The Objective
Entrevista

Alfonso Dastis: «España está aislada en la Unión Europea y su imagen se ha deteriorado»

El exministro de Asuntos Exteriores en el Gobierno de Rajoy apuesta por una política exterior «consensuada»

Alfonso Dastis (Jerez de la Frontera, 1955), exministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de Mariano Rajoy entre 2016 y 2018, lamenta el aislamiento de España en la Unión Europa, como consecuencia de las decisiones adoptadas por Pedro Sánchez, atrapado por la presión de los grupos de izquierda e independentistas que sustentaron su investidura. Una coalición, dice, «frágil y antinatura». El diplomático, que acaba de jubilarse después de estar al frente de la embajada en Hungría, asegura, en una entrevista concedida a THE OBJECTIVE, que «la imagen de España se ha deteriorado» y que restaurarla «no será fácil». El primer paso sería tener una política exterior consensuada, menos partidista y con más altura de Estado, y abandonar la polarización.

PREGUNTA.- Sus últimos destinos, antes de la jubilación, han sido Italia y Hungría. ¿Qué país dejó en 2018 y qué España se ha encontrado ahora, a su regreso?

RESPUESTA.- Citando a quien fue mi jefe, Mariano Rajoy, dejamos una España mejor de la que nos habíamos encontrado y ahora nos encontramos con una España peor que la que dejamos. Una España en la que la crispación y el enfrentamiento político están a la orden del día y en la que, desgraciadamente, parece que sobrevive un ánimo guerracivilista que no coincide con el sentir de la mayoría de los españoles. Una España caracterizada por la división y la polarización, y una crispación que, al menos en parte, se debe a la actuación del Gobierno y de sus socios de coalición. Una coalición frágil y antinatura. 

P.- ¿Qué imagen se tenía de España en el exterior y qué imagen se tiene ahora, con un Gobierno apoyado por la extrema izquierda, los independentistas y los herederos de ETA? 

R.- La imagen de España, que es un país muy atractivo y que tiene unos atributos que lo hacen realmente apetecible para mucha gente, se ha deteriorado, no tanto por los españoles como por una actuación de un Gobierno basada, efectivamente, en unas fuerzas políticas, aparte del PSOE, que desean la fragmentación de España. Por lo tanto, carece de la cohesión y de la solidez que habría que tener para desempeñar un papel importante en la escena internacional. En vez de adoptar una política exterior de Estado consensuada, el Gobierno ha optado por escorarse a la izquierda y subordinar su política internacional a sus intereses de política interna. Para mantener tranquilos a sus socios de coalición, está adoptando posiciones que nos hacen reducir nuestra capacidad de influencia. España ahora mismo se encuentra bastante aislada en la UE y en el Consejo Europeo. Sánchez tiene dos socios estratégicos, Malta y Dinamarca, si bien la política de la socialdemocracia danesa no tiene que nada que ver con la del PSOE. Aunque es verdad que por el propio peso de España, y por su historia, tenemos que seguir figurando entre los países líderes de la UE, el peso ha descendido relativamente. 

P.- ¿El ambiente de polarización que se vive en España es una excepción o también lo ha percibido en otros países de la Unión Europea?

R.- El problema no es solo de España. En España se acentúa porque es un país complejo, con una historia también compleja, donde las tensiones centrífugas no son nuevas. El clima de enfrentamiento se puede observar en un buen número de países de la Unión Europea, y también fuera. El caso paradigmático es el de Estados Unidos. 

P.- ¿Si Pedro Sánchez sigue al frente del Gobierno, la pérdida del peso internacional de España será imparable?

R.- No creo que sea imparable, depende de las decisiones que se vayan tomando. Es posible que el Gobierno de España pueda cambiar la orientación, relativizarla. Los desafíos en el mundo son enormes, y el Gobierno tiene que ponerse del lado de aquellos que defienden un papel más relevante en Europa, en su seguridad y defensa. España siempre ha estado entre los grandes defensores de mayor integración, pero una cosa es lo que uno dice y otra lo que hace. Debemos matizar nuestra actuación y nuestra reacción ante determinados problemas que nos aíslan del núcleo duro, de quienes están tomando las decisiones en Europa. 

«No será fácil restaurar el peso de España en el mundo»

P.- ¿Influye en ese aislamiento en Europa la resistencia a incrementar el gasto en Defensa, como pide la OTAN?

R.- España estaba a la cola en gasto militar en la OTAN. ¿Cuál es el problema? El argumento de que no se puede cuantificar nuestra aportación a la Unión Europea únicamente en términos económicos y militares, porque también participamos en todas las misiones y somos un país activo. En un mundo en el que crecen las amenazas, el gasto militar debe aumentar. Por razones de política interna, de los socios que tiene el Gobierno, Sánchez ha decidido escenificar un rechazo a aumentar las aportaciones a la OTAN, y defender que, con el 2%, nos basta y nos sobra. Dentro de una alianza de socios que tratan de llevarse bien entre ellos, lo inteligente es buscar una solución compartida. Y, a veces, las disensiones hay que acallarlas un poco, pero nuestro Gobierno ha decidido darles altavoz y aumentar las trabas. Eso, inevitablemente, genera malestar en los socios, que no entienden por qué, en lugar de contribuir a una visión común, hay que resaltar los desacuerdos.

P.- ¿España ha dejado de tener ese papel relevante en América Latina al apoyar regímenes como Cuba o Venezuela, y otros Gobiernos de la izquierda bolivariana?

R.- América Latina, como decía Enrique Iglesias, es un trastorno bipolar y cuanto más o menos te enemistes con un grupo de países, puedes estar fortaleciendo tus relaciones con otros. No me encuentro entre los defensores de las repúblicas bolivarianas. El Gobierno español sigue teniendo buenas alianzas con los Gobiernos de izquierdas, pero está perdiendo peso en otros que están escorando hacia la derecha. España siempre va a tener un papel importante en América Latina, por razones históricas, sociológicas, pero a mí me gustaría que fuera un papel, en estos momentos, más decidido en defensa de la libertad. No creo que este sea el rasgo más representativo de la política española actual. 

Alfonso Dastis. | Carmen Suárez

P.- ¿Los vínculos del Gobierno español con la dictadura de Maduro han contribuido a ese deterioro?

R.- Es verdad que España no ha condenado la toma del poder de Maduro después de las últimas elecciones, que no estaba refrendada en las urnas. No se ha distinguido por un apoyo a la oposición, que lo demandaba. Con la actuación del señor Trump en Venezuela y la extracción de Maduro, de una manera no conforme con el derecho internacional, el Gobierno de España ve que su posición no se deteriora, porque puede condenar tanto una cosa como la otra, y está tratando de jugar ahora un papel, desde mi punto de vista, discutible. El Gobierno español tiene que tomar una posición más decidida en defensa del restablecimiento de la democracia en Venezuela, de elecciones libres, limpias y rápidas. Y eso no lo está haciendo.

P.- ¿Cómo afecta a la política exterior que España esté en el punto de mira del presidente Trump?

R.- No nos beneficia a escala internacional. ¿A escala interna? Depende para quién. En España ha habido históricamente un cierto antiamericanismo, que ahora está multiplicado por la personalidad histriónica del presidente de Estados Unidos. Entonces, desde el punto de vista de política interna, paradójicamente, igual no le viene nada mal al Gobierno actual y al presidente Sánchez. Lo que pasa es que las razones que hacen a Trump criticar a España, aunque sea exagerado, tienen a veces su justificación. 

P.- Sánchez ha aprobado la regularización de más de 500.000 inmigrantes ¿Esta medida va en contra del Pacto europeo sobre Migración y Asilo? ¿Va por libre el presidente del Gobierno en política de inmigración, sin contar con Europa?

R.- Esa medida va en dirección contraria a la que están adoptando la mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea. El Pacto de Inmigración y Asilo, por el que España trabajó mucho, no había entrado en vigor cuando ya se le han introducido una serie de reformas para restringir las políticas migratorias. Desde ese punto de vista, efectivamente, España va por libre. La regularización masiva tiene un problema serio que es el efecto llamada. Eso es indiscutible. Si hay una serie de personas que están en España trabajando, de manera ilegal, y tienen ya un arraigo, no me parece mal que se les regularice de manera ordenada. Pero estas medidas indiscriminadas no son las más adecuadas. Yo no tengo una visión negativa de la inmigración, sobre todo en el marco de la crisis demográfica. Tenemos una ventaja, un vivero de inmigrantes en América Latina que se pueden integrar perfectamente y que son los que están contribuyendo al crecimiento económico de España. A nosotros los inmigrantes nos están aportando. Lo que pasa es que es una cuestión que genera división y habría que gestionarlo de una manera más razonable y consensuada, y no con medidas masivas que, en el fondo, pretenden o, por lo menos, van a lograr mayor crispación política. 

P.- ¿Europa puede frenar esta regularización masiva, llamar la atención a España?

R.- La Unión Europea no lo va a frenar. Las instituciones tratan de no resaltar las divisiones entre los Estados miembros, pero sí nos vamos a ganar las crítica de nuestros socios, que en su mayoría están adoptando políticas cada vez más restrictivas. Yo estaba de embajador ante los Países Bajos cuando hubo la regularización masiva del entonces presidente Zapatero, y me convocaron para que les explicara por qué aplicábamos una medida que generaba un efecto llamada. Lo que le preocupa a nuestros socios es que esos inmigrantes se distribuyan por sus países. Esas críticas tienen justificación y habría que haberlo gestionado de otra manera. 

«Es lamentable que en España sobreviva el ánimo guerracivilista»

P.- La Asociación de Diplomáticos Españoles ha denunciado la «falta de transparencia» en el nombramiento de embajadores por parte del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. De 42 nombramientos, 28 corresponden a vacantes no anunciadas, lo que se dice «embajadores a dedo» ¿Comparte esta crítica?

R.- Es un tema delicado. Yo fui presidente de esa asociación y también tuve mis desencuentros con el entonces ministro Moratinos. He tratado de mantenerme al margen de las polémicas internas del ministerio, pero por lo que me cuentan y lo que leo en la prensa, efectivamente, la transparencia no es, digamos, la cualidad que más adorna a las autoridades del ministerio y, en primer lugar, a su ministro. Los embajadores se nombran por el Consejo de Ministros, a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores. Hasta este último Gobierno se aplicaba un sistema llamado «el bombo»: en el mes de octubre salían las vacantes de la gran mayoría de las embajadas para el año siguiente y se permitía a los diplomáticos optar por un destino. Luego se hacía una terna para cada embajada y se sometían al ministro, que elegía. Siempre había embajadas que el Gobierno se reservaba: Londres, Unión Europea, Estados Unidos… Ahora, esas excepciones se han convertido en la regla. Este año, ni siquiera ha habido esa oferta pública para que los diplomáticos expresen sus preferencias. Creo que no es una buena noticia. 

P.- Esta asociación incluso habla de miedo en el ministerio a la hora de hablar. ¿Ha experimentado esa sensación como embajador con el Gobierno de Sánchez?

R.- No he tenido una indicación que me haya creado un problema de conciencia, no sé si ha sido deferencia por mi condición de exministro. He tenido compañeros que sí me han comentado que el actual ministro tiene una visión demasiado micromanagement de la carrera. Pero no solo eso, también de la comunicación: se han dado casos de que a embajadores no se les ha permitido escribir un artículo en la prensa, ni hacer declaraciones. Si un embajador no puede expresarse en los medios del país ante el que está acreditado, su labor queda realmente coartada, y eso creo que tampoco es positivo. Yo creo que los embajadores deben contribuir a difundir la imagen y la política del Gobierno y no dejar hablar, no dejar escribir, no dejar manifestarse hace que, de alguna manera, cunda el miedo. 

P.- ¿Albares es un ministro de Exteriores más de partido que de Estado?

R.- Yo creo que sí, pero no es una cuestión exclusivamente de Albares. Desgraciadamente, el Gobierno actual siempre ha puesto al partido por delante del Estado.

Alfonso Dastis. | Carmen Suárez

P.- ¿El hecho de haber sido ministro de Asuntos Exteriores con el Gobierno del Partido Popular le ha ocasionado algún problema en su cargo de embajador del Ejecutivo de Sánchez?

R.- Yo me considero bien tratado, relativamente. Mi sucesor, Josep Borrell, me nombró embajador en Roma, que es un sitio fantástico. Posteriormente, el actual ministro me volvió a dar una jefatura de misión, esta vez en Hungría. Que yo me haya podido sentir un poco, digamos, apartado, marginado, pues quizás sí. Hasta cierto punto es comprensible que un Gobierno prefiera tener a gente que considere más fiel en los puestos claves.

P.- ¿La crisis del sistema ferroviario, con el grave accidente en la alta velocidad, puede contribuir a empeorar la imagen de España?

R.- Me temo que sí. Sobre todo cuando hemos puesto tanto énfasis en que teníamos uno de los mejores sistemas ferroviarios del mundo, el segundo en extensión, después de China. A la hora de la verdad no hay que presumir, hay que cumplir. Y sospecho que el Gobierno no ha cumplido con las exigencias de mantenimiento de ese sistema ferroviario y, además, lo ha tratado de ocultar. Este Gobierno tiene una relación incómoda con la verdad. 

P.- Si el Partido Popular consigue llegar a la Moncloa, ¿le será difícil restaurar la posición de España en el mundo?

R.- Fácil no va a ser, pero yo confío en que se podrá hacer. España tiene unos atributos y unas fortalezas que hacen que, en cuanto la política no esté orientada simplemente a confrontar, a crispar, pueda recobrar ese papel que le corresponde. Una nación pesa en el exterior cuando en el interior tiene un Gobierno y unas autoridades cohesionadas, que defienden un país fuerte y unido. Salir de la polarización e instaurar una política de sentido común y de consenso va a coadyuvar, sin la menor duda. Otra cosa es que se logre.

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