La clave de la felicidad de Sabina: «Soy feliz estando en mi casa, rodeado de mi mujer, mis libros y mis gatitos»
El cantante ahora vive una vida completa, aunque se ha tenido que enfrentar a distintos retos personales y profesionales

Sabina, en una imagen de archivo. | Gtres
Joaquín Sabina es un hombre feliz. Un sentimiento que se ha incrementado, en los últimos tiempos, después de llegar a su jubilación más que deseada. Ahora, el cantante tiene tiempo para disfrutar de su familia, de su casa, de sus libros y sus canciones. «Mi secreto de la felicidad ahora es no tener que ser joven, ni guapo, ni famoso, ni salir de noche. La felicidad es estar en mi casa, rodeado de mis libros, mi mujer y mis gatitos», comentó en una ocasión.
Para Sabina, la felicidad absoluta es «una cursilería». «Yo prefiero la intensidad. La felicidad es un estado de ánimo que dura lo que dura una canción de tres minutos», apostilló. Y es que parte de su felicidad y de su equilibrio lo atribuye a su pareja, a quien considera su mayor apoyo. «El secreto de mi felicidad tiene nombre: Jimena. Ella me ha salvado de mí mismo. Estar con alguien que te quiere, que te aguanta y que no te pide que seas otro, eso es lo más parecido a la gloria que conozco», añadió. En una entrevista para El País, el cantante confesó que, ahora mismo, su felicidad era despertarse y que no le doliera nada «demasiado».
Cómo es feliz Joaquín Sabina

«El secreto no es buscar la felicidad, sino aprender a disfrutar de la melancolía. Mis mejores canciones han salido de la tristeza, así que si hubiera sido un tipo muy feliz, habría sido un pésimo escritor», explicó un día, poniendo el foco a saber convivir con algunos momentos de amargura. Sabina es un hombre de costumbres de interior. Su felicidad actual reside en su casa de Madrid, que él describe como su búnker. Sus libros son uno de sus mayores refugios; es un bibliófilo empedernido. Se rodea de miles de volúmenes, especialmente de poesía clásica española y literatura latinoamericana. Leer es su actividad favorita por encima de cualquier otra.
Además, también le encanta coleccionar objetos, por lo que suele mostrar su felicidad cuando está rodeado de todos ellos; tanto fotos antiguas, dibujos de amigos y recuerdos de sus viajes que decoran cada rincón de su hogar. Como decíamos, si hay algo que destaca como el motor de su bienestar es su mujer, Jimena Coronado. Ha dicho textualmente que su felicidad es ella y le pone muy contento saber que tiene a su lado a alguien que lo conoce profundamente, que lo cuida sin juzgarlo y que ha sido capaz de poner orden en el caos de su vida anterior.
A diferencia de otros artistas, a Sabina ya no le hace feliz la obligación de ser una estrella, pero sí el oficio de escribir. Le hace feliz encontrar el adjetivo perfecto para un verso o terminar un soneto. Disfruta mucho más del proceso creativo en su mesa que del ruido mediático de los estrenos. Lo mismo sucede con sus amigos, quienes son sagrados. Entre ellos, nos encontramos con Joan Manuel Serrat o el escritor Benjamín Prado o Leiva. Para él, la felicidad es «arreglar el mundo» en una cena privada donde puede ser Joaquín y no el personaje del bombín. Fue hace tiempo cuando Sabina decidió dejar atrás el mundo de la noche y la fiesta. Ahora, es feliz en ese anonimato relativo y la tranquilidad. Ha confesado que le encanta despertarse y saber que no tiene que ir a ninguna oficina, ni tiene un horario que cumplir, más allá de sus propios deseos.
«Mis mejores canciones han salido de la tristeza, así que si hubiera sido un tipo muy feliz»
Disfruta de la melancolía, pero de una melancolía dulce, desde la comodidad de saber que ya ha escrito las canciones que quería escribir. Como buen colchonero, las alegrías —y sufrimientos— de su equipo siguen siendo una fuente de emoción vital que le mantiene conectado con la pasión popular. Fue en 2001 cuando Sabina sufrió un ictus que le dejó tocado. Esto provocó que se quedara «sin ganas de nada». Es más, «no quería ver a nadie, no quería salir de casa, ni siquiera quería escribir». En este periodo compuso el disco Alivio de luto, donde se percibe esa tristeza y ese miedo a la muerte y al deterioro físico. Hubo otra época en la que, también, sobre todo durante los años 90, sintió que el personaje se estaba comiendo a la persona.

Confesó que se sentía obligado a ser el último en irse de los bares porque eso era lo que la gente esperaba de él. Esa presión por mantener la leyenda de canalla le generó mucha ansiedad y una sensación de vacío. A pesar de estar rodeado de gente, Sabina ha hablado de la soledad que sentía al terminar los conciertos en sus años de mayor desenfreno. «La felicidad de los estadios dura lo que dura el concierto. Luego llegas al hotel y el silencio es insoportable», contó en una ocasión. Ese contraste entre el ruido masivo y la soledad del hotel fue una fuente de infelicidad constante durante sus giras más largas.
El apoyo de su mujer y su rutina pensando en su salud
En la última década, Sabina ha sufrido varios episodios de pánico escénico. Sentir que su cuerpo y su voz ya no respondían como antes le causó una gran frustración. La vejez y la pérdida de facultades han sido para él un proceso difícil de aceptar: «Envejecer es una verdadera porquería», ha dicho textualmente. Aunque ahora vive una etapa de paz con Jimena, sus separaciones anteriores —como la de la madre de sus hijas, Isabel Oliart— fueron periodos de mucha culpa y desorden. Sabina ha reconocido que no siempre supo ser un compañero fácil, y ese arrepentimiento ha teñido muchas de sus letras de una tristeza real.

Así, podemos decir que su vida actual es muy tranquila. Sigue viviendo en su piso del centro de Madrid, donde ha encontrado cierta paz. Se despierta tarde y dedica gran parte del día a leer. Es un bibliófilo obsesivo; le hace feliz estar rodeado de sus miles de libros y manuscritos. Su esposa, Jimena Coronado, es el pilar absoluto de su vida. Ella no solo es su pareja, sino su gestora, su protectora y quien pone orden en su mundo. Sabina ha confesado que, sin ella, su vida actual sería un caos o, probablemente, ya no existiría. Juntos llevan una vida tranquila, saliendo poco y seleccionando mucho sus apariciones públicas. Tras sus sustos importantes —como el ictus que mencionamos o su grave caída del escenario en 2020—, Sabina se cuida mucho más.
Actualmente, su vida profesional está marcada por su gira de despedida definitiva. Ha decidido retirarse de los grandes escenarios mientras todavía se siente con fuerzas para dar un espectáculo digno. Una de sus pasiones actuales es dibujar. Pasa horas con sus rotuladores creando cuadernos llenos de figuras, colores y anotaciones, algo que le sirve de terapia visual y que incluso ha llegado a publicar en libros de arte.
