
Puigdemont asegura en Bélgica que irá "hasta el último rincón de Europa"
El expresidente Carles Puigdemont ha dicho hoy en su primera comparecencia tras volver a Bruselas que su viaje “no acaba aquí” y que irá “hasta el último rincón de Europa”

El expresidente Carles Puigdemont ha dicho hoy en su primera comparecencia tras volver a Bruselas que su viaje “no acaba aquí” y que irá “hasta el último rincón de Europa”

Hace tiempo advertí en Rac1 de que el procés se convertiría en lo más parecido a la Feria de Abril o los Sanfermines de Pamplona. Que veríamos gente manifestándose en la calle, votos en las urnas y mucho ruído. Pero que este ruído difícilmente se distinguiría de otros eventos de efervescencia colectiva como el de las Fallas de Valencia.

Andrés Rábago (Madrid, 1947) es un hombre templado. Lo conocemos como El Roto, como OPS, y es uno de los sátiros que ha marcado la España moderna, la que nació en los últimos años del franquismo y ha evolucionado sin parar hasta el país que somos ahora. Rábago recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2017, tiene los rasgos marcados, el pelo cano, una mirada imponente y un nuevo libro, Contra muros y banderas (Reservoir Books), a propósito del procés en Cataluña. “He dibujado desde niño, desde los seis años o así”, cuenta. “Comencé dibujando chistes porque cayó en mis manos un libro de Xaudaró, que me había regalado mi tío, y me fascinó. Supongo que fue el inicio de una profesión de la que he disfrutado mucho durante mucho tiempo”.

Conversamos con Daniel Gascón, quien en ‘El golpe posmoderno’ contextualiza hechos y cuestiona partes fundamentales del relato imperante en torno al procés.

El psiquiatra mexicano Juan Ramón de la Fuente, exsecretario de Salud de su país y exrector de la Universidad Nacional Autónoma de México -la mayor institución educativa de América Latina-, entiende las sociedades como organismos que se pueden someter a diagnóstico médico. Así, en su país encuentra “síntomas preocupantes, por ejemplo, el malestar generalizado” provocado por “la violencia, la corrupción, la impunidad…”, cuenta a The Objective en Casa de América, donde ha presentado su último libro, La sociedad dolida. El malestar ciudadano, donde desgrana precisamente ese tema. Todos esos factores, considera De la Fuente, van “condicionando un dolor que el organismo exprese su malestar”. Es en ese momento cuando hace el diagnóstico: “Desde esta perspectiva, uno puede ver a México como un organismo enfermo”. Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina -se celebrarán el 1 de julio-, De la Fuente encuentra que ” los cuatro candidatos que hay tienen promesas populistas”.

El continente europeo experimenta de nuevo el movimiento telúrico de los nacionalismos y Juan Claudio de Ramón recuerda el libro Un puente sobre el Drina.

El presidente del Parlamento Europeo, el italiano Antonio Tajani, ha defendido la unidad de Europa frente al nacionalismo y contra “quienes quieren levantar fronteras”, y ha asegurado que “defender su patria no es ser nacionalista”.

Hace unos días se inauguró en Gerona la plaza 1 de octubre, hasta entonces plaza de la Constitución. La alcaldesa Marta Madrenas (PDeCAT) encabezó la fiesta y descubrió una placa conmemorativa con el siguiente texto: “Durante el referéndum del 1 de Octubre de 2017, la ciudadanía de Girona sufrió la brutal agresión de las fuerzas de seguridad españolas cuando ejercía de forma libre y pacífica su derecho de voto. Esta plaza quiere dejar testimonio de admiración, memoria y recuerdo del digno comportamiento del pueblo y de su coraje”. Si existe una constante en el nacionalismo catalán es su capacidad de engrosar su colección de agravios; un acontecimiento tiene interés solo si es posible reinterpretarlo como un ultraje al pueblo, para posteriormente eslabonarlo a una tradición victimista: 1714, la Guerra Civil, la sentencia del Estatut, el 1-O, el 155 o el penalti en el último minuto. Esta tendencia no es anecdótica: responde a un modo muy concreto de entender la realidad y, por tanto, la política. Se trata de una arraigada cultura de la victimización.



El gobernante partido Fidesz, del polémico primer ministro, el conservador nacionalista, Viktor Orbán, ha logrado una victoria arrolladora en las elecciones generales de Hungría hoy, con el 48,9%, según el 95% de los votos escrutados.
Fíjense que pese a todo, soy favorable, como apunta David Rieff, a dosificar una buena cantidad de olvido para superar los traumas políticos del pasado. Pero aún sabiendo que el equilibrio entre justicia (memoria) y verdad (historia) es difícil de alcanzar, considero que solo un olvido compartido puede tener una cierta, y solo cierta, posibilidad de éxito. Aún estamos a tiempo de conseguirlo aunque, naturalmente, soy pesimista.

Desde hace siglos sabemos que aquellos que atentan contra la libertad, la democracia o la cultura lo suelen hacer en el nombre de estas, ya que cuando las palabras pierden su significado, los demagogos toman el poder. Así, el independentismo catalán logró, en su momento, disfrazar con ropajes democráticos lo que iba a ser un asalto a los derechos y las libertades de todos los catalanes. Y en eso siguen cuando nos pretenden vender su localismo iliberal con envoltorios cosmopolitas o humanistas.

El intento de subvertir el orden constitucional en Cataluña de hace unos meses se ha saldado, más allá de las responsabilidades penales que se han de determinar, con unas elecciones que vuelven a otorgar una mayoría parlamentaria al independentismo.

En el documental de La Pelota Vasca: la piel contra la piedra, de Julio Medem, hay una afirmación de Arnaldo Otegi que ilustra hasta qué punto el pensamiento reaccionario es consubstancial al nacionalismo. El exlíder de la izquierda abertzale reivindica que los vascos son los “últimos índigenas de Europa” y confiesa que el día que en su tierra “se coma en hamburgueserías”, “se oiga música rock americana”, “todo el mundo vista ropa americana” y “esté en vez de contemplando los montes funcionando con internet”, será “un día tan aburrido que no merecerá la pena vivir”.
A propósito de la gala de los premios Goya que se celebró el pasado sábado, un veterano y conocido locutor de informativos radiofónicos “lo ha petado en las redes”, lo “petó” ayer en las redes, con unas frases que pronunció durante el llamado “comentario editorial” –o sea un discurso que se pronuncia antes de dar paso a las noticias propiamente dichas-.

Es cierto que con Aznar ondeó el trapo de Colón y muchos perdieron complejos nacionales, algunos incluso pasándose de la raya en su salida del armario. Pero más allá de la anécdota y de algún titular torero de Wert, no existe el nacionalismo español ni se le espera.

Hace cinco siglos que Covilhã dejó de aportar nombres a la lista de “personalidades ilustres” que elabora la Wikipedia. Los últimos covillanenses que aparecen en ella son los hermanos Faleiro, dos cosmógrafos del siglo XVI que colaboraron estrechamente con Fernando de Magallanes. Pero esto puede cambiar en los próximos años si Paulo Gonçalves, un vecino de este antiguo castro lusitano reconvertido en ciudad de provincias, consigue su objetivo: crear una suerte de macroestado ibérico para que España, Andorra y Portugal vuelvan a tener peso en el mundo.

Desde movimientos independentistas que buscan la secesión o la reanexión con otros países hasta otros regionalistas

La Policía ha detenido a un hombre en la localidad de Igualada (Barcelona) por amenazar de muerte al líder de Ciudadanos, Albert Rivera.

Cada vez que la justicia condena a los nacionalistas por corruptos es casi inevitable recordar aquellas palabras que, desde el balcón de la Generalitat y a propósito de la querella que interpuso Carlos Jiménez Villarejo, a la sazón fiscal general del Estado, contra ex dirigentes de Banca Catalana, Jordi Pujol arrojó hace más de treinta años a una masa enfebrecida de patrioterismo: “El Gobierno central ha hecho una jugada indigna. A partir de ahora, cuando alguien hable de ética, de moral o de juego limpio, hablaremos nosotros, no ellos”.

En Madrid no me creen, pero también Pilar Rahola es lúcida… ¡en todo lo que no atañe a su nación! La mayoría de nacionalistas catalanes sacan todo su romanticismo en las urnas, y dejan el seny para los negocios y la vida. Entre tanto, van viviendo libres aunque por dentro se sientan muy oprimidos.

Quizá no sea el mejor momento para plantearse estas cuestiones, pero el primer día del año nos incita a mirar, con esperanza o desánimo, hacia el futuro.

Cataluña ante el espejo. ¿Qué imagen devolverá ese espejo después de 5 años de procés? ¿Qué puede construirse después del mismo?

Cataluña ante el espejo. ¿Qué imagen devolverá ese espejo después de 5 años de procés? ¿Qué puede construirse después del mismo?


El Gobierno francés de Emmanuel Macron ha mostrado su disposición a dialogar con los nacionalistas corsos, que obtuvieron una gran victoria en las elecciones regionales de este domingo, con vistas a la puesta en marcha del nuevo entramado institucional de la isla que abre la vía a un estatuto de autonomía.

La xenofobia y el narcisismo tuvieron un papel trascendente en la votación del Brexit, refrendado por la población británica el 23 de junio de 2016, según un estudio publicado por la revista científica Frontiers in Psycology publicado este lunes.

Este domingo trascendía la noticia de que Rosa María Sardà ha devuelto la Cruz de Sant Jordi, la máxima condecoración que otorga la Generalitat. Como los verdaderos artistas, la catalana le debe poco o nada al poder público, y menos a un poder público que ha abandonado la neutralidad y excluye a los que no comulgan con su plan. Por eso, como remarcó durante la devolución, tampoco quiere que este poder le “dedique una esquela en los periódicos” tras su fallecimiento. No le deben nada.

Uno de los intelectuales que mejor puede explicar lo que le está pasando a la izquierda española, resquebrajada y enfrentada a causa de los sucesos que han ocurrido en los últimos tiempos en Cataluña, es Jaime Pastor (Valencia, 1946). Por tres mot

Bajo el lema ‘Libertad presos políticos. Somos República’, miles de personas se concentran esta tarde en Barcelona para pedir la libertad de los líderes soberanistas encarcelados desde el pasado 2 de noviembre.

Si el nacionalismo sigue adelante con su idea de suspender o boicotear el alumbrado navideño, la efeméride se verá inexorablemente contaminada por la retahíla de mentiras sobre la que se ha levantado el procés, al modo en que un vertido tóxico contamina el agua de toda una comarca o un gramo de ficción arruina un alijo de verdad.


¿Existe el nacionalismo español? Sí, sin duda. Cuarenta años de dictadura franquista lo enquistó como amenaza latente con ocasionales brotes de bestialidad.

Un alemán acusado de pertenecer al movimiento extremista ‘Ciudadanos del Reich’ –Reichsbürger, en alemán-, que no reconoce a la República alemana, ha sido condenado este lunes a cadena perpetua por el asesinato de un policía en 2016. El tribunal de Nuremberg-Fürth ha sentenciado a Wolfgang Plan, de 50 años, por asesinato, intento de asesinato y heridas corporales graves.

Para desintoxicarme de los nacionalistas catalanes leo a dos catalanes no nacionalistas, trenzados en un libro: el ‘Josep Pla’ de Arcadi Espada (ed. Omega). El libro era inencontrable, pero lo encontró Manuel Arias Maldonado en Palma de Mallorca. Lo trajo a Málaga, me lo prestó, yo me lo llevé a Madrid y de allí a Barcelona para la manifestación del 8 de octubre.


El procés jamás ha sido pacífico, como voceaban sus promotores en una de sus añagazas propagandísticas. Las sesiones parlamentarias de los días 6 y 7 de septiembre, sin ir más lejos, con el silenciamiento de la oposición, el desdén del reglamento y el menosprecio de la más mínima elementalidad democrática evidenciaron una notable carga de violencia institucional, como violento ha sido el achique de espacios que el nacionalismo ha practicado no ya con sus adversarios, sino con el más nimio de los desafectos. Menos simbólicos han sido los ataques que las hordas independentistas han acostumbrado dirigir, con la inexorabilidad de una llovizna, contra las sedes del PP, C’s y PSC.

Como no habían sabido hacerlo mejor, se han sentido forzados a hacer lo que no querían hacer. Lo peor, es que tenían muy buenas razones para no querer hacerlo. Porque el problema de hacer un uso tan extendido de la violencia, incluso de la violencia legítima, es que en estas circunstancias la gente ya no se moviliza para luchar por lo que cree sino por lo que quiere.Y no me refiero a sus valores ni a sus instituciones, que también, sino a sus familias, amigos y amados. En estas circunstancias, la violencia no atemoriza sino que moviliza y demuestra hasta qué punto ninguna “trama de afectos” que constituye una nación o sociedad es superior a la trama de afectos que constituye una familia.

Horas antes del referéndum del 1-O, Andrea Mármol, ciudadana catalana y columnista de elSubjetivo comparte con nosotros su opinión acerca de un proceso que no es completamente sorprendente, ya que se había anunciado “por activa y por pasiva”, pero que aún así logra desconcertarnos en el día a día.