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Internacional

Péter Magyar, el antiguo aliado de Orbán que amenaza con quitarle el poder tras 16 años

El opositor húngaro propone reparar la relación con la Unión Europea y llega fuerte en los sondeos para las elecciones

Péter Magyar, el antiguo aliado de Orbán que amenaza con quitarle el poder tras 16 años

Péter Magyar, líder de Tisza y opositor de Orbán. | Marton Monus (Reuters)

Péter Magyar ha pasado de formar parte del entorno político de Viktor Orbán a convertirse en la amenaza más seria para el primer ministro húngaro en las elecciones legislativas que Hungría celebra este 12 de abril. Al frente de Tisza (Respeto y Libertad), ha logrado abrir una grieta en un sistema que durante 16 años ha estado dominado por Fidesz, el partido nacionalista y conservador liderado por Orbán. Magyar, de 45 años, no procede sin embargo de la oposición, sino del propio aparato del poder: hizo su carrera política en Fidesz y ocupó cargos hasta 2024. Ahora ha construido su ascenso sobre un discurso anticorrupción, de recuperación económica y de normalización de la relación con la Unión Europea, muy deteriorada el Ejecutivo húngaro.

Las elecciones no se juegan solo en clave nacional, sino que pueden transformar el posicionamiento internacional de Hungría. Orbán ha bloqueado decisiones comunitarias, lo cual ha tensado la relación con Bruselas y ha estrechado lazos con Rusia. El actual primer ministro ha recibido respaldo tanto del entorno de Donald Trump como del Kremlin, algo que refuerza el peso geopolítico de la votación.

Magyar, abogado y diputado en el Parlamento Europeo, ha ganado mucho apoyo por cómo ha abordado la situación de constantes tensiones entre Hungría y la UE. No se ha presentado como un candidato de Bruselas, pero sí como un dirigente capaz de reparar una relación dañada y desbloquear fondos congelados. Su equipo ha defendido que Tisza es un partido «prohúngaro» que quiere defender los intereses nacionales dentro de la Unión, no en guerra permanente con ella. Esa fórmula le ha permitido disputar el espacio conservador sin asumir el coste de aparecer como una prolongación de las instituciones comunitarias.

El líder de Tisza se desmarca de algunas posiciones de Bruselas, no ha prometido revertir la oposición húngara a la adhesión de Ucrania a la UE, tampoco se ha alineado con una ruptura inmediata con la dependencia energética rusa y su grupo ha tenido roces incluso con el Partido Popular Europeo en la Eurocámara. Su proyecto no busca desmontar el marco conservador del país, sino reordenarlo: menos confrontación con Bruselas, más eficacia institucional y una política exterior menos tóxica para los intereses húngaros.

Péter Magyar se incorporó a Fidesz en 2002, cuando el partido estaba en la oposición. Con la llegada de Orbán al poder, en 2010, trabajó en la representación permanente de Hungría ante la UE y después ocupó cargos ligados al Estado y al entorno gubernamental. Su ex mujer era ministra de Justicia. Se formó, pues, dentro del universo político que ahora combate. Esa condición de antiguo insider le ha dado un valor añadido ante parte del electorado, puesto que se presenta como alguien que conoce los mecanismos internos del sistema y que, precisamente por eso, puede denunciar mejor su deriva.

La ruptura con Fidesz

Magyar rompió con su partido hace dos años, al calor de un escándalo que sacudió al Gobierno. La crisis estalló cuando se supo que la presidenta húngara, Katalin Novák, había indultado a un hombre acusado de encubrir abusos sexuales en un hogar infantil. Novák dimitió y con ella la ministra de Justicia, Judit Varga, exmujer de Magyar, que había respaldado la operación.

El político renunció a todos sus cargos y comenzó una campaña de denuncia contra la «corrupción masiva» del Gobierno de Orban. Fue una operación política de alto impacto. Sus mítines comenzaron a congregar de inmediato a centenares de miles de personas. Ese año, 2024, se unió a Tisza, una fuerza marginal, y se presentó a las elecciones al Parlamento Europeo. Tisza obtuvo siete de los 21 escaños húngaros y se situó a solo tres de Fidesz. Desde entonces, el partido ha funcionado como una extensión casi personal de Magyar, algo que le ha dado rapidez de crecimiento, pero también ha alimentado la idea de que Tisza es una estructura dependiente de su líder.

Ni las disputas con su exmujer (él la acusó de manipular documentos y ella a él de maltrato) ni la difusión de un vídeo sexual con una exnovia, grabado sin su consentimiento, han hecho mella en su creciente popularidad.

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Ventaja real, pero no victoria asegurada

En la recta final, las encuestas independientes colocan a Tisza por delante, aunque con diferencias según el instituto. El sondeo más reciente citado por Reuters, elaborado por IDEA y publicado el pasado 9 de abril, otorga a Tisza el 50% frente al 37% de Fidesz entre aquellos que tienen decidido el voto. El 21 Research Institute dio a Tisza un 56% frente al 37% de Fidesz entre votantes decididos, y un 40% frente al 28% en población general. Závecz Research situó a la formación de Magyar en el 51% frente al 38% entre los decididos, y en 39% frente a 31% en el conjunto del electorado. Medián, por su parte, registró una de las ventajas más amplias: 58% para Tisza frente a 35% para Fidesz entre votantes con preferencia de partido, y 40% a 33% en población general.

La proyección más impactante ha sido precisamente la de Medián, ya que según ese cálculo, basado en cinco sondeos recientes y en una muestra total de 5.000 entrevistas, Tisza podría obtener entre 138 y 142 escaños de los 199 del Parlamento, por encima de los 133 necesarios para alcanzar la mayoría de dos tercios. Fidesz se movería entre 49 y 55 escaños, mientras que la extrema derecha de Nuestra Patria obtendría cinco o seis. Una supermayoría permitiría a Magyar tocar la Constitución y las leyes cardinales que Orbán ha utilizado durante años para blindar su sistema.

La elección del domingo no enfrenta solo a dos partidos, sino a dos formas diferentes de entender el futuro del país. Orbán la ha planteado como una disyuntiva entre «guerra o paz» y ha insistido en que la oposición arrastraría a Hungría hacia el conflicto en Ucrania. Magyar, en cambio, ha pedido un «cambio de régimen» y ha advertido en campaña de que esta es la «última oportunidad» para evitar que el país derive hacia un «Estado títere ruso».

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