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Marian Rojas (42), psiquiatra: «Cuidar la mente también es aprender a tolerar el silencio, el aburrimiento y la incomodidad»

Nos estamos volviendo una sociedad que evita la quietud porque nos enfrenta a nuestras propias emociones

Marian Rojas (42), psiquiatra: «Cuidar la mente también es aprender a tolerar el silencio, el aburrimiento y la incomodidad»

Una mujer aburrida | Canva pro

La sensación de cansancio se ha convertido en un mal colectivo. Se repite en conversaciones cotidianas, en consultas médicas y en los estudios sobre salud mental que alertan de un aumento sostenido del estrés y la ansiedad. Sin embargo, para la psiquiatra Marian Rojas, el agotamiento que muchos dicen sentir no siempre tiene que ver con una falta real de energía, sino con un fenómeno más silencioso y profundo: la anestesia emocional provocada por el exceso de estímulos.

Según Rojas, «Muchas veces no estamos cansados, estamos anestesiados. Anestesiamos la mente con azúcar, con el scroll infinito, con vídeos que no terminan, con ruido constante. No porque seamos débiles, sino porque nos cuesta parar y escuchar lo que sentimos». La especialista añade además que: «El problema no es el estímulo en sí, sino usarlo para no pensar, no sentir y no enfrentarnos a lo que duele. Y cuando la mente se acostumbra a anestesiarse, pierde la capacidad de gestionar el malestar». Para Rojas, cuidar la mente implica aprender a convivir con lo incómodo: «Cuidar la mente también es aprender a tolerar el silencio, el aburrimiento y la incomodidad. Ahí empieza, muchas veces, la verdadera calma».

La ciencia detrás de la anestesia mental

La advertencia de la psiquiatra no surge en el vacío. La neurociencia lleva años señalando que la exposición constante a recompensas rápidas, desde el azúcar hasta el consumo compulsivo de contenidos digitales, altera los circuitos de la dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la motivación. Estudios publicados en revistas como Nature Neuroscience apuntan a que el cerebro, cuando se acostumbra a estímulos inmediatos, reduce su tolerancia al esfuerzo y al vacío, lo que genera una sensación de hastío permanente que se confunde con cansancio.

En paralelo, la Organización Mundial de la Salud ha subrayado que los trastornos de ansiedad y depresión aumentan en contextos de hiperconectividad y falta de descanso mental. No se trata solo de dormir poco, sino de no dejar espacio a la mente para procesar emociones sin distracciones. La idea de anestesia que plantea Rojas conecta con un diagnóstico más amplio: una sociedad que huye del silencio porque el silencio obliga a mirarse por dentro.

Aprender a convivir con el malestar

El scroll infinito, al que alude la psiquiatra, se ha convertido en un símbolo de esta dinámica. «Plataformas diseñadas para no terminar nunca ofrecen una sucesión constante de estímulos que mantienen nuestra atención secuestrada, dice Rojas. Cuando el móvil se apaga y llega el vacío, aparece la incomodidad, y con ella la necesidad de volver a encender la pantalla».

Aburrimiento como terapia para el bienestar

«El problema no es consumir contenidos, ni disfrutar de un dulce, ni buscar entretenimiento asegura, sino utilizarlos como estrategia sistemática para no sentir». Esta idea coincide con enfoques terapéuticos como la terapia de aceptación y compromiso, que subraya la importancia de aprender a convivir con emociones desagradables sin evitarlas de forma constante. Evitar el malestar puede aliviar a corto plazo, pero a medio y largo plazo debilita la resiliencia psicológica.

La calma que surge del silencio

En un contexto en el que el autocuidado se ha popularizado hasta convertirse en un eslogan, la propuesta de tolerar el aburrimiento y la incomodidad suena casi contracultural. Sin embargo, diversos expertos en psicología como Patricia Ramírez o Rafael Santandreu muestran que entrenar la atención plena y permitir espacios de quietud mejora la salud mental, reduce el estrés y aumenta la sensación de bienestar. No es casual que cada vez más programas de prevención incluyan prácticas de silencio consciente y desconexión digital. «Cuanto más estímulo tenemos, menos capaces somos de descansar de verdad, concluye Marian Rojas. Frente a la huida constante, la clave está en parar, sentir y aceptar. En esa renuncia momentánea al ruido puede estar la calma más profunda y duradera».

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