El barrio madrileño donde se refugia Javier Cámara: «Quiero que mis hijos crezcan en el asfalto»
El actor se sienta esta noche en ‘El hormiguero’ para presentar su nueva película junto a Alexandra Jiménez

Javier Cámara, en una imagen de archivo. | Gtres
Javier Cámara se sienta, esta noche, en El hormiguero para hablar de su nuevo proyecto. El reconocido actor acudirá al plató de Pablo Motos junto a Alexandra Jiménez. Lo harán para presentar su nueva película, 53 Domingos, que se estrena en Netflix el próximo 27 de marzo. «Dirigida por Cesc Gay, asistimos a una educada reunión familiar que terminará en una pelea inesperada y divertida que se saldrá de control», explican desde la página web del formato. Esta no es la primera vez que Cámara acude al programa de 7 y acción. Es más, gracias a sus intervenciones, le hemos podido conocer un poco más.
Cámara reside, desde hace tiempo, en el barrio de Malasaña, uno de los más céntricos de la capital, donde reside junto a sus dos hijos, que nacieron por un vientre de alquiler. Allí, Cámara se siente muy cómodo y no le importa el bullicio del asfalto. «Vivo en Malasaña desde hace muchísimos años. Me gusta porque soy el Javier que va a la frutería, el que compra el pan… La gente del barrio me cuida, me ven pasar y ya no soy ‘el actor’, soy el vecino. Ese anonimato es un tesoro», contó en una entrevista en El Mundo.
El barrio donde vive Javier Cámara

Es más, Malasaña lo definió como un lugar con «na energía especial, un punto canalla y cultural que me alimenta. Me gusta bajar a la plaza de las Comendadoras, sentarme a ver pasar a la gente. Es un barrio que se mueve, que cambia, pero que mantiene su esencia de corrala». Algo que no cambió cuando se convirtió en padre. «Me decían: ‘¿Ahora con los niños no te vas a un chalé?’. Y yo decía que no. Quiero que mis hijos crezcan en el asfalto, en el centro, que vean diversidad, que bajen al parque del Conde Duque. Mi casa en Malasaña es mi búnker, pero un búnker con las ventanas abiertas al ruido de Madrid», confesó en A vivir que son dos días, en La Ser.
«A veces me da pena ver cómo cierran las tiendas de toda la vida para poner una franquicia de cereales. Malasaña está perdiendo sus bordes, pero mientras queden los vecinos de siempre, yo me quedo», apostilló. De esta manera, Cámara dejó claro que su intención es la de no marcharse de esta zona de Madrid que tanto le ha cambiado la vida. Javier no nació en una familia de artistas. Su infancia estuvo ligada a la agricultura y a una economía modesta. Recientemente ha confesado que de joven se sentía diferente y que Madrid fue su vía de escape: «Llegar a Madrid fue experimentar la libertad y encontrarme a mí mismo». Estudió en la RESAD (Madrid) y, mientras esperaba su oportunidad, trabajó como acomodador de cine. Su gran salto llegó con la serie ¡Ay, Señor, Señor! y, sobre todo, con el papel de Paco en la mítica 7 vidas, que le dio una popularidad masiva.
«Llegar a Madrid fue experimentar la libertad y encontrarme a mí mismo»

Tiene en su haber dos premios Goya —gracias a Vivir es fácil con los ojos cerrados y Truman—. Ha trabajado con directores internacionales de la talla de Paolo Sorrentino —en The Young Pope y The New Pope junto a Jude Law— e incluso participó en la serie Narcos. Javier es extremadamente discreto, pero en los últimos años ha compartido reflexiones muy humanas sobre su mayor proyecto: sus hijos. En 2017 fue padre de un niño y una niña mediante gestación subrogada en Estados Unidos. «Ser padre me ha hecho muy frágil. La vida es complicada y les estamos dejando una generación más agresiva», confesó, en una ocasión. Javier Cámara no para. Sigue siendo uno de los nombres más solicitados de la industria.
Malasaña es una de las zonas más céntricas y con mejor ubicación de nuestra ciudad. El barrio debe su nombre a Manuela Malasaña, una joven costurera que murió a manos de las tropas napoleónicas durante el levantamiento del 2 de mayo de 1808. Su valentía —y la de muchos vecinos— se conmemora en la Plaza del Dos de Mayo, que es el verdadero salón de casa de todos los malasañeros. En los años 80, Malasaña fue el laboratorio de libertad de la España postdictadura.

Malasaña es un barrio para caminarlo sin prisa. Es el sitio donde puedes cruzarte con una estrella de cine como Javier Cámara comprando naranjas, un estudiante de diseño con pelo azul y una señora de 80 años que lleva viviendo en la misma corrala toda la vida.
