Cultura

Cayetana Álvarez de Toledo: "El marco cultural lo sigue dominando la izquierda porque la derecha no da esa batalla"

Cayetana Álvarez de Toledo inaugura la segunda temporada de The Objective LIVE podcast, presentado por Miguel Ángel Quintana Paz

por Lidia Ramírez

«Una mujer libre, una política incorrecta y una persona de intersecciones que quiso y pudo ser española», así se define Cayetana Álvarez de Toledo, diputada y portavoz del Partido Popular en el Congreso. Lo hace en la segunda temporada de Café vienés, el programa de The Objective LIVE podcast, presentado por Miguel Ángel Quintana Paz, el filósofo de la casa, en una temporada que viene pisando fuerte tras un descanso pandémico.

La diputada, que fue número uno por Barcelona, es una mujer sin pelos en la lengua, habla a calzón quitado, sin tapujos, con la seguridad de quien sabe tener una buena dialéctica y capacidad para confrontar con sus adversarios. Por ello, dice que si fuese invisible haría exactamente lo mismo que sin serlo: «En mi vida no hay zonas de opacidad», asegura.

Álvarez de Toledo acude a los Cines Palafox de Madrid, desde donde se emite Café vienés, con vaqueros azules, blusa roja y ganas de hablar. Al otro lado de la mesa escucha el presentador, Miguel Ángel Quintana Paz, con chaleco, sombrero y suma atención.

La charla comienza versando sobre el orgullo de ser español y los nacionalismos. Apátrida hasta los 18 años, argentina y franco-argentina luego y explícitamente española desde 2007, asegura que hay «muchísimas personas» en España aquejadas de un «profundo doliente autoodio» cuyo fin es «molestar e incordiar a los demás». 

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Miguel Ángel Quintana Paz y Cayetana Álvarez de Toledo conversan sobre identidad y nacionalismos. | Imagen: Leticia Díaz | The Objective

Álvarez de Toledo llegó a este país en 1997 para realizar su tesis doctoral sobre el estudio de la historia de España. El pueblo español se encontraba en una época de inflexión. El concejal del Partido Popular en la localidad vizcaína de Ermua Miguel Ángel Blanco era secuestrado y asesinado días después de la liberación de Ortega Lara. En ese momento la sociedad española era una marea de manos blancas en defensa de la libertad y los derechos humanos. El esfuerzo colectivo se imponía a años de imposición de miedo y odio. Y en este contexto, la también periodista e historiadora aterrizaba en España, confiesa: «Cargada de prejuicios inculcados por el mundo anglosajón».

«Veía a España como la veían los viajeros ingleses, como un país exótico, folclórico y fascinante, pero un poco reñido con la modernidad. Sin embargo, cuando llegué descubrí una joven democracia, pero ejemplar en muchos sentidos y que estaba siendo agredida profundamente por los paladines de la identidad, del nacionalismo y del autoodio», relata. De ahí, asegura, surgió en ella una especie de «reivindicación» de las libertades y del sentido de la justicia en defensa de la España democrática y su voluntad de ser española.

¿Es bueno enorgullecerse de ser español o conviene más bien acarrear como cualquier otro rasgo no especialmente notable de nuestra personalidad? –quiere saber el presentador–.

-El orgullo es un sentimiento que a mí me produce pudor, se vincula con un cierto discurso nacionalista y a mí no me gusta ningún tipo de nacionalismo. Creo que la visión esencialista o identitaria de las naciones es peligrosa. Sí estoy orgullosa de algunas gestas españolas admirables a lo largo de la historia, como la transición democrática o la constitución de Cádiz-

Pero, ¿y Cayetana, está orgullosa de ser Cayetana Álvarez de Toledo? No, dice que no. Y es que la política, que recientemente ha sido demandada por el padre de Pablo Iglesias por llamarle «terrorista», asegura estar orgullosa de algunos hechos, pero no del ser. «A las personas creo que hay que juzgarlas por su conducta y sus actos y no por su identidad», defiende quien para uno de los grandes problemas contemporáneos es que se pretende juzgar a las personas por su ser y no por sus actos. Y aquí, en defensa de este argumento, es ella la que pregunta –y responde–: «¿Con quién tengo más en común yo, con Albert Boadella o con Irene Montero? Si lo que me definen son mis órganos sexuales debería tener más en común con Montero, formar un colectivo con Irene Montero y decir que todas las mujeres pensamos igual, sentimos igual, reflexionamos igual y, por tanto, somos víctimas de los mismos problemas. Pero yo no veo las cosas de esa manera».

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Miguel Ángel Quintana Paz y Cayetana Álvarez de Toledo conversan minutos antes de la entrevista. | Imagen: Leticia Díaz | The Objective

«El culto a la identidad suele acabar con dogmas inquisidores y autos de fe»

Álvarez de Toledo habla claro y directo. Asegura ser una mujer cosmopolita, pero no ese tipo de cosmopolita que se desentiende de los problemas de su comunidad, sino como ese militante al que le interesa lo que pasa más allá de sus fronteras sin querer derribarlas, sin desentenderse de los problemas de su sociedad.

La diputada tiene una visión de las identidades bastante negativa. Ya hace cuatro años escribió un artículo en El Mundo, ‘Contra la identidad’, donde lo dejaba claro.

¿Sigues pensando que todos aquellos que defienden una identidad (nacional, europea, religiosa…), en el fondo, están defendiendo lo que Amin Maalouf llamó «identidades asesinas»? –pregunta Quintana Paz–.

-La identidad es un término peligroso. Siempre acaba reafirmándose por oposición a alguien o algo u otro colectivo. El proceso civilizatorio precisamente es aceptar al diferente y mirar con curiosidad al que está más allá de mi tribu, no encerrarme en mí misma, sino tener voluntad de entendimiento y de comunicación con el distinto y diferente. El culto a la identidad suele acabar con dogmas inquisidores y autos de fe. Lo que nos une como personas cede ante lo que nos diferencia, distingue y enfrenta.

Y aquí, la portavoz del Partido Popular en el Congreso hace alusión al conocido como ‘Manifiesto Harpers’, una misiva publicada en la revista Harper’s por intelectuales de diversas procedencias e ideología, contra la censura y a favor del debate: «Hay muchas personas en la izquierda que están empezando a hartarse y alzar la voz contra la censura de la corrección política que viene definida por las políticas de identidad y la obsesión identitaria. Es muy importante que surja dentro del mundo progresista personas que reivindiquen la defensa de la libertad, de la igualdad, del ciudadano. Lo que estamos viviendo en los últimos días con el movimiento Harpers es una señal de esperanza».

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Imagen: Leticia Díaz | The Objective

«La izquierda domina el debate cultural y la derecha tiende a la tecnocracia»
España es un país eminentemente de izquierdas. El escritor Félix Ovejero comenta a menudo jocoso que, cuando miras las encuestas sobre valores de los españoles, parecemos una comuna hippie. Los principios éticos típicos de la izquierda (solidaridad, tolerancia sexual, igualdad…) suelen vencer a principios más liberales o conservadores.
Normalmente, la estrategia que han abrazado –y abrazan– los partidos de centro y derecha para poder gobernar ante ese panorama ha consistido en adoptar un perfil bajo, es decir, hacer propuestas poco llamativas, presentarse sobre todo como buenos gestores y dejar la cultura en manos de la izquierda. Un método, no obstante, con el cual tampoco le ha ido tan mal a la derecha si tenemos en cuenta sus relativamente recientes mayorías absolutas (2000-2004 y 2011-2015), mientras que el PSOE lleva sin ellas desde 1989. 
En este sentido, Cayetana Álvarez de Toledo reconoce que «el centro derecha ha abandonado la batalla ideológica y muy pocas veces la da». Como consecuencia, admite, el resultado es que  la derecha gobierna «cuando la izquierda lo hace rematadamente mal, y eso es un error que hay que revertir y en lo que hay que trabajar».
¿Por qué crees que la derecha ha caído en la tecnocracia? ¿Cuál crees que es el origen de esta despreocupación por lo intelectivo? –pregunta el filósofo cuando la charla va llegando a su fin.
–Después de 40 años de franquismo la izquierda vuelve con una reivindicación cultural y de tener la razón, y todo lo que está en el espacio de la cultura se asocia al lado de la izquierda, y la derecha acepta sumisa esa premisa de que tiene menos razón y menos capacidad intelectual. El marco cultural lo sigue dominando la izquierda porque la derecha no da esa batalla. El gran reto del PP es darla, porque es ahí cuando generaremos una mayoría cultural.

[Puedes ver la charla completa en alta definición en nuestra sección Podcasts]

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Lidia Ramírez

De la tierra de los cinco Califas. Tras años viviendo en directo en la pequeña pantalla, ahora escribo sobre cambio climático y derechos humanos en The Objective. Siempre a compás.