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Ana Ibáñez (44), neurocientífica: «Tú entrenas a tu cerebro si te fuerzas a tener un lenguaje positivo contigo mismo»

El bienestar no es un estado que sucede por casualidad, sino la consecuencia de las decisiones que tomamos cada día

Ana Ibáñez (44), neurocientífica: «Tú entrenas a tu cerebro si te fuerzas a tener un lenguaje positivo contigo mismo»

Mujer feliz | Canva pro

En una sociedad marcada por la hiperconectividad, la sobreestimulación constante y la atención fragmentada, la neurocientífica Ana Ibáñez lanza un mensaje claro, no existen soluciones mágicas para sentirse bien. Ibáñez insiste en que el bienestar emocional no se alcanza a través de trucos rápidos ni de supuestos «hackeos cerebrales», sino mediante la comprensión profunda de cómo funciona el cerebro y la asunción de responsabilidad sobre la propia vida. «Tu entrenas a tu cerebro si te fuerzas a tener un lenguaje positivo contigo mismo», afirma. No se trata de autoengaño ni de frases vacías, sino de entender que el diálogo interno moldea literalmente la estructura cerebral. La neurociencia ha demostrado que el cerebro es plástico y se adapta a los patrones de pensamiento que repetimos a diario, reforzando circuitos neuronales asociados a la motivación o, por el contrario, al estrés y la negatividad.

El impacto del lenguaje interno en el cerebro

Según explica Ibáñez, la forma en la que una persona se habla a sí misma tiene un impacto directo en su energía mental y emocional. Pensamientos recurrentes de exigencia extrema, culpa o frustración activan respuestas de estrés sostenidas en el tiempo. En cambio, un lenguaje interno más amable y consciente favorece estados emocionales más estables y una mayor capacidad de acción. Esta visión está respaldada por estudios científicos en psicología cognitiva que demuestran que la reformulación del pensamiento, conocida como reestructuración cognitiva o cognitive reappraisal, mejora la regulación emocional. Ensayos clínicos publicados en revistas científicas como National Library of Medicine han comprobado que, durante la terapia cognitivo conductual, los pacientes que aprenden a reinterpretar sus pensamientos negativos no solo regulan mejor sus emociones, sino que también reducen significativamente síntomas como la ansiedad, lo que explica por qué el lenguaje interno es una de las herramientas centrales de este enfoque terapéutico.

Ibáñez sitúa parte del malestar contemporáneo en el uso excesivo de la tecnología. «Si tienes tu vida tapada de tecnología, de horas de estar en redes sociales, de la atención dividida en mil sitios, no hay manera», explica. La afirmación no es una opinión aislada. Investigaciones recientes como la de El uso de las redes sociales y su impacto en la salud mental y el bienestar de los adultos: una revisión exploratoria publicada en National Library of Medicine asocian el consumo intensivo de redes sociales con mayores niveles de ansiedad, dificultad para concentrarse y una menor sensación de bienestar. La neurocientífica señala que no se pueden esperar cambios profundos si se mantienen los mismos hábitos. «No puedes lograr cosas diferentes haciendo lo mismo», resume. Vivir permanentemente pendiente del teléfono fragmenta la atención y dificulta la conexión con experiencias que realmente generan satisfacción y sentido.

Excesivo uso de tecnología

No hay varita mágica, hay responsabilidad personal

Uno de los puntos clave de su discurso es desmontar la idea de soluciones inmediatas. «Yo no tengo una varita mágica», insiste. Tampoco cree en la promesa de sentirse bien aplicando dos trucos mentales. Para Ibáñez, lo que sí existe es la posibilidad de empezar a entender cómo funciona nuestra energía y qué estamos viviendo de verdad. Ese proceso implica hacerse preguntas incómodas. ¿Cómo te quieres sentir?, ¿con alegría, con energía, con curiosidad? Lejos de ser reflexiones abstractas, estas cuestiones obligan a la persona a posicionarse y a asumir que el bienestar requiere decisiones concretas y sostenidas en el tiempo.

Ibáñez propone mirar al pasado con intención. «¿Te acuerdas de algún momento en el que te sentiste como si te comieras el mundo?», plantea. A partir de ahí, invita a identificar qué estaba ocurriendo en ese momento, con quién se compartía el tiempo, qué actividades estaban presentes y si el teléfono ocupaba un papel central o secundario. Este ejercicio tiene respaldo científico. Recordar experiencias positivas activa circuitos neuronales similares a los que se activaron al vivirlas, lo que puede mejorar el estado de ánimo y aumentar la motivación. Además, permite identificar patrones, situaciones y contextos que favorecen emociones expansivas.

Mujer feliz

Decidir cómo vivir en lugar de renunciar a todo

La neurocientífica no aboga por eliminar por completo las redes sociales ni por demonizar la tecnología. Su planteamiento es más realista. No se trata de renunciar, sino de decidir. Si una persona quiere vivir con más energía, presencia y curiosidad, tendrá que modificar algo para hacer espacio a eso que le hace bien. El mensaje de Ana Ibáñez conecta con una corriente creciente en divulgación científica y salud mental, entender el bienestar como el resultado de elecciones cotidianas. Dormir mejor, reducir la multitarea, cuidar el lenguaje interno y priorizar experiencias significativas no garantizan una vida perfecta, pero sí una vida más alineada.

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