
Post-turismo, pre-estupidez
Estos días de verano, ya en plena canícula, se está elevando el post-turismo a los altares de las tendencias. Según cuentan, consiste en hacer viajes sin el estrés de cumplir un programa implacable para completar todo-lo-que-hay-que-ver, y por supuesto fotografiarlo, sino viajar para disfrutar de la experiencia, ya sea sentarse en una terraza a probar un vino de la tierra o asistir a un espectáculo. Bien, sí, ¿pero esto es nuevo? Está bien que vaya cundiendo el gusto de viajar no por consumismo sino por placer, pero es algo tan viejo como el mundo. Ya lo predicaba Ibn Battuta. Suele suceder que descubrir nuevas tendencias sólo sea una coartada para inventar nuevas etiquetas.








