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Las Golondrinas de Santa Cristina, una exclusiva finca de ojeo de perdices

Desde su fundación, hace 50 años por parte de Fernando Díaz de Bustamante, han cazado en el coto 12 familias reales

Las Golondrinas de Santa Cristina, una exclusiva finca de ojeo de perdices

Fernando Díaz de Bustamante, propietario de Las Golondrinas de Santa Cristina, posa en el armero de la finca. | Javier Salas

El equipo de Classpaper, la revista referente de las grandes publicaciones de Estilo de Vida, Cultura y Lujo en España, ha visitado Las Golondrinas de Santa Cristina, una excepcional finca destinada al uso cinegético presidida hoy día por un magnífico edificio de 2.000 metros cuadrados. Tanto las estancias comunes como las 12 habitaciones para los huéspedes están impecablemente decoradas con muebles, alfombras y obras de arte patrimonio de sus propietarios, que las convierten en acogedores espacios con las comodidades que puede ofrecer un establecimiento del más alto nivel.

Desde 1974 esta organización goza de un gran prestigio entre cazadores de todo el mundo. La hospitalidad es seña de la casa, que recibe de un modo familiar pero profesionalizado. Los vinos y las comidas están supervisados por un titulado Cordon Bleu. Dos mayordomos y siete personas de servicio se encargan de atender a un máximo de 24 huéspedes. También Fernando Díaz de Bustamante, el anfitrión, y su hijo los acompañan durante las cacerías, aunque en otros momentos como las comidas o cenas «prefiero dejarles que estén a su aire, procuro estar sin estar» explica, además de abogar por «tomarnos muy en serio el respeto máximo a las formas tradicionales de cazar y al medio ambiente, conservándolo y mejorándolo en lo posible». 

La mayor parte del coto, del que la publicación ha fotografiado un completo recorrido, es terreno adehesado pero muy ondulado, que parece haber sido moldeado para la caza de la perdiz, por sus numerosos barrancos, que otorgan a los pájaros la capacidad de volar alto. Los ríos Tamuja y Gibranzos serpentean por el plano y a la vez sirven como decorado en muchos de los 50 ojeos diferentes que hay marcados. «A los extranjeros les gusta que las perdices vuelen muy alto, mientras que por lo general, los españoles prefieren un vuelo más bajo. En la zona oeste se encuentran lo que llamamos los llanos, un terreno donde el pájaro coge menos altura», indica Díaz de Bustamante. 

En total, se dedican a la perdiz 5.000 hectáreas, en las que se distribuyen los diferentes puestos de ojeo, construidos sin pantallas que impidan a los cazadores ser vistos por los pájaros. El entorno natural, sin estropear durante siglos, el encanto de sus gentes –secretarios, ojeadores, etcétera–, el clima, el ambiente campechano y familiar… Son aspectos que Díaz de Bustamante destaca como grandes responsables de que, hoy por hoy, España sea uno de los destinos favoritos de la mayoría de los cazadores de ojeo internacionales

Descubra todas sus posibilidades cinegéticas, la hospitalidad que ofrece al cazador y las magníficas imágenes exclusivas, en el número 4 de Classpaper, la cabecera extraordinaria para quienes admiran lo extraordinario. El Número de Primavera de Classpaper se puede adquirir a través de la web www.classpaper.es. También está disponible en kioscos y librerías seleccionados.

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