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Patricia Ramírez (54), psicóloga: «Aprender a renunciar es clave para alcanzar el bienestar»

Una estrategia de bienestar que permite disfrutar plenamente de lo que se tiene y vivir con menos estrés y más satisfacción

Patricia Ramírez (54), psicóloga: «Aprender a renunciar es clave para alcanzar el bienestar»

Patricia Ramírez | Cedida

Patricia Ramírez, una de las mejores psicólogas en España, sostiene que aprender a renunciar es una habilidad esencial para alcanzar el bienestar. En un mundo saturado de estímulos y compromisos, donde cada día parece ofrecer nuevas oportunidades y planes irresistibles, saber decir “no” se convierte en un acto de autocuidado. Como ella misma afirma, «El poder de renunciar es un tema complejo. Por un lado, tenemos que decir que no, porque no podemos involucrarnos en todo».

Ramírez explica que la vida moderna nos bombardea con opciones atractivas, especialmente a través de la tecnología. Cada notificación, cada propuesta de ocio o cada recomendación de redes sociales parece urgente: «Cinco cafeterías veganas que han abierto en tu ciudad, los tres mojitos en los rooftops de Barcelona que no te puedes perder, tres escapadas a la Sierra de Cazorla que tampoco te puedes perder, y tú ahí en tu casa friendo croquetas diciendo: ‘¿por qué estoy perdiendo mi vida?’». Frente a este torrente de posibilidades, la sensación de frustración por no poder abarcarlo todo se vuelve inevitable. Para Ramírez, este escenario subraya la necesidad de renunciar: «Es fundamental porque si quieres estar en todos esos planes atractivos, además de sentir una frustración tremenda, no te caben realmente en el día».

Renunciar a lo innecesario para vivir mejor

Renunciar, según la psicóloga, no se limita a grandes decisiones de ocio. También implica evaluar y soltar pequeñas tareas cotidianas que creemos imprescindibles, pero que no lo son tanto. «Tenemos que renunciar a cosas que hacemos durante el día, que no son tan importantes, aunque pensemos que sí. Por ejemplo, planchar los trapos de la cocina o las toallas, dedicar tres horas a las redes sociales, mirar el menú de los niños en el cole para no repetir lentejas por la noche… si un día repites lentejas, tampoco pasa nada». Estas actividades se vuelven simbólicas de un intento de control que en realidad genera más estrés que seguridad.

Aceptar lo que no se puede controlar

Patricia Ramírez señala que muchas personas se aferran al control y al perfeccionismo, pensando que allí reside la estabilidad: «Hay gente súper controladora porque piensa que ahí está la seguridad, pero hay una parte de la vida que no podemos controlar». Aprender a renunciar implica aceptar que la vida está llena de elementos fuera de nuestro alcance y, en consecuencia, delegar responsabilidades y establecer límites claros. Decir “no” no es un acto de egoísmo, sino de coherencia con nuestras prioridades y valores: «Si digo sí a ese plan, no podré hacer deporte por la mañana, y para mí salir a correr es fundamental para estar bien durante el día. Se trata de tomar decisiones en función de lo que queremos con la vida».

Aprender a perderse cosas sin culpa

El verdadero desafío, según Ramírez, es aceptar la pérdida como parte del bienestar: «Tenemos que aprender a perdernos cosas también, porque todo no se puede, y pensar que no pasa nada, que no son tan importantes». Renunciar se convierte en un acto liberador, que permite concentrarse en lo realmente significativo. La psicóloga propone una filosofía de vida centrada en la simplicidad: disfrutar de la casa, de la familia, de un libro o de una taza de té. Lo demás, como salidas, planes o nuevas experiencias, se transforma en un regalo añadido, no en una obligación que genere ansiedad. «La clave está en poder vivir una vida sencilla, en la que tú, en tu hogar, estés a gusto. Con eso, todo lo demás que venga es un regalo: un día una mesa redonda, otro día la escapada que pueda hacer, o una cafetería nueva que pueda probar».

El verdadereo lujo, una vida sencilla

Priorizar sobre acumular experiencias

El mensaje de Patricia Ramírez es claro: aprender a renunciar no es resignarse, sino priorizar. En un contexto de hiperconexión y estímulos constantes, la capacidad de decir “no” se vuelve indispensable para mantener el equilibrio emocional. No se trata de aislarse o de renunciar a la vida social, sino de elegir conscientemente dónde invertir tiempo y energía, reconociendo que no todo tiene la misma relevancia.

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