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António Costa: el político Duracell

El dirigente socialista y primer ministro estaba bastante harto de tener que depender del apoyo de la izquierda de la izquierda: lo ha conseguido

António Costa: el político Duracell

El primer ministro portugués, António Costa. | Reuters

Fue el diario lisboeta Público quien lo bautizó como «el político Duracell» por su resistencia y duración como las famosas pilas con ese nombre. Lleva casi cuatro décadas en la política activa. El socialista António Costa (São Sebastião de Pedreira, 1961) es el político de moda en las cancillerías europeas tras vencer el pasado domingo en las elecciones legislativas anticipadas en Portugal ganadas sorprendentemente por mayoría absoluta. El líder del PS y primer ministro desde 2015 decidió ir a los comicios después de que sus aliados, el Bloco de Esquerda además de comunistas y verdes, votaran, el pasado diciembre, en contra del presupuesto al exigir más reivindicaciones en materia sanitaria y salarial. Con ese gesto se ponía fin a la llamada gerinconça, esa alianza de izquierdas que funcionaba cada vez con más dificultad. Nació tras las elecciones de hace siete años ganadas por Pedro Passos Coelho, líder del Partido Socialdemócrata (PDS, conservador), cuyo gobierno minoritario, el más breve en la historia de la democracia del país, cayó en menos de un mes tras una moción de censura presentada por Costa y sus aliados. Nadie apostó por que la fórmula resistiría.

El dirigente socialista y primer ministro estaba bastante harto de tener que depender del apoyo de la izquierda de la izquierda. Ya en los comicios de 2019, ganados también en minoría por el PS, decidió constituir un gobierno monocolor con el respaldo externo de los de la gerinconça y confiaba poder agotar la legislatura en un momento delicado por la crisis pandémica y gestionar los fondos europeos de recuperación postcovid. A Portugal le corresponden 16,6 mil millones de euros.

A los portugueses no les agrada demasiado ser dirigidos por gobiernos de amplia mayoría. Sin embargo, esta vez parece que han preferido ante todo votar por la estabilidad. Las encuestas pronosticaban la victoria de Costa frente a Rui Rio, el candidato del PSD, pero no en esas dimensiones (41,6% -27,8%). El primer ministro ya ha manifestado que «una mayoría absoluta no significa un poder absoluto». Costa pretende dialogar con todos, pero con la voluntad de sacar adelante el programa de su partido: desarrollo de una economía digital y verde, la gestión de los fondos europeos durante los próximos tres años, una rebaja tributaria a las clases menos favorecidas, reformas laborales, una inyección de 700 millones de euros para la sanidad y un referéndum sobre la regionalización del país. 

La situación económica ha mejorado desde que Portugal salió y pagó el rescate financiero europeo con Costa ya en el poder: la previsión de crecimiento para este año es de 5,8 %, el desempleo no llega al 6% y el déficit fiscal está equilibrado, pero la deuda pública se ha disparado hasta un 135% del PIB tras la crisis del coronavirus. La pandemia ha agravado todavía más la brecha social y el empobrecimiento alcanza a una quinta parte de la población. Nuestro vecino tiene además un problema serio de envejecimiento de la población, unos salarios muy bajos, el encarecimiento de la vivienda, un tejido industrial anticuado y con el turismo como su principal fuente de ingreso. Sin embargo, es un país de moda para extranjeros acomodados que obtienen fácilmente la residencia con la compra de una propiedad.

Los grandes derrotados de estos comicios están a la derecha y a la izquierda de los socialistas. Principalmente los conservadores de Rui Rio. El antiguo alcalde de Oporto ya ha anunciado que dimite como líder del PSD. El revés ha supuesto el ascenso de la extrema derecha, que criticó el apoyo que los conservadores dieron a las políticas de Costa durante la pandemia. Chega (Basta, en español), con un 7,15%, se convierte en la tercera fuerza parlamentaria y su líder, André Ventura, ya ha anunciado que será el azote del nuevo Ejecutivo.

Costa, abogado de formación y de origen indio y ex alcalde de Lisboa (2007-2015), anunció que se retiraría de la política nacional en el caso de no ganar estos comicios. Algunos analistas locales especulaban con la posibilidad de que aspirara a dirigir una institución internacional. Convirtió las elecciones en una apuesta sobre todo personal al sentirse traicionado por el Bloco y los comunistas tras el gesto de éstos de no apoyar los presupuestos para el presente ejercicio. Lo consideró como una irresponsabilidad política y probablemente el electorado así lo ha visto y le ha dado carta blanca.

El primer ministro tiene excelentes relaciones con el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, pese a ser éste del PSD. Rebelo de Sousa, que fue reelegido el año pasado por mayoría absoluta en primera vuelta, goza de gran carisma popular. Costa apoyó su reelección pese a que los socialistas presentaron su propio candidato.

Los comentaristas portugueses describen al «doctor», como así se le conoce, como un individuo con doble cara. En lo político es pragmático y dialogante, con gran capacidad para tejer acuerdos y alianzas. Así quedó demostrado en 2015 cuando  sacó adelante la amplia coalición con los radicales de izquierda, algo que parecía impensable, y pudo completar la legislatura sin sobresaltos. Sin embargo, en lo personal pasa por ser muy emocional y con prontos de mal genio, que en ocasiones no puede dominar. Durante los pavorosos incendios que asolaron el centro del país en 2017 y que causaron más 60 muertos, estuvo a punto de llegar a las manos con un hombre que le recriminó estar de vacaciones mientras el país ardía.

Sus relaciones con Pedro Sánchez son muy estrechas. En realidad, el presidente español fue el primero en felicitarle. Los socialistas españoles no ocultan su satisfacción, pero son prudentes al ser preguntados si lo sucedido hace una semana en el país ibérico puede tener una traslación directa en el medio plazo en España. No faltan señales de que el PSOE está cada vez más cansado de gobernar en coalición con Unidas Podemos porque no lo considera un socio demasiado fiable. Sin embargo, no tienen de momento otra alternativa a menos que pretendan gobernar en minoría con el apoyo externo de podemitas y nacionalistas vascos y catalanes. El Bloco sería el equivalente de Podemos. Su coordinadora, Catarina Martins, es una de las grandes derrotadas en las elecciones de hace una semana y no es improbable que dimita. La formación ha pasado de 19 diputados a sólo cinco y es el cuarto grupo en la Asamblea Nacional por detrás de Chega y su líder, André Ventura, cuya política asemeja al Vox de Santiago Abascal. En cualquier caso, Costa parece tener más talla política que Sánchez, aunque en cuanto a poca ortodoxia y pragmatismo recuerda a su colega español.

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