The Objective
Política

Sánchez retrasa el comité federal para frenar el «clamor» contra los candidatos de Moncloa

Aumentan las voces que piden cambiar la estrategia de nombrar a ministros que «sólo lleva al precipicio»

Sánchez retrasa el comité federal para frenar el «clamor» contra los candidatos de Moncloa

Pedro Sánchez junto a María Jesús Montero. | EP

El PSOE está en plena efervescencia interna tras los resultados de Castilla y León. A medida que pasan las horas, son más los dirigentes que se suman al reconocimiento de que el resultado del 15-M es «muy jodido» y que aporta matices que no permiten precisamente albergar optimismo de cara a futuras convocatorias electorales. Según las fuentes socialistas consultadas por THE OBJECTIVE, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, está retrasando la convocatoria del comité federal del partido, que no se reúne desde julio del año pasado, cuando se frustró el nombramiento de Paco Salazar como adjunto a la secretaría de Organización y se remodeló a la actual Ejecutiva federal. El motivo es contener el «clamor» interno para cambiar la estrategia de Moncloa y Ferraz de nombrar a ministros candidatos que «sólo lleva al precipicio».

El máximo órgano entre congresos solía reunirse un mínimo de dos veces al año y, según el artículo 35 de su reglamento interno, entre sus funciones está la aprobación de las listas de candidatos, el seguimiento de la labor del Gobierno y el desarrollo legislativo y establecer las líneas fundamentales de la política electoral del partido. Sin embargo, Ferraz no convocó al órgano para analizar los últimos resultados electorales —como era costumbre— tras las elecciones en Extremadura (21 de diciembre), ni las de Aragón (8 de febrero). Ahora, sectores del PSOE están intentando que se convoque al Comité Federal para aprobar el calendario de la aprobación de los candidatos a las elecciones municipales de 2027, cuyo proceso se inicia en los territorios a la vuelta del verano, en el mes de septiembre.

Sin embargo, fuentes socialistas explican a este periódico que los planes de Pedro Sánchez son retrasar la convocatoria del máximo órgano entre congresos hasta después de las elecciones andaluzas, que se barajan para el domingo 31 de mayo. El objetivo sería evitar el cuestionamiento de su estrategia electoral en los territorios y, más concretamente, su injerencia en Andalucía con el ‘dedazo’ en la elección de María Jesús Montero como candidata a la Junta. La elección forzada de Montero para Andalucía, en contra de sus propios deseos personales, es especialmente delicada para Moncloa y Ferraz porque se trata de la vicepresidenta primera del Ejecutivo, ministra de Hacienda y vicesecretaria general del PSOE.

«Alerta máxima» en Andalucía

La número dos de Sánchez, a todos los efectos y en todos los espacios políticos, no abandonará sus responsabilidades hasta después de Semana Santa, tal y como ella misma reveló recientemente. Una resistencia a dedicarse a la candidatura que le ha granjeado las críticas del PSOE andaluz por ser «candidata de fin de semana» desde hace un año, cuando fue elegida secretaria general en el PSOE andaluz, que sigue generando malestar en lo que antaño fue el granero de votos del PSOE y la federación más numerosa del partido socialista. Las perspectivas demoscópicas son devastadoras y se habla ya de «cataclismo» electoral, que en el mejor de los casos quedaría por debajo de los 20 escaños que sacó Juan Espadas hace cuatro años y que constituyó el mayor fracaso histórico del PSOE en Andalucía.

Tras la debacle en Extremadura y la derrota en Aragón, Castilla y León ha roto una tendencia de fracasos históricos que podría generar un efecto ilusorio de cara a los comicios andaluces que serán «la madre de todas las batallas». En el PSOE se habla de «alerta máxima» en Andalucía por la dimensión de la esperada derrota. Tanto es así que los críticos creen que «Pedro Sánchez debería haber convocado las elecciones generales con las andaluzas para intentar movilizar al electorado y favorecer a su candidata». Algo que le habría pedido la propia Montero y que habría sido desoído por el presidente del Gobierno, según las fuentes consultadas por este periódico.

El malestar va in crescendo en las últimas horas y, aunque solo se manifiesta en chats privados y foros ajenos a la dirección del partido, se ha generalizado la crítica en torno a la estrategia de Moncloa de los ‘ministros candidatos’, que se ha demostrado una maniobra fallida con Pilar Alegría en Aragón. Los movimientos internos están encaminados a impedir que prosperen las candidaturas de otros ministros como Óscar López en Madrid y Diana Morant en Valencia, pero se da por descontado que «ya es demasiado tarde para cambiar a Montero», que tendría que ser designada por la ejecutiva regional del PSOE andaluz y ratificada por el Comité Director del partido en el mes de abril, si se disuelve el parlamento andaluz a principios de mes para que las elecciones se celebren a finales de mayo.

El «espejismo» de Castilla y León

El miedo a un nuevo fracaso se ha disparado en el PSOE tras concurrir en Castilla y León una doble circunstancia letal para el PSOE: que a Pedro Sánchez «no le ha salido» la estrategia de inflar a Vox como para poner en peligro la mayoría del PP, y que el PSOE no es capaz de aglutinar el voto a su izquierda que «no se lo ha llevado nadie» y se queda sin representación. El resultado es un «fracaso absoluto», una merma del espacio de la izquierda que contrasta con un bloque de derechas que cada vez suma más» y deja prácticamente sin opciones a Pedro Sánchez para conformar una mayoría alternativa.

Desde la noche electoral en Castilla y León, son muchos los cargos socialistas que suscriben las tesis de que el PSOE debe admitir que ni el resultado de Carlos Martínez es imputable a la dirección nacional de Moncloa y Ferraz, ni es tampoco un buen resultado. «El ‘no a la guerra’ no ha funcionado y sólo hemos sacado dos escaños más por el aumento de la población en Segovia (con menos porcentaje de voto) y por la campaña del candidato del ‘terruño’ en Soria. ¿Nos vamos a conformar con no habernos desplomado?», se pregunta un dirigente territorial.

Si a eso se le suma haber dejado de ser primera fuerza en Valladolid, la ciudad más poblada de Castilla y León, Burgos y Palencia, «no sé qué coño estamos celebrando», se queja otra dirigente socialista. El espejismo se desvanece al hablar del resto de los integrantes del bloque de las izquierdas: «Todos los socios del Gobierno menos Bildu están en caída libre». Un hundimiento que atribuyen al efecto «radioactivo» de Pedro Sánchez en su estrategia de fagocitar a todas las formaciones a su izquierda para compensar la pérdida del centro político que le ha abandonado buscando refugio en el PP. Algunos creen que ahí está la explicación de los cuatro puntos de subida del PP que no detectaron los sondeos porque «seguramente ahí no sólo hay votantes de Podemos, sino también del PSOE». Y en este escenario «solo aspiramos a no irnos a los infiernos».

Publicidad