¿Alguna vez fueron amigos? La historia de la ruptura silenciosa entre Espinosa de los Monteros, Abascal y sus respectivas familias
Lo que empezó como una alianza total —política, personal y casi familiar— acabó en una ruptura que ahora vuelve a la actualidad

La relación personal y profesional de Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros | Gtres
Hubo un tiempo en el que Iván Espinosa de los Monteros y Santiago Abascal parecían inseparables. En los pasillos del Congreso, en los mítines, en las comparecencias ante los medios. Uno hablaba y el otro remataba; uno agitaba y el otro explicaba. Durante años, dentro y fuera de Vox, se les vio como un tándem perfectamente engrasado. No era solo estrategia, sino una evidente complicidad política. Pero también —y esto es clave para entender lo que vino después— había algo más.
Un vínculo que iba más allá de la política
Ambos formaban parte del núcleo fundador del partido y compartieron los años difíciles, cuando Vox era poco más que un proyecto sin representación. Abascal ponía la épica; Espinosa, la estructura. El primero conectaba con el votante y el segundo con los despachos. Y durante mucho tiempo, funcionó.

Pero aquella relación no se sostenía solo en la política. Había un elemento menos visible, pero decisivo: el vínculo familiar. En los primeros años de Vox, no se trataba solo de dos dirigentes bien avenidos, sino de dos entornos personales profundamente entrelazados. De hecho, el matrimonio formado por Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio funcionaba como una auténtica unidad de poder: él en el Congreso, ella como figura dominante en Madrid.
Compartían además círculos sociales con Santiago Abascal y su esposa, Lidia Bedman. Cenas, actos, contactos en el barrio de Salamanca y alrededores. Una red donde se mezclaban política, mundo empresarial y relaciones personales. Aquella cercanía entre las dos parejas proyectaba una imagen de unidad total. No solo ideológica, también personal. Para muchos, era la cara más cohesionada del partido. Por eso, cuando todo empezó a romperse, no solo se fracturó una alianza política, sino también su relación personal.
Las primeras grietas de la relación de Espinosa de los Monteros y Abascal
Aunque hacia fuera todo parecía sólido, dentro del partido ya había señales de incomodidad. En 2019, algunas voces internas empezaban a señalar el creciente peso de Espinosa de los Monteros en la organización. Aun así, la maquinaria seguía funcionando. En el Congreso, Espinosa era el rostro institucional, y Abascal, el líder indiscutido. Se complementaban a la perfección, hasta que todo acabó.
El verdadero distanciamiento empezó a tomar forma entre 2022 y principios de 2023. Dentro de Vox comenzaron a ganar influencia perfiles más duros, más centrados en la batalla cultural y en el control interno. Figuras como Jorge Buxadé o Ignacio Garriga fueron ocupando espacio. Y Abascal, poco a poco, se fue alineando con ese nuevo núcleo. Según los analistas, Espinosa representaba otra cosa: un Vox más económico, más institucional y más cercano a un votante de centro-derecha clásico. Eran, pues, dos formas de entender el mismo proyecto, y dos entornos que empezaban a separarse.
El momento en que todo cambia: junio de 2023
Las relaciones, dicen, no se rompen en un día. Pero siempre hay un momento en el que dejan de ser lo que eran. En este caso, ese momento tiene fecha: junio de 2023, cuando se elaboran las listas electorales para las generales del 23J. Dirigentes cercanos a Espinosa desaparecieron o fueron relegados. Nombres importantes de su entorno quedaron fuera. Para muchos, fue una purga silenciosa. Para Espinosa, probablemente, la confirmación de que el proyecto ya no era el mismo. Y, en lo personal, el inicio de un distanciamiento difícil de revertir.

El desenlace llegó pocas semanas después. El 8 de agosto de 2023, Iván Espinosa de los Monteros anunció su dimisión como portavoz de Vox en el Congreso. Habló de motivos personales que le hicieron replantearse su momento vital: «He pasado suficientes noches de hospital con ellos para reflexionar sobre el momento en que me encuentro». Fue una despedida sobria, sin estridencias. Pero hubo un detalle que lo dijo todo: Santiago Abascal no estaba allí. Y en política las ausencias también hablan.
La salida de Rocío Monasterio
Si la ruptura fue política para Espinosa, para Rocío Monasterio fue también personal. Tras la salida de su marido —impulsada por el nuevo equilibrio interno del partido—, la líder de Vox en Madrid quedó en una posición delicada. Seguía siendo una figura clave en la Asamblea, pero ya no formaba parte del núcleo de poder nacional. Su situación se volvió, en cierto modo, imposible.
Por un lado, la lealtad al proyecto. Por otro, la salida de su propio entorno más cercano. La relación con Abascal se enfrió. Las formas se mantuvieron, pero la cercanía desapareció. Finalmente, en 2024 Monasterio puso fin a su etapa en Vox tras más de una década en el núcleo duro del partido, donde llegó a presidir el Comité Ejecutivo Provincial en Madrid.
Cuando el silencio se rompe
Durante más de dos años, no hubo entrevistas ni escándalos, pero en febrero de 2026 Espinosa de los Monteros reapareció. En una entrevista en COPE, dejó una frase que resumía mucho más de lo que parecía. Aseguró que el líder de Vox es ahora «otra persona». Pero fue en una conversación con El Confidencial donde afinó aún más el diagnóstico, con un tono tan frío como revelador: «No es que no lo reconozca yo, es que no lo reconoce nadie de los que le conocíamos hace unos años». Aun así, evitó convertir la ruptura en algo personal: «Para mí ese no es tema».

Para Espinosa, la clave no está en el carácter de Abascal, sino en el rumbo del partido: «El partido va por un camino distinto de aquel que nos propusimos cuando lo empezamos». En esa misma línea, también ha advertido de que muchos votantes de centro-derecha se sienten «huérfanos» y buscan una alternativa que vuelva a ilusionar. Días antes, ya había dejado caer un dardo en redes sociales, tras unas declaraciones de Abascal: «Cuando pasen los años y Santi mire hacia atrás, creo que esta no será la declaración de la que se sienta más orgulloso».
De socios a extraños
En marzo de 2026, el distanciamiento se hizo colectivo. Espinosa de los Monteros se sumó a un grupo de exdirigentes para exigir un congreso interno en Vox, denunciando falta de democracia y concentración de poder. A través de un manifiesto público, los firmantes alertan de lo que consideran una «deriva organizativa, política e ideológica» en la formación en los últimos tiempos. Según adelantó THE OBJECTIVE, la iniciativa —impulsada por el propio ex portavoz parlamentario— cuenta con el respaldo de distintos perfiles críticos con la actual dirección, entre ellos Inés Cañizares, Javier Ortega Smith, Rubén Manso, Rocío Monasterio, Víctor González, Víctor Sánchez del Real, José Ángel Antelo o Ignacio Ansaldo, afiliado número uno del partido.
La ruptura ya no es solo entre dos hombres o dos familias, sino también dentro del partido. Aunque nunca fueron grandes amigos, en el sentido amplio de la palabra, sí que fueron socios inseparables que compartían mucho tiempo juntos, tanto en lo laboral como en lo personal.
