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Todos los partidos que apoyan al Gobierno pierden votos, excepto Bildu

En la traducción a escaños, se mantiene la mayoría de centro derecha: PP y Vox suman una estimación de 202

Todos los partidos que apoyan al Gobierno pierden votos, excepto Bildu

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe a la portavoz de EH Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua, en el Palacio de la Moncloa. | Europa Press

Todos los integrantes de la mayoría de la investidura menos Bildu pierden votos y escaños. Solo confían en que la aversión a un gobierno con Vox les permita recuperar espacio y en que el PP cometa errores (en julio tuvo ganadas las elecciones). Puede que la esperanza sea vana, lo que está pasando es estructural. Pero todo puede ocurrir, claro.

Desde el 20 de enero, el día de la toma de posesión de Trump, Europa se da de bruces con su posición marginal. La economía europea, la percepción de la realidad y las perspectivas de futuro de los europeos están sumidas en un clima depresivo. La política lo refleja, aunque se desarrolle en temas que aparentemente nada tienen que ver. Pero la tensión se transmite a todo. Acaso la reflexión sea que los discursos políticos en España no reflejan la realidad, sino escenas de kabuki, choques entre instituciones, un rosario de casos turbios y la degradación de lo público: la gestión de la riada, los incendios y los problemas en Sanidad con las mamografías son las puntas del iceberg.

En octubre/noviembre la tensión política se disparó. Fue el preludio de lo que se vino encima tras la sentencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo sobre la filtración de la inspección fiscal al novio de Ayuso desde la Fiscalía General del Estado, o no. Pocas veces la interpretación de los mismos acontecimientos ha sido más opuesta. En minutos, la opinión publicada se dividió en dos mitades. El Gobierno, el PSOE y sus asociados salieron en defensa del fiscal general; la oposición, sobre todo Ayuso, declaró su victoria. Desde medios próximos al Gobierno se dictaminó un golpe de Estado judicial y se señaló al magistrado Marchena como el motor de la sentencia que impuso su criterio a los demás magistrados, menos dos. El presidente del Gobierno, y no el interesado, anunció ya un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. Se busca un choque entre instituciones.

Esto ocurría tras semanas tensas, quizá condensadas en las comparecencias de Mazón, objeto en el Congreso de una sesión sin precedentes, que resucitó los jabalíes a que se refirió Ortega y Gasset en la sesión de Cortes del 30 de julio de 1931. Se pueden decir las cosas de muchas maneras, pero se trataba de elevar el tono.

La tensión es alta porque se mueven las bases sociales de todos los partidos, y sus direcciones no saben cómo afrontarlo. Vox lo tiene fácil, va con el viento a favor.

Los ataques frontales compactan al adversario. Tomando la intención de voto a los partidos como indicador, apenas hay variación entre octubre y noviembre (según nuestras propias estimaciones a partir de los datos de las encuestas del CIS, sin tomar en consideración sus estimaciones). Es un frente estabilizado. La idea de todos parece ser romperlo por pura presión. No es muy sutil.

Sobre la intención de voto operan dos mecánicas, reflejadas en el gráfico siguiente. Por un lado, la refriega en el escenario de la política entre el PP y el PSOE. Ahí, en octubre y comienzos de noviembre, el PP recuperó apoyos, mientras el PSOE descendió, pero en proporciones mínimas. La distancia en votos válidos se habría ampliado ligeramente, hasta el 4,7% (más o menos: 32,5% vs. 27,8%, respectivamente).

La otra mecánica, de fondo, opera entre los jóvenes, sobre todo los varones. El descontento y la «rebeldía» han cambiado de lado, y de significado. Quienes se van sintiendo postergados por la nueva sociedad que emerge se deslizan hacia Vox. Integrantes de unas generaciones que se sienten bloqueadas y desorganizadas, sin fuerzas para revertir un destino que adivinan en declive: vivir peor que sus padres. A Vox le basta con enunciar los problemas, no necesita proponer soluciones (vivienda, bajos ingresos de quienes trabajan a esas edades, protagonismo social de las mujeres en los medios y en las empresas, competencia con inmigrantes por puestos de trabajo de baja o mediana cualificación…). Con enunciar esto basta, porque PP y PSOE están ocupados acusándose recíprocamente de los problemas que salpican la superficie política. El resultado es que Vox crece desde hace año y medio.

Gráfico: Alejandra Svriz.

Sumar y Podemos se disputan el electorado de Sumar de 2023, en un reparto en el que también participa el PSOE. La paz en Gaza les ha dejado sin combustible. Y no van a protestar porque Rusia acabe imponiendo sus condiciones a Ucrania. La vida está llena de contradicciones.

La situación es tan abrasiva que todos pierden, menos Vox:

  • Casi 200.000 votantes del PSOE en 2023 declaran ahora que votarán al PP. Y otros 150.000 lo harían por Vox. Esta corriente del PSOE hacia Vox empezó a detectarse en octubre.
  • El 31,2% de los nuevos votantes votaría por Vox.
  • En el centroderecha, Vox atrae casi 1,3 millones de votantes del PP en 2023, pero el PP solo a 150.000 que votaron a Vox. El intercambio entre los dos partidos de centroderecha se inclina hacia Vox paulatinamente.
  • Junts sufre un gran desgaste, solo el 56% de sus votantes en 2023 volvería a votarlo. En Cataluña hay una transferencia a Alianza Catalana (CEO de Cataluña), que no aparece en el ámbito nacional, pero se clarea que el 40% de sus votantes votaría a otros partidos o se abstendrá.
  • En el País Vasco y Navarra la intención de voto se orienta paulatinamente hacia Bildu, dejando atrás al PNV.
  • Tal como están las cosas, Junts y PNV perderían sus grupos parlamentarios.
Gráfico: Alejandra Svriz.

La traducción a escaños es que se mantiene la posible mayoría de centro derecha: PP y Vox suman una estimación de 202 escaños. En realidad, el único que crece es Vox, de 33 a 64 escaños. El PP ganaría 1. El PSOE se situaría en 108, suficiente para que no se mueva nada en el partido, se pueda mantener la expectativa de ganar algún escaño y Sánchez siga a flote y supere la expectativa de 100 escaños, por debajo de la que se desencadenaría el pánico en su grupo. La pregunta es si el PP está al borde de una victoria pírrica: como Pirro al ver el campo tras la batalla, puede pensar: «Otra victoria como la que se dibuja y no necesitaremos una derrota».

Gráfico: Alejandra Svriz

Bajo estas cifras hay un realineamiento generacional. La comparación permanente entre las pensiones y los salarios de los jóvenes, de sus diferencias patrimoniales, el acceso a la vivienda, etc., está alimentando lo que va a ser una pugna generacional.

En Vox recalan sobre todo hombres jóvenes, menores de 45 años: con niveles profesionales y educativos medios, recelosos del papel social de las mujeres —derivado de su mayor rendimiento académico en las últimas décadas—, reactivos ante (lo que consideran) una saturación de discursos antimachistas o feministas, en competencia con inmigrantes por empleos de mediana cualificación, con expectativas de futuro sombrías, adictos a las redes sociales que les proporcionan la información que necesitan traducida a teorías conspirativas, que han encontrado en Vox y la extrema derecha el recipiente al que volcar sus frustraciones colectivas y una estética y discurso atractivos que les proporcionan identidad y cohesión. Una vertiente de este discurso es la visión idealizada de un pasado que no conocieron, pero tal vez fuera evocado en ámbitos familiares, que sirve como reacción contra el Gobierno. La ‘resurrección’ de Franco ha dado la oportunidad a estos sectores de una reinterpretación antisistema.

El PSOE gravita sobre dos ejes: el compromiso con la socialdemocracia y el socialismo de los mayores de 50 años que vivieron la Transición y beneficiarios del Estado del Bienestar, con un gran número de pensionistas y en edad de prejubilación. Su electorado sigue siendo mayoritariamente femenino, aunque menos que hace unos meses, con fuerte presencia de mujeres mayores. Es sorprendente en este electorado su deslizamiento hacia la izquierda: se sitúa en el 3,2 en la escala de 1 a 10 (izquierda-derecha), bastante alejado del centro, ocupando el territorio ideológico de Sumar o Podemos.

El PSOE, la extrema izquierda y los nacionalistas componen un conglomerado que encabeza Sánchez, candidato preferido para la presidencia del Gobierno para todos ellos. Cada vez más integrado.

El PP se mueve entremedias de estos espacios. Sus apoyos proceden de las clases y generaciones intermedias, en edades activas y con sentimiento de ser «explotados» fiscalmente. Es el electorado al que apoyan los sectores más acomodados, con mayores niveles de formación y puestos de responsabilidad en las empresas.    

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