialidades Fundamentales de las Fuerzas Armadas, se incluyó en el Aire la creación de la especialidad de Ciberespacio para la escala de oficiales. Es el único de los tres ejércitos que lo tiene, al entenderse que la ciberseguridad es crítica para poder mantener las operaciones aéreas debido a la dependencia de la tecnología para ser operativo.

En el Ejército del Aire, según recordó el diario especializado Escudo Digital, precisan de sistemas de apoyo y logísticos relacionados con la informática, así como los propios aviones. Un A400, por ejemplo, tiene casi cien ordenadores y un Eurofighter, en torno a 75, que están orientados a temas muy específicos de las naves aéreas: unos controlan los motores, otros los mandos y comunicaciones. Y todos ellos pueden ser susceptibles de sufrir ciberataques. Junto con la citada dirección de ciberdefensa, Aire creó por debajo de esta un Centro de Operaciones de la Seguridad (COS) y en 2019 estableció una unidad independiente denominada Centro de Apoyo Técnico Avanzado, que es el que se encarga de toda la ciberdefensa de este ejército, incluyendo sistemas de armas al margen de los informáticos al uso.

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