Esta es la razón por la que te duele todo el cuerpo cuando tienes gripe o resfriado
Si la afectación de estas enfermedades es un virus que ataca al sistema respiratorio, ¿a qué se deben estos dolores?

Un hombre resfriado en la cama. | ©Freepik
Te despiertas en mitad de la noche con la garganta reseca y la nariz completamente congestionada. Intentas respirar por la boca, pero un leve picor en la garganta te obliga a toser. Cada golpe de tos te sacude el pecho como un pequeño terremoto, y un escalofrío recorre tu espalda. Te cubres mejor con el edredón, pero no consigues entrar en calor. Sientes que tu cuerpo entero ha perdido la batalla contra algo invisible. Sin embargo, no está todo dicho y sabes que un incipiente dolor a causa de la gripe te va a postrar.
Por la mañana, cada movimiento es un esfuerzo titánico. Al bajar de la cama, notas las piernas pesadas y torpes, como si hubieras corrido un maratón la víspera. Tus brazos, tu espalda e incluso tus manos duelen sin un motivo aparente. No recuerdas haber hecho ejercicio el día anterior, pero la fatiga es real. Te diriges al espejo y ves tus ojos enrojecidos, tu nariz hinchada y el rastro inequívoco de una noche de sueño interrumpido por la congestión y los estornudos.
Con la cabeza embotada y la sensación de que cualquier esfuerzo es excesivo, te desplomas en el sofá buscando paz. No tienes fiebre alta, pero tu cuerpo te pide descanso. Recuerdas la última vez que tuviste gripe y cómo el malestar fue aún más intenso. Entonces, ¿por qué con estas enfermedades, que afectan principalmente a las vías respiratorias, el dolor se extiende a cada rincón de tu cuerpo? La respuesta está en la biología de la infección.
Gripe o resfriado: ¿cuándo es cada cosa?
Cuando el frío se instala y aparecen los primeros síntomas, es fácil confundir una gripe con un resfriado. Ambas son infecciones virales que afectan al sistema respiratorio, pero su intensidad y duración marcan la diferencia. El resfriado común suele estar causado por rinovirus y otros virus similares, mientras que la gripe es provocada por el virus de la influenza. Aunque ambas enfermedades se contagian por el aire y a través del contacto con superficies contaminadas, la gripe es más agresiva y tiende a producir síntomas más severos.

El resfriado se manifiesta con congestión nasal, estornudos, picor de garganta y tos leve. No suele provocar fiebre alta y, en general, te permite seguir con tu rutina diaria, aunque con molestias. Por otro lado, la gripe aparece de forma más brusca y con un impacto mayor en el organismo. Fiebre alta, escalofríos, dolor de cabeza, tos intensa y, sobre todo, una sensación de agotamiento extremo son sus características principales. Además, la gripe puede durar más de una semana y dejar secuelas de cansancio durante varios días más.
El reposo es fundamental en ambos casos, pero especialmente en la gripe, que requiere más tiempo para la recuperación. Mientras que un resfriado puede superarse en pocos días con hidratación y descanso, la gripe puede obligarte a guardar cama durante una semana. Por eso, diferenciar ambas enfermedades es clave para saber qué esperar y cómo afrontarlas sin forzar el cuerpo antes de tiempo. También comprender qué no debemos hacer cuando estás malo, como ya te contamos en THE OBJECTIVE.
Por qué te duele todo el cuerpo con estas enfermedades
Aunque la gripe y el resfriado afectan principalmente a las vías respiratorias, su impacto se extiende mucho más allá. Uno de los síntomas más molestos, sobre todo en el caso de la gripe, es el dolor muscular y articular. Sentir que cada movimiento cuesta y que hasta los huesos duelen no es una exageración: es una reacción natural del cuerpo ante la infección. Algo que explican desde la Universidad Pablo de Olavide.
El dolor que se produce en la gripe se debe a la respuesta del sistema inmunológico. Cuando un virus entra en el organismo, tu sistema de defensa libera sustancias como las citocinas y las prostaglandinas, encargadas de generar inflamación para combatir la infección. Estas mismas sustancias, sin embargo, provocan una sensación de dolor en músculos y articulaciones, similar a la que experimentas tras un esfuerzo físico intenso. Por tanto, hablamos de un efecto secundario del proceso de recuperación.
Para aliviar estas molestias, los analgésicos como el paracetamol o el ibuprofeno pueden ser útiles, siempre que los tomes con moderación y siguiendo las indicaciones médicas. Sin embargo, el verdadero alivio llega con el descanso y la hidratación. Tu cuerpo necesita tiempo para combatir la infección y cualquier intento de forzarlo solo prolongará el malestar. Así que, cuando la gripe o el resfriado atacan, lo mejor que puedes hacer es escuchar a tu cuerpo y darle el descanso que pide.