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Hasta cuatro veces más que las dietas: el efecto rebote del medicamento adelgazante

No incluir cambios en los hábitos de vida supone dejar pasar los beneficios que esta medicación puede tener

Hasta cuatro veces más que las dietas: el efecto rebote del medicamento adelgazante

Varios viales de Ozempic. | ©Flickr.

Desde hace unos años, los medicamentos adelgazantes ocupan un lugar privilegiado en las conversaciones sobre salud y estética. Fármacos como el semaglutida, la tirzepatida o la liraglutida han irrumpido con fuerza en el mercado prometiendo resultados espectaculares en poco tiempo. La industria farmacéutica parecía haber encontrado por fin la solución definitiva para combatir la obesidad. Los medios de comunicación se hicieron eco de testimonios de famosos que perdían peso de forma casi milagrosa, Nombres como Ozempic, Mounjaro o Wegovy se han colado en nuestras vidas a una velocidad vértigo. Las consultas médicas se llenaron de pacientes solicitando estas recetas. El sueño de adelgazar sin sufrir parecía al alcance de una simple inyección semanal.

Sin embargo, la obesidad es un problema que trasciende con creces la cuestión estética En las sociedades desarrolladas, el exceso de peso se ha convertido en una auténtica emergencia sociosanitaria. No solo por lo que implica en sí mismo, sino por todas las patologías asociadas: diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño, ciertos tipos de cáncer. El origen de esta epidemia está en los profundos cambios experimentados en nuestros hábitos de vida durante las últimas décadas. El sedentarismo, la alimentación ultraprocesada y el estrés crónico conforman un cóctel devastador para nuestra salud metabólica. Temas de los que hemos hablado a menudo en THE OBJECTIVE.

Ahora, un nuevo estudio viene a cuestionar la eficacia a largo plazo de estos tratamientos farmacológicos. La investigación ha demostrado que los medicamentos adelgazantes también provocan efecto rebote tras su interrupción. Lo más llamativo es que esta recuperación del peso perdido puede ser hasta cuatro veces mayor que la observada tras abandonar una dieta convencional. El hallazgo obliga a replantear las expectativas depositadas en estos fármacos. La panacea, una vez más, resulta tener letra pequeña.

Estudiando el efecto rebote del medicamento adelgazante

Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford, liderado por Sam West, ha llevado a cabo esta exhaustiva revisión sistemática publicada en enero de 2026. El trabajo analizó 37 estudios previos con más de 9.300 participantes que habían utilizado distintos fármacos para perder peso. La duración media de los tratamientos fue de 39 semanas, con un seguimiento posterior de 32 semanas tras el abandono de la medicación. Los participantes habían empleado semaglutida, tirzepatida, liraglutida, orlistat y otros principios activos bajo supervisión médica. Todos ellos habían conseguido pérdidas de peso significativas durante el período de medicación. La cuestión era qué ocurría cuando dejaban de tomar los fármacos.

Los resultados fueron contundentes y preocupantes a partes iguales. La tasa media de recuperación de peso tras abandonar cualquier medicamento fue de 0,4 kilogramos mensuales. En los primeros doce meses tras suspender el tratamiento, las personas recuperaron una media de 4,8 kilogramos con cualquier fármaco. Quienes usaron los medicamentos más recientes y efectivos, semaglutida y tirzepatida, recuperaron 9,9 kilogramos en ese mismo período. Los investigadores proyectan un retorno al peso inicial en aproximadamente 1,7 años tras el cese del tratamiento. En comparación, tras abandonar programas de dieta y ejercicio, el retorno al peso inicial lleva casi cuatro años.

Más allá del peso, el estudio revela que los beneficios sobre la salud cardiovascular y metabólica también se revierten. Los efectos positivos sobre el colesterol, los triglicéridos, la glucosa en ayunas y la presión arterial desaparecen progresivamente. Todos estos marcadores regresan a sus valores iniciales en aproximadamente 1,4 años tras abandonar la medicación. Adam Collins, profesor de Nutrición en la Universidad de Surrey, ofrece una explicación: proporcionar artificialmente niveles de GLP-1 muy superiores a lo normal puede hacer que el cuerpo produzca menos de forma natural. Cuando se retira el fármaco, el apetito deja de estar controlado y comer en exceso se vuelve mucho más probable.

El efecto rebote: un problema recurrente ante la pérdida de peso

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El metaanálisis hace hincapié en una realidad evidente: sin cambios en los hábitos, la medicación no es la panacea. ©Freepik.

El efecto rebote no es un fenómeno exclusivo de los medicamentos adelgazantes ni tampoco de las dietas. Se trata de un problema estructural que afecta a cualquier estrategia centrada únicamente en la pérdida de peso. La raíz del problema está en la búsqueda obsesiva de soluciones rápidas y milagrosas. Queremos adelgazar sin esfuerzo y mantener los resultados de forma indefinida. Pretendemos que una pastilla o una dieta de moda resuelvan lo que hemos construido durante años. Ese planteamiento está condenado al fracaso desde el principio.

Lo que este estudio confirma es que sin un cambio profundo en los hábitos de vida, ningún tratamiento es 100% eficaz para ofrecer resultados duraderos. Una sorpresa del análisis es que los programas de apoyo conductual durante el tratamiento con medicamentos no redujeron la velocidad de recuperación posterior. El fármaco hace el trabajo tan bien que las personas nunca aprenden a controlar su propio apetito. Cuando la medicación desaparece, no tienen herramientas para hacerlo. Los medicamentos pueden ser útiles dentro de un abordaje integral, pero no como sustitutos de cambios reales en el estilo de vida.

Con las dietas sucede exactamente lo mismo. Aquellas que se plantean exclusivamente desde la perspectiva de perder kilos están abocadas al fracaso. No basta con restringir calorías durante unas semanas para luego volver a los hábitos anteriores. Qi Sun, profesor de la Universidad de Harvard, es muy claro en un editorial que también se publicó en British Medical Journal junto al estudio: los medicamentos no deberían considerarse como balas mágicas para tratar la obesidad. Las prácticas dietéticas y de estilo de vida saludables deben seguir siendo la base del tratamiento, con los fármacos usados como complementos, no como sustitutos. El peso corporal es el resultado de un sistema complejo donde intervienen múltiples factores.

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