El 'Guernica', una reivindicación imposible que sirve de coartada para la nueva bronca política
El traslado de la obra de Picasso reabre una brecha entre Gobierno y PNV y amplía la de los nacionalistas con el PP

Igotz López. | Grupo EAJ-PNV Senado
El PNV acelera en su ofensiva para lograr el traslado del Guernica al País Vasco y en las últimas horas ha llevado al Senado una petición al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, para que explique «por qué se niega a estudiar las condiciones necesarias» para materializar la reivindicación del Gobierno Vasco.
La pregunta, incluida de urgencia en el orden del día del Pleno de la Cámara Alta, amplía la brecha entre el Ejecutivo y el PNV, formación clave para la estabilidad parlamentaria en el Gobierno de Pedro Sánchez. El Grupo Vasco ha decidido elevar la reclamación realizada por el lehendakari, Imanol Pradales, de trasladar el simbólico cuadro para exponerlo durante nueve meses en el museo Guggenheim de Bilbao con motivo del 90 aniversario tanto de la constitución del primer Ejecutivo autonómico como del propio bombardeo de la localidad que da nombre al cuadro.
El Gobierno vasco, liderado por el PNV, considera injustificada la actitud del Ministerio de Cultura con respecto al traslado del cuadro y le pide explicaciones sobre la negativa «a estudiar las condiciones necesarias para materializar el préstamo temporal». El ministro Ernest Urtasun, por su parte, insiste en los informes que desaconsejan el traslado: «Es una de las obras más frágiles del siglo XX y todos los técnicos coinciden en el diagnóstico», respondió a la pregunta del senador peneuvista Igotz López.
En este sentido, desde el Ejecutivo regional piden al ministerio de Urtasun que elabore un informe «posibilista, excepcional y de alto nivel, que analice si existen condiciones, medios técnicos y garantías para una cesión temporal y extraordinaria» de la obra de Picasso, aludiendo a una «voluntad política compartida». De este modo, el Ejecutivo autonómico pretende convertir una cuestión técnica en un asunto político apelando a tres elementos que comparte con el discurso del Gobierno central: «memoria, reconocimiento y reparación». Un guante recogido por Urtasun, que habla del compromiso de su ministerio con «la cohesión territorial a través de la cultura». No obstante, el compromiso en este caso se ve coartado por los informes técnicos. «Hay que escuchar a los expertos. Celebrar el 90 aniversario debe ser también hacer que esta obra pueda aguantar otros 90 años», sentenció el titular de Cultura.
De la «catetada» de Ayuso a la «fragilidad extrema» del cuadro
La polémica del Guernica se ha extendido en las últimas horas por el arco parlamentario. Desde el Partido Popular intentaron mantener un perfil técnico hasta la irrupción de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, calificando de «catetada» y «negocio político» las pretensiones de los nacionalistas vascos. La respuesta del presidente del PNV, Aitor Esteban, sirvió para ejemplificar el nuevo punto de fricción entre los nacionalistas y el principal partido de la oposición.
En rueda de prensa en Génova, el vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras de los populares, Juan Bravo, intentó aplacar los ánimos señalando que si los técnicos dicen que el Guernica de Pablo Picasso no debe viajar a Bilbao, los políticos tienen «poco más que opinar».
Una batalla política que ha eclipsado en parte los motivos técnicos que desaconsejan el traslado del Guernica. El propio departamento de conservación del Museo Reina Sofía, en el que está alojado el cuadro, advierte en un informe del mes de marzo del riesgo de daños estructurales que implica moverlo. Los técnicos señalan la «fragilidad extrema» de la obra debido a su historia de traslados previos (fue enrollado y desenrollado decenas de veces durante sus años de itinerancia mundial); así como el peligro que implican las vibraciones y movimientos, incluso los más leves, que sufriría durante un transporte.
El informe de expertos advierte de que cualquier alteración de este tipo en el cuadro podría causar nuevas grietas o desgarros «irreparables» en la capa pictórica, que ya cuenta con numerosas restauraciones históricas. Además, el propio museo recuerda que el Guernica tiene una prohibición permanente de préstamo por motivos de seguridad técnica, una postura que ha mantenido frente a todas las solicitudes recibidas desde su llegada a España en 1981, y especialmente desde su instalación en el Reina Sofía en 1992.
Previamente, la obra de Pablo Picasso estuvo en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York 42 años, desde 1939 hasta septiembre de 1981. El propio artista malagueño expresó su deseo de que la obra, creada en 1937, fuera alojada allí para protegerla tras el estallido de la II Guerra Mundial, permaneciendo bajo custodia del museo hasta que regresó a España.
En cualquier caso, la obra de Pablo Picasso siempre ha estado unida a la polémica. Más allá de su origen, no es la primera vez que el traslado del cuadro —y su rechazo— tiene un trasfondo político. Ya son varias las negativas históricas a su traslado en las últimas décadas. Una de ellas, en 1997, cuando el Gobierno vasco ya pidió que formara parte de la inauguración del Museo Guggenheim con la consiguiente polvareda política. En otras ocasiones, se ha denegado su traslado a otros países (como la propia petición del MoMa en en el año 2000). Incluso el propio Pablo Picasso se negó en vida a traslados de su obra como el que propuso Venezuela en el año 1948. Noventa años después de su creación, el Guernica sigue siendo un icono de los debates que mezclan cultura y política.
