Del Nodio kirchnerista al Hodio de Sánchez: Moncloa se inspira en una fallida idea argentina
El observatorio creado en Argentina en 2020 generó críticas y apenas tuvo actividad posterior

El expresidente de Argentina Alberto Fernández junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en junio de 2021.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado la creación de Hodio, una herramienta destinada a medir el discurso de odio y la polarización en redes sociales. El sistema pretende analizar cómo se difunden determinados mensajes en plataformas digitales y elaborar informes sobre la conversación pública en internet.
La iniciativa española tiene un antecedente cercano en América Latina, según ha constatado THE OBJECTIVE. Hace seis años, en 2020, Argentina puso en marcha Nodio, un observatorio destinado a analizar la desinformación y la llamada «violencia simbólica» en medios y plataformas digitales. El proyecto se impulsó durante el mandato del presidente argentino Alberto Fernández y dependía de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual. Fernández gobernaba entonces dentro de una coalición peronista con fuerte presencia del kirchnerismo y con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta.
Las similitudes empiezan por el propio lenguaje. Mientras que Nodio jugaba con la expresión «no odio», el sistema anunciado en España se articula alrededor del acrónimo Hodio, Huella del Odio. En ambos casos, el término odio se sitúa en el centro del concepto institucional y del mensaje político que acompaña a la iniciativa.
Del Nodio al Hodio
Más allá del acrónimo, los dos sistemas parten de una lógica parecida: estudiar cómo se comporta el debate digital. El observatorio argentino buscaba analizar la difusión de desinformación y narrativas consideradas violentas o discriminatorias en medios y redes sociales. El proyecto español pretende medir la presencia del discurso de odio y su amplificación en plataformas digitales a través del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia.
El lanzamiento de Nodio en 2020 generó una intensa discusión política y mediática en Argentina. Diversas asociaciones periodísticas y dirigentes de la oposición denunciaron que el observatorio podía convertirse en una forma de supervisión estatal del discurso mediático. La Inter American Press Association expresó entonces su preocupación por el posible impacto que un organismo de este tipo podría tener sobre la libertad de expresión.
Las críticas se centraban en una cuestión de fondo: si un organismo público debía analizar qué contenidos podían considerarse desinformación o violencia simbólica. Para sus detractores, esa función podía abrir la puerta a que el Estado actuara como árbitro del debate público.
Escasa actividad y sin resultados visibles
Los responsables del proyecto, que ahora copia Pedro Sánchez con Hodio, defendieron que su función era únicamente analítica y que el observatorio no tenía capacidad sancionadora ni pretendía censurar contenidos. Según sus impulsores, el objetivo era estudiar fenómenos como la desinformación digital o la difusión de discursos discriminatorios desde una perspectiva académica.
Sin embargo, tras la polémica inicial, el observatorio tuvo una actividad pública limitada. Apenas publicó informes con repercusión ni generó estudios que influyeran de forma significativa en el debate público argentino. Con el paso del tiempo, el proyecto perdió protagonismo y quedó como un intento que se diluyó tras las críticas iniciales.
El caso argentino no fue el único intento de abordar la desinformación digital desde instituciones públicas. Así, en distintos países de América Latina surgieron iniciativas similares vinculadas a procesos electorales y a la preocupación por la circulación de campañas coordinadas en redes sociales.
También en México y Brasil
En México, durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, el Instituto Nacional Electoral desarrolló sistemas de análisis para detectar bots y campañas digitales durante procesos electorales. En Brasil, el Tribunal Superior Eleitoral impulsó programas destinados a estudiar la circulación de desinformación en las campañas que enfrentaron a Jair Bolsonaro con Luiz Inácio Lula da Silva.
La preocupación por el discurso de odio y la desinformación también ha sido abordada en Europa. Desde 2016, la Comisión Europea promueve iniciativas para monitorizar el discurso ilegal de odio en internet y fomentar la cooperación con plataformas digitales. En ese contexto se sitúa ahora Hodio, la iniciativa española. El Gobierno sostiene que Hodio permitirá medir con datos la presencia del discurso de odio en redes sociales. También busca analizar cómo se amplifica en el espacio digital.
Pero el precedente argentino muestra que este tipo de iniciativas suelen abrir un debate inevitable. Para sus defensores, herramientas como Hodio permiten estudiar con mayor precisión fenómenos que influyen cada vez más en la vida política y social. Para sus críticos, en cambio, el análisis institucional del discurso público puede abrir la puerta a que el Estado termine desempeñando un papel excesivo en la conversación digital.
Objetivo: vigilar el discurso de odio
Seis años después del lanzamiento de Nodio en Argentina, el debate sobre cómo analizar la desinformación y el discurso de odio en internet vuelve a aparecer con la iniciativa española. Mientras el Gobierno sostiene que Hodio permitirá estudiar con datos la circulación de estos contenidos en redes sociales, la experiencia de otros países muestra que este tipo de herramientas suele ir acompañado de discusiones sobre su alcance, su utilidad y el papel que deben desempeñar las instituciones públicas en el análisis del debate digital.
